El Papa educador - Alfa y Omega

León XIV se le ilumina el rostro cuando habla de educación. Hijo de dos educadores, Robert Prevost fue profesor de las materias de matemáticas y física, y lo considera como parte de su identidad.

En muy pocos meses, su magisterio papal sumaba ya valiosos textos sobre ello e incluía la proclamación de san John Henry Newman como doctor de la Iglesia y su nombramiento de copatrono de los educadores, junto con santo Tomás de Aquino. Ese interés por la educación le lleva a presentar con frecuencia a Jesús como Maestro y a subrayar que «las Bienaventuranzas no son una enseñanza más, son la enseñanza por excelencia. Del mismo modo, el Señor Jesús no es uno más entre tantos maestros sino el Maestro por excelencia» (homilía del 1 de noviembre de 2025).

Para León XIV los tres grandes retos del mundo educativo son la educación en la vida interior, más necesaria que nunca en estos tiempos de superficialidad y dispersión; la educación digital, cuya extrema debilidad frente a los algoritmos de las gigantescas empresas de las redes permite la confusión informativa de jóvenes y adultos; y, finalmente, la educación para la paz en un mundo en que demasiados políticos crispan a los ciudadanos y demasiados autócratas inician guerras o bombardeos en otros países. Vale la pena leer su carta apostólica del 11 de diciembre de 2025 sobre la importancia de la arqueología cristiana, pues una de nuestras carencias es la falta de perspectiva histórica. Y tener presente lo que había urgido el 22 de noviembre a un congreso de educadores en Madrid: promover «la integración entre la fe y la razón. No son polos opuestos, sino caminos complementarios para comprender la realidad, formar el carácter y cultivar la inteligencia». La síntesis ideal.