El Papa: «El amor es el adorno más hermoso», no los cánones que el mundo impone
Ha celebrado la Misa por la solemnidad de la Asunción en Castel Gandolfo. «Nuestra verdadera belleza no consiste en ocultar los signos del tiempo que pasa», ha explicado
Un verano más, el Papa León XIV ha elegido celebrar la solemnidad de la Asunción de María en la parroquia pontificia de Santo Tomás de Villanueva, en Castel Gandolfo. El templo es una obra de arte diseñada en el siglo XVII por el propio Bernini. Se confió entonces los padres agustinos quienes, a principios del siglo XX, se la pasaron a los salesianos. Estos la gestionan hasta nuestros días, por eso, el rector mayor de los salesianos, Fabio Attard, ha concelebrado con el Papa.
La belleza y la pureza del alma
Como León XIV celebró también el año pasado la solmenidad de la Asunción en esta parroquia, ha comenzado su homilía confesando «su gran alegría» por haber regresado a esa parroquia.
En su homilía, ha reflexionado sobre dónde reside la verdadera belleza de una persona. Primero, ha explicado que María siempre ha sido representada por el arte como una joven hermosa, incluso hasta el final de sus días. Sin embargo, la realidad es que el cuerpo envejece y este paso de los años es visible. Entonces, se ha preguntado el Papa: «¿Qué tenemos en común con la joven maravillosa que encontramos pintada en nuestros retablos?». León XIV ha destacado que lo importante es la pureza del alma. Si algo nos enseña la glorificación de María en alma y cuerpo es que «nuestra verdadera belleza no consiste en ocultar los signos del tiempo que pasa, sino en mostrar también en nuestra carne los signos del amor que no tiene fin».
Revisar cánones estéticos
Por ello, el Pontífice ha invitado «revisar muchos de los cánones estéticos, predominantemente de tipo hedonista y consumista, que el mundo nos impone, y que corren el riesgo de aprisionarnos en condicionamientos pesados, haciéndonos desperdiciar energías valiosas en lo que no es realmente importante ni dura para siempre».
Porque hay personas con un rostro envejecido, pero que reflejan serenidad y paz, mientras que otras son atractivas, pero frías. De este modo, ha dicho León, «es fácil entender dónde está la verdadera belleza y dónde, en cambio, hay todavía necesidad de conversión, perdón y curación».
El Papa ha señalado que la belleza divina que nos rodea puede estar en las arrugas de un anciano o en la frescura de un niño. Lo que hemos de hacer es «escuchar las historias de amor únicas que cada una de estas realidades nos cuenta, reconociéndolas como pequeños destellos en el cielo».
«El amor es el ornamento más hermoso del hombre: el amor que transfigura, transforma, ennoblece y lleva a lo alto; que nos hace ligeros, libres, cercanos a Dios, incluso a través de los altibajos de la vida», ha sentenciado el Papa.
La Asunción en los hermanos
León XVI ha asegurado que no debemos buscar lejos el misterio de la Asunción, porque podemos encontrarlo en todos aquellos «que contribuyen a llevar un poco de Cielo sobre la tierra y la tierra hacia el Cielo». Estos son los padres que se desgastan por los hijos, los abuelos que cuidan de los nietos o quienes obran con fe y dedicación. En esos rostros, ha dicho el Papa, se puede encontrar el de la misma Virgen, único y bellísimo, pero familiar gracias a aquellos que viven con fe.
«En su humanidad santa, por gracia de Dios, está también la nuestra, estamos llamados a vivir su misma plenitud de vida y a compartir su misma gloria», ha concluido el Papa.