El espía honesto. Si Dios no existe todo está permitido - Alfa y Omega

El espía honesto. Si Dios no existe todo está permitido

Juan Orellana
Lars Eidinger interpreta a Franz Walter, un científico de la RDA que termina trabajando para el Gobierno. Foto: Franziska Stünkel.

El cine de revisión histórica del socialismo real en la Europa del Este casi siempre es aire fresco en la tórrida atmósfera ideológica en la que vivimos. Tardaron en aparecer estas películas, dada la casposa simpatía romanticona que los intelectuales siempre han sentido hacia el comunismo. No son demasiados títulos, pero suelen ser muy elocuentes, como La vida de los otros o Popieluszko. Este tipo de filmes se suelen centrar en lo que supuso el totalitarismo para el ser humano concreto, sobre todo en el plano de la libertad y de la conciencia. Las dos cosas que el comunismo necesita suprimir para perdurar, y que, paradójicamente, son inextirpables, forman parte irrenunciable de la condición humana.

El protagonista de la película alemana El espía honesto, dirigida por Franciska Stünkel, es Franz Walter, un científico de la República Democrática Alemana que prefiere mantenerse al margen de la política. Estamos a principios de los años 80 y su sueño es casarse y llegar algún día a enseñar en la universidad, pero sabe que el camino para esto último es muy largo y difícil. De momento, Walter va a viajar a Etiopía para hacer un trabajo de investigación, pero en el avión unos agentes del Gobierno le piden que se baje. Una vez en tierra, el científico recibe de parte del ministerio una oferta nunca imaginada: puede acceder, si quiere, a la cátedra que él más ha codiciado. Pero con una sola condición, que antes trabaje un tiempo para la Agencia de Inteligencia Exterior, una especie de STASI para alemanes escapados a la RFA. Como no tiene muchas opciones reales de negarse, y el chantaje es muy potente, Walter se convierte en un agente del Gobierno sin demasiadas motivaciones. Hace su trabajo rutinariamente, hasta que empieza a escuchar cosas que repugnan a su conciencia. Pero el problema real llegará cuando le piden a él que ejecute personalmente alguna de esas inmoralidades.

Walter se da cuenta de que si quiere ser fiel a sí mismo –es decir a su conciencia, a su dignidad, a su propio corazón, a su propia humanidad– tiene que desobedecer las órdenes, y, si las desobedece, arruinará definitivamente su carrera universitaria, poniendo en peligro su futuro, en general, y el de su novia, en particular. Esta esquizofrenia moral le va destruyendo por dentro, le vuelve agresivo y profundamente infeliz. Tampoco puede compartir su infierno, pues un implacable contrato de confidencialidad le cierra la boca.

La película describe con claridad la maquinaria de control del poder, al que no se le escapa nada ni nadie. Un gesto ambiguo puede poner en marcha un secreto proceso inquisitorial en el que todo vale: instalar micrófonos, extorsionar al cónyuge, interrogar a los vecinos, o ser seguido por la calle, abierta la correspondencia y pinchado el teléfono… Es increíble la cantidad de funcionarios que el Estado dedicaba a vigilar a los pobres ciudadanos, que no podían fiarse de nadie. El espía honesto tiene una puesta en escena más realista y menos clásica que La vida de los otros, y algunas escenas la hacen recomendable solo para adultos. Una cinta necesaria.

El espía honesto
Director:

Franziska Stünkel

País:

Alemania

Año:

2021

Género:

Drama

Público:

+12 años