El explorador Nacho Dean abre el camino a Santo Toribio de Liébana: «Fue una experiencia singular»

José Calderero de Aldecoa
Foto cedida desde el monasterio de Santo Toribio de Liébana

Uno de los puntos de peregrinación más importantes del planeta se encuentra en Cantabria. Se trata del monasterio de Santo Toribio de Liébana, que custodia el fragmento más grande de la cruz de Cristo y que es uno de los únicos siete lugares en el mundo –cinco de ellos están en España– que tienen concedido un Año Jubilar a perpetuidad.

El primer peregrino que llegó hasta allí después del confinamiento fue ni más ni menos que Nacho Dean, quien dio la vuelta al mundo andando –33.000 kilómetros en solitario y sin asistencia– entre 2013 y 2016 para documentar el cambio climático, y que entre 2018 y 2019 unió a nado los cinco continentes para lanzar un mensaje de conservación de los océanos.

«En esta ocasión he querido poner en valor la España vacía, también el uso de la bicicleta como medio de transporte sostenible, los valores de la amistad y del trabajo en equipo y, por supuesto, el viaje interior, tanto físico como espiritual, que se da en las expediciones de este tipo», asegura en conversación con Alfa y Omega.

Dean se subió a la bicicleta junto a dos amigos el 21 de junio en Colmenar Viejo, nada más terminar el Estado de alarma –periodo en el que además ha sido padre por primera vez– y llegó al monasterio franciscano el 27 de junio.

«Llegamos bastante temprano y no había ningún otro peregrino por allí. Pedimos que nos sellaran la credencial y entramos al monasterio para ver el fragmento de la cruz. Lo único es que [el camarín donde se encuentra el Lignum Crucis] estaba cerrado y a través de las rejas apenas se llega a ver algo. Nos hubiera gustado entrar a verlo más de cerca, pero fue una experiencia singular, sin duda. Fue uno de los hitos más destacables de nuestro camino», asegura el explorador y naturalista.

José Calderero de Aldecoa @jcalderero