El cardenal José Cobo llama en La Paloma a «ser vecinos que dan luz»
El bombero Félix Alonso, que se jubilará en los próximos días, bajó el cuadro de La Paloma, una tradición que data de 1923
Madrid está de fiesta. Este 15 de agosto con una de sus advocaciones más populares y castizas, la Virgen de La Paloma. Por las calles del centro se mezclan los devotos junto con los turistas y aquellos que, al son de las verbenas, disfrutan de unos días donde la tradición y la religiosidad popular se fusionan bajo las figuras de La Paloma, San Lorenzo y San Cayetano.
Dios en la vida ordinaria
La de La Paloma es una fiesta que pone de manifiesto, como recordaba el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, después de saludar a las autoridades, al Cuerpo de Bomberos y a los participantes de la misa mayor, que «las grandes historias de Dios casi nunca empiezan donde uno espera». Sucede «en la vida ordinaria de una familia, o por medio de alguien que supo mirar de otra manera aquello ante lo que otros pasaban de largo», como pone de manifiesto el inicio de la devoción a La Paloma con Isabel Tintero.

Una historia en la que encontramos, en palabras del cardenal, una primera luz: «Dios sigue dándose a conocer. Él está siempre presente iluminando y dando vida». Recordando el reciente eclipse y de las gafas necesarias para verlo, decía que, para reconocer a Dios, son necesarias «las gafas que nos ofrece el Evangelio y la vida de tanta gente que nos enseñan a mirar. Solo se necesita querer mirar y tener las gafas necesarias para darnos cuenta de la belleza de la luz del Señor».
Unas gafas que sirven para mirar la luz de lo cotidiano desde la lógica de Nazaret, dado que «Dios comienza en una casa naciendo y compartiendo nuestra vida». El arzobispo subrayó que «el cristianismo nació y, especialmente en momentos de crisis, ha crecido en lo cotidiano, alrededor de puertas que se abren, mesas que acogen y personas que se visitan».
Frente al deseo de pensar que lo importante siempre tiene que ocurrir lejos de lo cotidiano, el arzobispo insistió en que «Dios tiene esa sorprendente costumbre de esconderse en aquello por donde pasamos todos los días». Algo que comprendió Isabel Tintero, que ve que «la casa, la calle o el juego de los niños puede convertirse en lugar de encuentro con Dios cuando aprendemos a verlo con ojos creyentes».

Ver más allá
El cardenal Cobo invitó a «ver más allá de lo que vemos. Aprender a mirar con ‘gafas nuevas’ y sabiendo donde enfocar la mirada, para que la luz no nos deslumbre». Una actitud que remite al lema de la visita del papa León XIV a Madrid: «Alzad la mirada». Eso debe llevarnos a aprender a mirar lo que tenemos de otra manera. Se trata de «mirar más allá de las etiquetas y de las ideologías o de las polarizaciones que nos enemistan. Es descubrir personas donde otros ven problemas o rivales; reconocer dignidad donde otros solo ponen estadísticas; y preguntarnos, como cristianos y como responsables públicos, quién está quedando fuera de nuestra mirada», recalcó.
Se trata de «volver cada uno a buscar los retratos de Dios que están escondidos en nuestra vida». Una urgencia hoy en día, «esa mirada honrada, sin etiquetas ni polarizaciones, capaz de reconocer la luz de Dios en el barrio, en la política, en el servicio público. Una luz que habla de personas, de cariño, de vida de calle», afirmó el arzobispo. De hecho, en una imagen de la Virgen de la Soledad, los vecinos y vecinas reconocieron «un espejo donde poner sus propias soledades para dejar que María enseñe a elevarlas al cielo, a descubrir en las lágrimas la luz de Dios», reflexionó el cardenal Cobo.
Una fiesta para «dejar que María ilumine nuestras soledades», presente en Madrid, «la de muchos mayores, después de haber entregado toda una vida; la de jóvenes permanentemente conectados y, sin embargo, sin alguien a quien mostrar lo que llevan dentro; la soledad del inmigrante que ha dejado atrás su casa y sus afectos y no encuentra futuro; la de quien atraviesa una enfermedad, ha perdido a alguien, o no encuentra trabajo o vivienda. Y también la soledad de quien vive rodeado de gente, pero no tiene con quién compartir el alma o no tiene a nadie que le pregunte cómo estás», recordó el cardenal Cobo.

