El Papa clausura la Puerta Santa: «Después de este año, ¿seremos más capaces de reconocer en el diferente a un compañero de viaje?»
Al inicio de la Misa de la Epifanía, el Santo Padre ha realizado el rito del cierre de la Puerta Santa de la basílica vaticana y con ello ha clausurado el Jubileo 2025 dedicado a la esperanza
«En los regalos de los Magos vemos lo que cada uno de nosotros puede poner en común, lo que ya no se puede guardar para sí mismo, sino compartir, para que Jesús crezca entre nosotros». Esta ha sido la invitación de León XIV en su alocución previa al rezo de la oración mariana del ángelus de este martes, 6 de enero, solemnidad de la Epifanía del Señor.
La Epifanía, ha recordado el Papa, hace posible la alegría incluso en tiempos difíciles. La palabra «epifanía» significa «manifestación», y nuestra alegría nace de un misterio que ya no se encuentra oculto.
El Santo Padre también ha indicado que arrodillarnos como los magos ante el Niño significa confesar que hemos encontrado la verdadera humanidad, en la que resplandece la gloria de Dios.
Los magos presentan al Niño Jesús unos regalos preciosos: oro, incienso y mirra. No parecen cosas útiles para un niño, pero expresan una intención que nos hace reflexionar mucho al llegar al final del año santo: da mucho quien lo da todo. «No sabemos qué poseían los Magos, venidos de Oriente, pero su viaje, el arriesgarse, sus propios dones nos sugieren que todo, realmente todo lo que somos y poseemos, reclama ser ofrecido a Jesús, tesoro inestimable».

Después de rezar la oración mariana del ángelus, ha recordado que en Italia se celebra el Día de la Infancia Misionera. Ha agradecido a los niños que rezan y se comprometen a ayudar a los más desfavorecidos.
También ha deseado una feliz Navidad a las comunidades eclesiales de Oriente que siguen el calendario juliano y que este 7 de enero celebran la Natividad.
Cierre de la Puerta Santa
«El Niño que los Magos adoran es un bien que no tiene precio ni medida. Es la Epifanía de la gratuidad. No nos espera en los lugares prestigiosos, sino en las realidades humildes», ha dicho León XIV en su homilía en la Santa Misa que ha presidido en la basílica de San Pedro, en la solemnidad de la Epifanía del Señor. Al inicio de la celebración eucarística, el Santo Padre ha realizado el rito del cierre de la Puerta Santa de la basílica vaticana y con ello ha clausurado el Jubileo Ordinario de 2025, dedicado a la esperanza.
En este fin del año santo, el Papa León ha manifestado su preocupación por «la búsqueda espiritual de nuestros contemporáneos», que es mucho más rica de lo que quizá podamos comprender. Y también se ha preguntado «quiénes eran y qué les movía» a esos innumerables hombres y mujeres, peregrinos de esperanza, que se han puesto en camino en este año de gracia.

«Millones de ellos han atravesado el umbral de la Iglesia. ¿Qué es lo que han encontrado? ¿Qué corazones, qué atención, qué reciprocidad?». Los magos, ha constatado, «aún existen. Son personas que aceptan el desafío de arriesgar cada uno su propio viaje; que en un mundo complicado como el nuestro —en muchos aspectos excluyente y peligroso— sienten la exigencia de ponerse en camino, en búsqueda».
Y en esa búsqueda del hombre, el Pontífice ha recordado que «el Evangelio lleva a la Iglesia a no temer este dinamismo, sino a valorarlo y a orientarlo hacia el Dios que lo suscita». Lugares santos «como las catedrales, las basílicas y los santuarios, convertidos en meta de peregrinación jubilar, deben difundir el perfume de la vida, la señal indeleble de que otro mundo ha comenzado».
Se puede volver a empezar
«El Jubileo ha venido a recordarnos que se puede volver a empezar; es más, que estamos aún en los comienzos, que el Señor quiere crecer entre nosotros», ha catequizado el Papa. «Dios cuestiona el orden existente; tiene sueños que inspira también hoy a sus profetas; está decidido a rescatarnos de antiguas y nuevas esclavitudes; en sus obras de misericordia, en las maravillas de su justicia, involucra a jóvenes y ancianos, a pobres y ricos, a hombres y mujeres, a santos y pecadores».
A nuestro alrededor, ha añadido, «una economía deformada intenta sacar provecho de todo. Lo vemos: el mercado transforma en negocios incluso la sed humana de buscar, de viajar y de recomenzar».
«Preguntémonos: ¿nos ha educado el Jubileo a huir de este tipo de eficiencia que reduce cualquier cosa a producto y al ser humano a consumidor? Después de este año, ¿seremos más capaces de reconocer en el visitante a un peregrino, en el desconocido a un buscador, en el lejano a un vecino, en el diferente a un compañero de viaje?».
Asimismo, el Santo Padre ha subrayado que el Niño que los Magos adoran es un bien que no tiene precio ni medida. Es la Epifanía de la gratuidad. No nos espera en los lugares prestigiosos, sino en las realidades humildes. «Cuántas ciudades, cuántas comunidades necesitan que se les diga: «Ciertamente, no eres la menor»».
El Papa ha concluido recordando que «si no reducimos nuestras iglesias a monumentos, si nuestras comunidades se convierten en hogares, si rechazamos unidos los halagos de los poderosos, entonces seremos la generación de la aurora».