El gran baño. Una divertida historia de superación y segundas oportunidades - Alfa y Omega

El gran baño. Una divertida historia de superación y segundas oportunidades

Juan Orellana
Los protagonistas de El gran baño, en un fotograma de la película. Foto: Flins y Piniculas

Tras su paso por el Festival de Cannes, fuera de concurso, esta película llegó a las carteleras francesas el pasado mes de octubre, cautivando enseguida al público, que la convirtió en número uno de taquilla durante varias semanas. Más de cuatro millones de franceses ya han disfrutado de esta comedia que ahora llega a las pantallas españolas creando mucha expectación. El filme está escrito y dirigido por el mejor actor que director Gilles Lellouche, un clásico galán y cómico del cine galo. En esta ocasión nos brinda su mejor película como realizador gracias, entre otras cosas, a un reparto que cuenta con algunos de los mejores intérpretes del cine francés, como Beoît Poelvoorde, heredero de la mímica de Louis de Funes, y que deslumbró en Nada que declarar (Dany Boon, 2011); Mathieu Amalric, famoso actor y director que tocó el techo con su interpretación de un tetrapléjico en La escafandra y la mariposa (Julian Schnabel, 2006) o el gran Guillaume Canet, también actor y director. Destaca la actriz Leïla Bekhti, que en el papel de Amanda ofrece alguno de los gags más divertidos de la película.

Con estos mimbres Lellouche teje una comedia muy clásica que nos recuerda a partes iguales a The full monty (Peter Cattaneo, 1997) y a la española Campeones (J. Fesser, 2018). A la primera, porque trata de un grupo de hombres maduros que están en crisis existencial y que necesitan hacer algo que les devuelva la autoestima, el aprecio de los suyos. En definitiva, su lugar en el sol. A Campeones porque el reto deportivo que se plantean se antoja imposible. Unos maduros con tripita que quieren competir en el mundial de natación sincronizada representando a Francia es todo un despropósito. Y además, las entrenadoras tienen también sus problemas, y una de ellas es parapléjica y va en silla de ruedas.

La película empieza con un planteamiento expositivo de las vidas dramáticas de los protagonistas (matrimonios separados, hijos ingratos, alcoholismo, quiebra económica,…) para introducirnos poco a poco en las motivaciones de cada uno para intentar dar un giro a su vida. Así se va abriendo paso el desarrollo cómico que llega a su punto álgido al final, con lo que la película va creciendo paulatinamente, de peor a mejor. A veces grueso, a veces fino, el sentido del humor es la gran baza de esta historia de superación y segundas oportunidades.

Es cierto que la película es un poco superficial, y como película francesa, muy ligerita en sus planteamientos antropológicos. Pero, a pesar de ello y de que, como ven, tampoco la historia es muy original, lo cierto es que vuelve a proponer la necesidad de ser personas con vínculos afectivos, con razones para afrontar el hoy y el mañana, en definitiva, la conveniencia de no conformarse con una vida sin esperanza y en la que el fracaso tenga la última palabra. Y sin duda, se pasa un rato bastante divertido.

Juan Orellana