El nuncio en Siria se jubila con 80 años: «Me pidieron seguir», contó en 2022 a Alfa y Omega

El nuncio en Siria se jubila con 80 años: «Me pidieron seguir», contó en 2022 a Alfa y Omega

Mario Zenari ha sido nuncio en Siria 17 años, de ellos más de 13 en guerra. Francisco lo creó cardenal en una decisión sorprendente y fue quien impuso el palio a León XIV

María Martínez López
El nuncio en Siria impone el palio a León XIV durante la Misa de inicio de pontificado. Foto: CNS / Kendall McLaren.
Zenari impone el palio a León XIV durante la Misa de inicio de pontificado. Foto: CNS / Kendall McLaren.

Desde este lunes, el Papa no tiene embajador ante Damasco. León XIV ha aceptado la renuncia del cardenal Mario Zenari, nuncio en Siria, que hace unas semanas cumplía 80 años. Es decir, ha estado en un país en guerra cinco años más de la fecha que tendría que haber sido de su jubilación. En noviembre de 2022, se sinceraba con Alfa y Omega sobre esta cuestión.

«Yo debería ser ya emérito desde hace dos años, por haber alcanzado el límite de edad», reconocía para la serie de entrevistas a cardenales Rojo sangre. «Pero a la vista de la complicada situación en la que todavía se encuentra Siria me pidieron seguir con mi servicio». De hecho, también se había convertido en decano del cuerpo diplomático en Damasco; no por edad, sino por ser el embajador que más tiempo llevaba en el país.

En efecto, el Vaticano fue uno de los pocos Estados que no cerró su representación diplomática en Siria con la guerra. «Mantener la nunciatura abierta y operativa fue una decisión obvia que nunca nos replanteamos», contaba. De hecho, «generalmente la Santa Sede mantiene abiertas sus representaciones incluso en circunstancias difíciles similares a esta». 

El nuncio en Siria en 2022 con un antiguo colaborador. Foto cedida por Mario Zenari.
El cardenal en 2022 con un antiguo colaborador. Foto cedida por Mario Zenari.

«Un nuncio militar»

Él mismo había sido testigo del arranque de conflictos en Costa de Marfil y en Sri Lanka. Y nunca «me he replanteado mi misión y el puesto que ocupo. Siento que estoy donde el Señor me quiere», decía el entonces nuncio en Siria, donde ha estado un total de 17 años. Incluso bromeaba afirmando que «me considero ya un nuncio militar».

Aunque le quitara importancia, su determinación no pasó desapercibida. En 2016, el Papa Francisco lo creó cardenal, en una decisión sorprendente. «No sé si en la historia moderna de las nunciaturas apostólicas, es decir desde el año 1500, ha habido alguna vez un nuncio cardenal», admitía. En la primera entrevista tras conocerse su nombramiento, dijo que «con la púrpura, símbolo de la sangre, ha honrado la sangre de tantos niños sirios víctimas de este cruel conflicto». 

Otro reconocimiento a su singular papel se produjo durante el cambio de pontificado. Después de participar en el cónclave, el nuncio en Siria fue elegido para imponer a León XIV el palio en la Misa de inicio de pontificado.

Su sueño, ser párroco de pueblo

Todo ello, a pesar de que su sueño al entrar en el seminario, relataba a esta publicación, era «ser párroco, posiblemente en una zona rural». Entrar en la diplomacia vaticana fue decisión de su obispo. Él obedeció pero «no tenía ni idea de qué implicaba este servicio».

Antes de nuncio, fue entre 1994 y 1999 observador permanente de la Santa Sede ante la ONU y diversos organismos internacionales. Una labor que definía como «del todo particular. Son el cruce de caminos de los problemas del mundo y es muy importante la presencia de la Santa Sede». 

Supone ser «realmente una Iglesia en salida. La Iglesia católica y la Santa Sede se encuentran dentro de la gran familia de las naciones, para convivir y tratar de resolver los graves problemas y expectativas del mundo». Pero reconocía que «con frecuencia he encontrado mucho respeto y atención».

La caída del régimen

Sobre su labor como nuncio en Siria, explicaba que «mi principal misión es estar cerca de la gente que sufre» y «sostener y organizar la ayuda humanitaria», incluso «si a veces no se puede hacer gran cosa. Visito, en particular, a las comunidades cristianas». Uno de los momentos más impactantes, compartía, fue ver en el hospital a una niña de 9 años, Laurine, a la que «el día anterior le habían tenido que amputar las dos piernas».

Otra de sus tareas era «mantener informado al Santo Padre y a sus colaboradores más estrechos y ver qué iniciativas se pueden emprender para poner fin a la guerra, promover la paz y reconstruir el país». Como resultado, visitó al entonces presidente Bashar al Asad en diciembre de 2016. En otras ocasiones, se dirigió a embajadores ante la Santa Sede para «llamar la atención de la comunidad internacional sobre el deterioro de la situación humanitaria».

El nuncio en Siria entrega a Al Asad una carta del Papa en 2016. Foto: CNS.
El nuncio en Siria entrega a Al Asad una carta del Papa en 2016. Foto: CNS.

Sus últimos meses en Siria han estado marcados precisamente por la caída del régimen de Al Asad y la toma del poder por grupos rebeldes encabezados por el grupo yihadista Hayat Tahrir al Sham (HTS). Un nuevo reto para la Iglesia y para su labor. 

En esa ocasión, explicó a Vatican News que «los rebeldes se reunieron inmediatamente, en los primeros días, con los obispos de Alepo, asegurándoles que respetarán las distintas confesiones religiosas y respetarán a los cristianos. Esperamos que cumplan esta promesa y que avancemos hacia la reconciliación», reclamaba.

Al mismo tiempo, expresaba su deseo de que «la comunidad internacional también responda, tal vez aboliendo las sanciones, porque son una carga que pesa mucho, especialmente sobre los pobres. Quiero esperar que poco a poco se vayan eliminando».