San Cayetano, el santo del pan y el trabajo, da inicio a las fiestas del Madrid castizo
Los fieles abarrotaron el templo de la calle Embajadores y, después, siguieron al santo en procesión por Lavapiés y el Rastro
El Madrid castizo está de fiesta. A lo largo de 8 días, san Cayetano, san Lorenzo y la Paloma recorren calles donde la multiculturalidad se hace presente en el día a día. La procesión del santo del pan y el trabajo, a quien llegan devotos de todos los rincones de la ciudad, estuvo precedida por una Eucaristía presidida por el vicario episcopal, Óscar García Aguado.

Que las cosas cambien a mejor
Fieles que abarrotaron el templo de la calle Embajadores y que, en palabras del vicario, se hicieron presentes en la fiesta de san Cayetano «porque es un hombre que tiene vuestro mismo deseo, el deseo de que todas las cosas cambien a mejor». Un santo que en una carta a una amiga le decía que «Cristo espera y nadie se mueve», reflexionando sobre la pasividad de la gente.
Una actitud que como denunciaba el vicario episcopal continua presente en la sociedad actual, en la que hay muchos que necesitan que alguien haga algo. Una urgencia que cobra mayor necesidad si tenemos en cuenta que lo que merece la pena es «buscar el Reino de Dios y su justicia», recalcó. Para ello, recordó que «es necesario que todo el mundo haga algo, que busque el Reino de Dios, que busque la fe y que haga algo por los demás», que no se queden pasivos.

Un quedarse pasivos que es consecuencia de donde se pone el corazón. A la luz del Evangelio, que nos advierte sobre el peligro de poner el corazón en el dinero, Óscar García Aguado señaló que, para algunos, «la felicidad consiste en tener el mayor número de gratificaciones placenteras», advirtiendo sobre el peligro de buscar amasar riquezas, que nadie podrá llevar consigo.
Brazos libres para abrazar a todos
Frente a ello, proponía el ejemplo de san Cayetano, que frente a quienes «quieren agarrar con sus brazos sacos de moneda», decía que «soy el más rico que todos, porque como tengo los brazos libres, puedo abrazar a todos, no necesito abrazar una cosa, puedo abrazar a todo el mundo». Es el ejemplo de un santo que creó un hospital en Venecia para atender a los moribundos por los que nadie hacía nada. Así «se hizo rico del amor de aquellos que más lo necesitaban», enfatizó el vicario episcopal.
Desde ahí hizo ver que vale la pena poner el corazón en Dios, «porque te llenas de amor y puedes dar amor y recibir amor. Y eso es lo que realmente hace feliz la vida». Algo presente en san Cayetano, que aparece representado con una espiga en una mano y un niño Jesús en la otra. Como explicó, la espiga responde al milagro del santo que, ante una sequía prolongada en Venecia, hizo que lloviera tres días seguidos y salvaron las cosechas y con ello se mitigó el hambre.

El niño Jesús representa a aquel que consideraba la riqueza de su vida, fruto de visiones en las que «la Virgen María le daba para que cogiera al Niño Jesús en brazos y le decía: pero qué mejor vas a tener en la vida que el amor de mí, como tengo yo el amor», explicó. Por ello, es importante, «tener lo que te necesitamos para vivir y sobre todo tener fe, tener a Dios en la vida y poner en él el corazón, que significa ponerlo en los que necesitan también nuestro corazón». Esa es la felicidad, concluyó: «tener fe y tener lo necesario para vivir y que todos también puedan tener lo que es digno para su propia vida».
Procesión multitudinaria
La procesión, expresión destacada de religiosidad popular, recorrió las calles abarrotadas de los barrios de Lavapiés y el Rastro. Acompañado de músicas populares, la imagen del santo fue aclamada por los presentes con gritos de ¡Viva san Cayetano!

Durante el recorrido, siguiendo la tradición, el vicario episcopal bendijo tres imágenes del santo en la Calle del Oso, calle Rodas y calle Carnero con Ribera de Curtidores, esta última de más de 300 años. Una procesión que acaba con la multitud que se abalanza sobre la carroza procesional en busca de un clavel, pues como dice el dicho popular: «A quien reza el día de su fiesta, roba una flor de su carroza y le acompaña en la procesión, el santo oye su petición».