Ponerse en marcha por amor
Desde ahí hizo ver que «acoger la soledad no deseada es una tarea de todos y también una tarea pública necesaria», que va más allá de programas y necesita vínculos. Una actitud presente en María, que «se levanta, se pone en marcha y va a casa de Isabel», y que le llevó a cuestionar: «¿cuánto hace que no te pones en marcha por amor?». Y es que «María sabe que la soledad se afronta desde Dios y necesita ponerse en marcha para estar cerca de quien nos necesita», recalcó el arzobispo.
María, recordó el cardenal Cobo, «no se quedó encerrada en su propia soledad. La atravesó acompañada por Dios y salió al encuentro de los demás. Con el corazón abierto y con Dios en las entrañas». Hoy, «María nos pide ir con ella a ver a las Isabeles que esperan nuestro encuentro y nuestro abrazo». Por ello, señaló que «una buena ofrenda de la fiesta de hoy será hacer una visita a alguien que nos necesita, o aprender a mirar de forma distinta a alguien que no acabamos de entender».
Una tercera llamada de la fiesta de La Paloma es «ser vecinos que dan luz», siguiendo el ejemplo de Isabel Tintero, que puso una lámpara junto al cuadro y la colocó a la entrada de su casa para que quien pasara pudiera encontrar una luz. Esa es la misión del cristiano, «poner una luz en la puerta». Se trata de «no imponerla. No utilizarla para juzgar. No encerrarla dentro de nuestras instituciones, ni convertirla en estandarte para ganar adeptos. Es presentarla humildemente para que pueda encontrarla quien busca, quien está cansado, desorientado o necesita comenzar de nuevo. O para quien quiere ver con honradez la luz de Dios».
El cardenal Cobo recordó las palabras de León XIV en el Bernabéu: «La bondad, aunque sea de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos». Algo que comparó con el mantener encendida la lámpara de Isabel Tintero: «pequeñas luces, pequeños gestos, vecinos concretos que hacen que otros puedan volver a confiar». Algo que, como dijo, lleva preguntarnos: «¿Para quién puedo mantener encendida una pequeña lámpara? ¿Quién está esperando la luz de Dios de mi propia vida?». Desde ahí invitaba a encender luces, a ser luz para los vecinos.

Protagonismo de los bomberos
Y es que «a veces Dios no nos pide mucho más: que no pasemos de largo,que sepamos mirar con las gafas adecuadas, que mantengamos alguna puerta abierta y que dejemos una luz encendida», recordaba el cardenal Cobo. Hacer eso porque «María siempre lleva a Cristo hasta las casas y lleva las casas y nuestras vidas hacia Cristo».
Finalmente se dirigió al Cuerpo de Bomberos, tan unido a esta fiesta. Les agradeció su servicio y la dimensión solidaria de su trabajo, el estar cuando se les necesita. Les pidió no perder la fe y «encender la luz de la Virgen, esa que lleva a Dios en vuestro trabajo y en vuestras vidas».
Ellos son los protagonistas de uno de los momentos más esperados de la fiesta. Este año ha sido el bombero Félix Alonso, que se jubilará en los próximos días, quien bajó el cuadro de La Paloma, una tradición que data de 1923. Entre los vivas a la Virgen y el canto del himno por parte del coro, la multitud ha contemplado este momento de fe y devoción que tiene continuidad con la procesión con la imagen por las calles del centro de Madrid.