El baile errático: salud y personas sin hogar - Alfa y Omega

El baile errático: salud y personas sin hogar

Vivir en la calle en España equivale a tener una esperanza de vida similar a la que tiene un país como Sierra Leona. La calle debilita la salud. La calle mata. Es prácticamente imposible encontrar a una persona sin hogar que esté saludable

Winnie
Dani Muntaner quiso bailar para las fotos en un parque donde ha dormido muchas noches. Fotos: Winnie

Las personas sin hogar viven unos 30 años menos que el resto de la población. Así lo afirma la Estrategia Nacional Integral para Personas Sin Hogar 2015-2020, que sitúa su esperanza de vida entre los 42 y los 52 años. La esperanza de vida de las personas sin hogar que malviven en España es similar a la de países como Sierra Leona o República Centroafricana.

Cáritas estima que hay más de 40.000 personas sin hogar en España. María Aguilera, del Área de Inclusión de Cáritas y responsable del centro residencial Betania para personas sin hogar, rescata el VIII Informe Foessa sobre exclusión y desarrollo social en España para afirmar que cerca de 2,1 millones de personas sufren situaciones de inseguridad en la vivienda en nuestro país. Y todo ello en este contexto: «España cuenta con 275.000 viviendas de tipo social, un 1,5 % del total, algo muy alejado de la media europea», completa. «Un 30 % de las personas sin hogar sufren enfermedades graves y un 31 % ha intentado suicidarse», denuncia Aguilera.

Bio

Dani Muntaner tiene 43 años, es argentino y llegó a Málaga en 2005. Ha sido bailarín y peluquero. Ha trabajado en el campo, en una panadería, cuidando a niños, de camarero, de mimo y de profesor de lengua de signos. Sueña con unir a los sordos con la danza.

También Dani Muntaner intentó suicidarse. También tiene una salud delicada. «No sé si pasé cinco o seis años viviendo en la calle, deja que piense… He perdido la cuenta y a veces me digo que por suerte». «No sé ni por dónde empezar, me han pasado tantas cosas», cuenta Muntaner. Una de las muchas cosas que le han pasado es un desahucio. Él tiene una discapacidad reconocida. Entre otras cosas, tiene trastorno de estrés postraumático grave y trastorno persistente de la personalidad. Al poco de quedarse en la calle tuvo un episodio depresivo y se quedó mudo. Tuvo que aprender a hablar de nuevo y, mientras lo hacía, aprendió también lengua de signos para comunicarse. A Dani la calle le ha dejado una gran huella en su salud. «Mi salud es estridente. La calle te afecta de forma radical. Físicamente, porque comes una barra de pan en 24 horas si se te ha acabado el plazo del comedor social. Me ha tocado meterme de cabeza en contenedores de McDonald’s donde tiran la comida; estás comiendo de la basura mismo». Toda esa vivencia «se va a lo psicológico también. Tienes que vivir con lo que hay. Es triste. Trato de adaptarme», detalla Muntaner, que siente vergüenza cuando recuerda sus dificultades para comer.

Estigmatización social

La OMS define la salud como el estado completo de bienestar físico, psicológico y social, y no solo como la ausencia de enfermedad, recuerdan desde Médicos del Mundo Comunidad Valenciana. «El deterioro de estas tres patas conduce a las personas sin hogar a un estado de salud muy precario. No tener acceso a la vivienda tiene consecuencias en todos los ámbitos: desequilibra la estabilidad psíquica y emocional, fomenta que aparezcan enfermedades derivadas del frío, la humedad y la falta de higiene, y produce una estigmatización social que dificulta la incorporación laboral y social», dicen desde la institución valenciana. «Todas esas circunstancias se dan a la vez, impidiendo a la persona sin hogar reunir las condiciones vitales mínimas para tener un estado completo de bienestar. Además, tienen menos capacidades para enfrentarse a las enfermedades –por diagnósticos tardíos, por ejemplo– y acceden menos a actividades de prevención y promoción de la salud, así como a recursos de recuperación de las secuelas», añaden.

Vivir en la calle prácticamente garantiza tener problemas de salud, ya que provoca enfermedades y cronifica las que ya existen. «Es muy poco realista encontrar una persona sin hogar que esté cien por cien saludable», aseveran desde Médicos del Mundo.

30 años menos viven las personas sin hogar que el resto de la población. Su esperanza de vida está entre los 42 y los 32 años.  Es igual la esperanza de vida de las personas sin hogar que hay en España que la de países como Sierra Leona o República Centroafricana

30 % de personas sin hogar sufren enfermedades graves y un 31 % ha intentado suicidarse

Cáritas y Médicos del Mundo resaltan que el acceso a la salud es un derecho básico y fundamental. Parece una obviedad, pero la principal y gran barrera de las personas sin hogar en el tema sanitario es el acceso a la salud en sí. «Reivindicamos que se garantice un sistema nacional de salud equitativo –universal, gratuito y accesible– con extensión y calidad para todos, nacionales y extranjeros; y una especial sensibilidad en el ámbito de la salud mental», pide María Aguilera.

Sin tarjeta sanitaria

Muchas de las personas sin hogar no tienen tarjeta sanitaria, por lo que no pueden acceder a servicios de atención primaria y especializada; solo las atienden en situación de gravedad por urgencias. La falta de tarjeta sanitaria se debe a que estén en situación de irregularidad o a que no estén empadronados en el municipio. Por eso, una de las tareas que hace Cáritas es la de ofrecer apoyo para que realicen los trámites y así obtener la tarjeta. También ayudan en la solicitud de citas médicas y acompañan a las mismas cuando es necesario. «Sí, creo que puedo ir al médico, pero hace tiempo que no voy», cuenta Dani Muntaner. «Para que la gente entienda lo que es esto, yo llevo en confinamiento desde que me quedé en la calle: siento incertidumbre, miedo a no saber qué pasará… He leído una noticia que dice que ahora las personas se tratan más en psicología por la pandemia. Vivir en la calle es lo más parecido a lo que la gente siente ahora, lo que te desgasta la cabeza: dónde me puedo reparar, dónde está mi seguridad».

«La mayoría lo que queremos es sentirnos útiles, tenemos habilidades para compartir. Dame la oportunidad, que yo sigo», pide Muntaner. No tener casa afecta a los sueños, a la confianza y a la salud de las personas, denuncia Aguilera, y, por tanto, a sus derechos.

—Dani, ¿si te digo salud qué es lo primero que se te viene a la cabeza?

—Paz. Poder vivir tranquilo.