Saad, de Tánger, mira a la península. Las ceutíes quieren «una frontera segura» - Alfa y Omega

Saad, de Tánger, mira a la península. Las ceutíes quieren «una frontera segura»

Saad llegó de Tánger el 30 de julio y vive en una chabola en la playa. A pocos kilómetros, dos ceutíes que llevan toda su vida en la ciudad piden recuperar la «normalidad»

María Serrano
Saad
Saad. Foto: María Serrano.

Las tiendas asoman por la playa hasta donde alcanza la vista. Más allá, el estrecho de Gibraltar, grandes barcos mercantes y, después, la promesa: la península ibérica. Pero en la playa del Trampolín la vida aparece suspendida, como lleva más de un mes para los cerca de 3.000 migrantes africanos que han levantado entre jirones cimientos endebles de dignidad después de la entrada masiva del 30 de julio. Saad aparece con la mezcla perfecta entre timidez y arrojo. Con una gran sonrisa, chapurrea español, se pasa sin querer al francés y se disculpa al terminar en darija. Va cargado con un enorme bulto, un edredón y una almohada que da pena mirar. «Es para mi hermano», explica.

Se abre paso entre las chabolas saludando a quienes se han convertido ya en compañeros de penurias, pero también de alegrías. Corre las telas que cubren su chabola. Soulayman aparece en escena. «Esta es tu casa. ¿Quieres beber algo?», ofrece. Saad tiene 24 años y viene de Tánger. Su sueño desde pequeño era llegar a España y ya lo había intentado varias veces nadando. El 30 de julio escuchó en redes sociales que la frontera estaba abierta. «Cogí cuatro cosas y salí corriendo». Cuenta que muchos jóvenes del norte de Marruecos viven preparados para una oportunidad semejante, con la posibilidad de marcharse siempre presente. Habla de su país con una mezcla difícil de nostalgia y rechazo. «Marruecos es el país más bonito del mundo, pero quienes lo gobiernan no piensan en nosotros. Prefiero vivir en España, en la calle, que volver. Solo quiero trabajar y ganarme la vida». Su casa ahora mide apenas unos metros. Cartones, telas, plásticos y bolsas de basura aíslan como pueden del sol y de la humedad. Del interior saca orgulloso una pequeña caña de pescar. Con ella consigue algún pescado que después comparte con sus compañeros. La comida, el agua, una manta o una almohada circulan entre chabolas mientras esperan una respuesta que no llega. «¿Qué van a hacer con nosotros?», pregunta.

Las dos mujeres ceutíes.
Las dos mujeres ceutíes. Foto: María Serrano.

A pocos kilómetros, dos mujeres nacidas en Ceuta y que prefieren mantener el anonimato llevan semanas acudiendo a las manifestaciones aunque insisten en separar sus reivindicaciones de los partidos que han intentado capitalizar el malestar. Su mirada sobre lo ocurrido el 30 de julio es radicalmente distinta. 

«Lo primero que queremos reivindicar es la españolidad de Ceuta, porque antes que nada somos españoles», explica una de ellas, que agradece el respaldo recibido desde otros puntos del país. Resume así su principal exigencia: «Queremos una frontera segura y que Ceuta vuelva a la normalidad», explica una. «No solamente somos España, también somos Europa. Ceuta es una frontera muy importante y hay que defenderla», añade la otra. 

«Somos humanitarios y no queremos que ningún niño pase hambre, pero Ceuta es Ceuta. Claro que hay que atender a una persona que lo necesita, pero Marruecos también tiene que hacerse responsable de sus ciudadanos», prosigue. Ambas reivindican la convivencia histórica de la ciudad y aseguran que «esta ciudad nunca ha sido racista. Aquí siempre hemos convivido las cuatro culturas y podemos dar ejemplo al resto de España».