El Papa pide a los religiosos usar «las rodillas y el corazón» para custodiar «la vida interior» - Alfa y Omega

El Papa pide a los religiosos usar «las rodillas y el corazón» para custodiar «la vida interior»

En la XXVIII Jornada Mundial de la Vida Consagrada, Francisco les ha advertido sobre el peligro de adaptarse «al estilo del mundo»

Redacción
El Papa en la XXVIII Jornada Mundial de la Vida Consagrada
El Papa en la XXVIII Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Foto: CNS.

En la tarde del 2 de febrero, el Papa ha presidido en la basílica de San Pedro una Misa con motivo de la Presentación del Señor y la XXVIII Jornada Mundial de la Vida Consagrada. En su homilía, ha puesto como ejemplo para los religiosos a Siméon y Ana, dos personas que dedicaron su vida a la oración aguardando al Mesías. «Nos hace bien mirar a estos dos ancianos pacientes en la espera, vigilantes en el espíritu y perseverantes en la oración», ha reivindicado Francisco.

En su sermón, el Pontífice ha recalcado que, aunque estos dos personajes del Evangelio eran «de edad avanzada», tenían «la juventud del corazón». No se dejaban «consumir por los días que pasan porque sus ojos permanecen fijos en Dios, en la espera». A lo que ha añadido: «No jubilaron la esperanza».

El Papa ha propuesto a los consagrados reflexionar sobre si «somos todavía capaces de vivir la espera». «¿No estamos a veces demasiado atrapados en nosotros mismos, en las cosas y en los ritmos intensos de cada día, hasta el punto de olvidarnos de Dios que siempre viene?», les ha preguntado. Y les ha advertido de estar demasiado pendientes de las «muchas cosas que hacer» en vez de «la búsqueda cotidiana del Señor».

Francisco ha identificado dos «obstáculos» por los que «a veces hemos perdido esta capacidad de esperar». El primero es «descuidar la vida interior», es decir, «dejar prevalecer el cansancio sobre el asombro y dejar que la costumbre sustituya al entusiasmo». Ello lleva a «resentirnos por las experiencias negativas, los conflictos o los frutos, que parecen retrasarse». Les ha señalado que «no es bueno masticar amargura, porque en una familia religiosa, como en cualquier comunidad y familia, las personas amargadas y con «cara sombría» hacen pesado el ambiente». Como remedio, ha propuesto «recuperar la gracia perdida» a través de «las rodillas y del corazón, con la oración concreta que combate e intercede».

El segundo obstáculo del que Francisco ha prevenido a los consagrados es «la adaptación al estilo del mundo, que acaba ocupando el lugar del Evangelio». A su juicio, esta tentación a menudo lleva a «buscar exorcizar los miedos y las ansiedades de la vida en los templos paganos del consumismo o en la búsqueda de diversión a toda costa». Como solución, los ha invitado a «que cada día se cuiden de que el espíritu del mundo no entre en nuestras comunidades religiosas, en la vida de la Iglesia y en el camino de cada uno de nosotros, pues de lo contrario no daremos fruto».