El Papa invita a imitar esta forma de actuar del Señor

El Papa invita en la audiencia a imitar esta forma de actuar del Señor

Durante la catequesis, León XIV ha habla de la importancia del cuerpo de Jesús y ha invitado a copiar esta forma de actuar del Señor

José Calderero de Aldecoa
Foto: EFE / EPA / Ettore Ferrari.

«Lo que nos salva y nos convoca no son solo la muerte y la resurrección de Jesús, sino su persona misma». Es la principal conclusión que ha planteado este miércoles 21 de enero el Papa León XIV en su catequesis de la audiencia general. De esta forma, el Pontífice ha destacado del Señor su encarnación: «nace, sana, enseña, sufre, muere, resucita y permanece entre nosotros».

Es una idea que ya ha transmitido varias veces el Santo Padre. Ya en otra audiencia, en el mes de octubre, invitó a descubrir a Cristo en la cotidianidad: «comer, trabajar, esperar, cuidar de la casa, apoyar a un amigo» son cuestiones que pueden convertirse en gracia. «Cada gesto realizado en gratitud y comunión anticipa el reino de Dios».

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¿Qué forma de actuar hay que imitar?

De esta forma, «para honrar la grandeza de la Encarnación, no basta con considerar a Jesús como el canal de transmisión de verdades intelectuales», ha explicado el Papa. «Si Jesús tiene un cuerpo real, la comunicación de la verdad de Dios se realiza en ese cuerpo, con su manera propia de percibir y sentir la realidad, con su manera de habitar el mundo y de atravesarlo».

Así, el mismo Jesús «nos invita a compartir su mirada sobre la realidad». Y esta, según ha señalada León XIV a través de un versículo bíblico, es de confianza en el Señor: «Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y, sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos?»

Dios y la encarnación

La reflexión del Pontífice ha partido de la idea de que, «en Cristo, Dios se nos ha comunicado a sí mismo y, al mismo tiempo, nos ha manifestado nuestra verdadera identidad de hijos, creados a imagen de Verbo». Así, «Jesucristo es el lugar en el cual reconocemos la verdad de Dios Padre, mientras nos descubrimos conocidos por Él como hijos en el Hijo, llamados al mismo destino de vida plena».

Por todo ello, tenemos «la certeza de que nada podrá separarnos del amor de Dios», porque «hemos sido creados a imagen del Verbo», ha reiterado. «Él es el Verbo encarnado que habita entre los seres humanos». Y «si Dios está con nosotros», escribe san Pablo, «¿quién estará contra nosotros? El que no escatimó a su propio Hijo, ¿no nos concederá con él toda clase de favores?»

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