El gran problema de hoy: la falta de amor

Habla el cardenal arzobispo de Madrid, don Antonio María Rouco, desde el castillo de Javier, donde se encontró con los jóvenes peregrinos españoles a la Javierada –21.000, de los que 4.000 eran madrileños– y presidió la Misa, el pasado sábado

Colaborador
Habla el cardenal arzobispo de Madrid, don Antonio María Rouco, desde el castillo de Javier, donde se encontró con los jóvenes peregrinos españoles a la Javierada –21.000, de los que 4.000 eran madrileños– y presidió la Misa, el pasado sábado:

Presidí la gran celebración de la Eucaristía al aire libre, teniendo como fondo el castillo de Javier; mal tiempo, agua, pero allí estaban los peregrinos como un solo hombre, niños, familias, jóvenes, muchos jóvenes, y también personas mayores, que la verdad es que tienen mucho mérito. Es una peregrinación que se hace, en los días de la novena de la Gracia, que tiene mucho que ver con la espiritualidad de san Ignacio. En definitiva, nosotros somos peregrinos de la Gracia, y el Papa Francisco nos lo decía también el otro día: peregrinos que buscan al Señor, a Cristo glorificado, del que viene ese amor que es gracia porque es amor de verdad, y que además es un amor que se te da, no se queda fuera de ti, entra dentro de ti, entra perdonando, curando, sanando al hombre por dentro. La esperanza, sin la fe y sin la caridad, se muere. La peregrinación a Javier es siempre un camino, o para recobrar la gracia perdida, porque uno se alejó del amor de Dios -de hecho, el sacramento de la Penitencia juega un papel muy importante en la peregrinación a Javier-, o para revitalizarla, para hacernos generosos para encontrar la verdadera vocación de uno en la historia de la vida. Seguro que de la peregrinación a Javier surgen muchas respuestas de ese tipo.

Estos jóvenes han peregrinado a Javier en el contexto nuevo de un nuevo Pontífice, el Papa Francisco, que viene a ser testigo de la fe no sólo para América, sino para todo el mundo, y por supuesto para la vieja Europa, y para la vieja España, de donde fueron los misioneros que, desprendiéndose de todo, llegaron a sus tierras, a Argentina. En la Misa clásica de después del Cónclave, concelebrando con los cardenales electores (que, por cierto, fue por la tarde, no por la mañana: ahí también se notan los tiempos de los que somos del sur y los que son del norte), nos dijo: «O confesáis a Cristo, o rezáis a Satanás, os entregáis al poder mundo, a la tentación del mundo». Este Papa Francisco yo creo que nos quiere llevar en esa línea de la espiritualidad, de la entrega a la gracia y al amor de Dios, para luego poder amar a los demás de verdad, y no a base de amores que no lo son porque piden algo y exigen algo; el amor nunca pide nada ni exige nada, y Cristo no sólo no pide nada ni exige nada, sino que se entregó hasta la muerte y una muerte de cruz. El gran problema de nuestro tiempo es que no se ama de verdad, y entonces no funciona nada. Vamos a luchar contra la injusticia, contra el paro. ¿Pero tenemos el corazón preparado para luchar contra la injusticia, contra el paro, contra los abusos, contra las lesiones a los derechos más elementales, por ejemplo, los de los niños? Sin el encuentro pleno, desprendido de lo que uno tiene, con Cristo Nuestro Señor, el camino es difícil.

El sacramento de la Penitencia, como el sacerdote, es básico para que la comunidad de los fieles pueda celebrar el misterio de Cristo, recibir el perdón y el amor misericordioso de Cristo, para que pueda haber familia cristiana. Los sacerdotes no son ricos ni lo van a ser, ni lo serán nunca, ni deben serlo, y no deben poner su corazón en los bienes de este mundo. Y ¡qué hermoso será que el Día del Seminario, día en el que el Papa inaugura su ministerio como pastor de la Iglesia universal, toda la diócesis de Madrid se vuelque en la oración por sus seminaristas, en la oración por el Seminario! Yo siempre digo que en Madrid, por cada arciprestazgo, debe haber un seminarista nuevo, al menos por cada dos arciprestazgos, y entonces la escasez de sacerdotes no se daría. No es que nosotros estemos en una situación de escasez de sacerdotes como en otros lugares de Europa. Por gracia de Dios no es así…