El carmelita que ideó un proyecto solidario mientras se encontraba en el hospital por coronavirus - Alfa y Omega

El carmelita que ideó un proyecto solidario mientras se encontraba en el hospital por coronavirus

Cuando le ingresaron por COVID-19, Daniel Lomas se percató de las molestias que las gomas de las mascarillas ocasionaban a los sanitarios que le atendían. En cuanto volvió al convento y se recuperó por completo, implicó a toda la comunidad del convento de san Andrés para elaborar salvaorejas y pantallas protectoras con su impresora 3D

José Calderero de Aldecoa
Foto: Daniel Lomas

Cuando le ingresaron por COVID-19, Daniel Lomas se percató de las molestias que las gomas de las mascarillas ocasionaban a los sanitarios que le atendían. En cuanto volvió al convento y se recuperó por completo, implicó a toda la comunidad del convento de san Andrés para elaborar salvaorejas y pantallas protectoras con su impresora 3D

Daniel Lomas tiene solo 25 años y es religioso carmelita desde hace dos años y medio. A pesar de su juventud, cuando el coronavirus entró en su comunidad, fue el único al que tuvieron que ingresar en el hospital. «Somos 16 hermanos en la comunidad, y nos hemos contagiado nueve, pero muchos lo han pasado de forma asintomática. El prior, por ejemplo, tiene 77 años, y hay otro hermano con problemas del corazón, pero ninguno se enteró de nada», asegura en conversación con Alfa y Omega.

Cuando se infectó, Lomas pasó una noche en el hospital por culpa del asma. Sintió la «soledad» y el «miedo» porque «no sabes cómo se va a desarrollar la enfermedad», pero se abandonó «en las manos de Dios, me abracé a la cruz de la enfermedad y le dije que se hiciera su voluntad». Además de este gesto de confianza en Dios, la experiencia desencadenó una iniciativa solidaria que ha implicado a toda la comunidad carmelita del salmantino convento de san Andrés.

«El personal se quejaba bastante de que el equipo de protección se hacía muy pesado. Sobre todo, me di cuenta de que les molestaban en las orejas las mascarillas dobles que tenía que llevar. Paralelamente, había visto por los medios a mucha gente colaborando en el desarrollo de equipos para el personal sanitario», asegura.

Al día siguiente pudo volver al convento pero hubo de pasar todavía otros 38 días más aislado en su habitación, recuperándose «porque el virus me había dejado cao». Sin embargo, cuando logró superar al coronavirus por completo, el religioso lo primero que hizo fue encender su máquina 3D para hacer salvaorejas para las gomas de las mascarillas y pantallas protectoras.

«Nos llegó el modelo aprobado por las autoridades sanitarias de Castilla y León. Imprimí varios y se los di a probar a mis hermanos –después de los positivos, los frailes del convento implementaron un protocolo de seguridad por el que debía mantener la distancia de seguridad y hacer uso de la mascarilla– para ver si podíamos fabricarlos de forma sistemática». El resultado fue más que satisfactorio y la comunidad casi al completo se involucró en el proceso.

Foto: Daniel Lomas

«El hermano Leonardo, todavía infectado con el COVID-19, es el encargado del correo electrónico, donde recibimos las peticiones de salvaorejas y pantallas. Me informa de los pedidos y yo los realizo con las máquinas 3D. Una vez concluidos, los dejo en una sala y cuando salgo, como no podemos estar en contacto unos con otros, entra otro hermano para desinfectarlas según las directrices de las autoridades sanitarias y empaquetarlas. Hay hermanos que no colaboran con el trabajo pero ayudan económicamente en la compra del material».

A la comunidad le han llegado peticiones desde hospitales de Salamanca, Madrid, Zaragoza, Valencia, Asturias, Sevilla o Málaga. «Al de Salamanca hemos acercado los paquetes nosotros mismos. Los particulares cercanos al convento que nos han hecho pedidos suelen venir a recogerlos ellos y, el resto de paquetes, los estamos enviando por Correos».

En total, los religiosos carmelitas del convento de san Andrés han realizado 126 pantallas, 1.406 salvaorejas y todavía tienen otras 900 solicitudes pendientes. Es exactamente el número de personas por las que han rezado, porque «pedimos al Señor por cada uno de los que llevarán puestos los salvaorejas o las pantallas mientras los realizamos. También les encomendamos en nuestra oración personal y comunitaria»

Con la Jornada Pro Orantibus en el horizonte –se celebrará este domingo 7 de junio–, Daniel Lomas se despide asegurando sus oraciones por todos los afectados y pidiendo oraciones, «que nosotros también las necesitamos».

José Calderero de Aldecoa @jcalderero