El Papa insiste en pedir unidad a Europa, para «seguir adelante como hermanos»

Por segunda vez en poco más de una semana, Francisco ha insistido en pedir por Europa, aprovechando la fiesta de santa Catalina de Siena, doctora de la Iglesia y copatrona de Europa. También ha prevenido en contra de escudarse en la expresión «todos somos pecadores» para evadirnos de la conciencia de pecado y no distinguir las tinieblas de la luz

Alfa y Omega
Foto: VaticanMedia

Por segunda vez en poco más de una semana, Francisco ha insistido en pedir por Europa, aprovechando la fiesta de santa Catalina de Siena, doctora de la Iglesia y copatrona de Europa. También ha prevenido en contra de escudarse en la expresión «todos somos pecadores» para evadirnos de la conciencia de pecado y no distinguir las tinieblas de la luz

En el día de santa Catalina de Siena, doctora de la Iglesia y copatrona de Europa, el Papa Francisco ha insistido este miércoles en pedir al Señor por la unidad en Europa. Por esta intención ha ofrecido la Misa en Casa Santa Marta, rogando que «todos juntos podamos seguir adelante como hermanos».

Se trata de una de las preocupaciones recurrentes del Santo Padre. Hace solo una semana, el miércoles 22 de abril, ofreció la Misa por la misma intención. En esa ocasión, pidió que «en este tiempo, en el cual es necesaria tanta unidad entre nosotros, entre las naciones, Europa logre tener esa unidad fraterna que soñaron [sus] padres fundadores».

Al ser fiesta la memoria de santa Catalina, las lecturas de la Misa del día interrumpían el ciclo de los días anteriores. Francisco ha resaltado el contraste que hace san Juan en su primera carta entre luz y tinieblas. «O una cosa o la otra: el gris es aún peor, porque te hace creer que estás caminando en la luz. Es muy traicionero».

En este sentido, el Papa ha criticado que se diga «”todos somos pecadores” como quien dice “buenos días”, una cosa habitual, incluso social». Esto nos impide tener una verdadera conciencia de pecado, como «una forma de decir que estamos sin pecado». «No: soy pecador por esto, esto, esto. La concreción de la verdad», que contrasta con lo etéreo de las mentiras. «No puedes ir a confesar tus pecados de forma abstracta».

El Papa ha puesto de ejemplo a los niños, que cuando se confiesan «no dicen cosas extrañas, en el aire; dicen cosas concretas. A veces demasiado», como aquel –ha recordado bromeando– que le explicitó incluso dónde le había dicho a su tía que se fuera. «Era un niño de gran cultura geográfica». Ha compartido también otra carta de un niño llamado Andrea, que recibió hace pocos días. Le reprochaba que invitara a los pocos asistentes a la Eucaristía a darse la paz. Sin saber que simplemente intercambian un gesto de saludo en la distancia, el pequeño le decía: «No puedes decir eso porque con la pandemia no podemos tocarnos».

Esta sencillez, libertad, concreción y humildad ha permitido a Francisco enlazar con el Evangelio del día, en el que Jesús alaba al Padre por haber ocultado los secretos del Reino a los sabios y entendidos y habérselos revelado a la gente sencilla.

A modo de conclusión, el Pontífice ha invitado a pedir a Dios esa gracia y esa sencillez, la sabiduría de la concreción. «Porque el diablo quiere que vivamos en la tibieza, tibios, en el gris: ni bueno ni malo, ni blanco ni negro: gris. Una vida que no complace al Señor».

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