Parroquias vivas - Alfa y Omega

Parroquias vivas

Hay comunidades de fieles que han entendido bien que no pueden abordar las necesidades actuales con fórmulas de ayer, como pide el Vaticano en una nueva instrucción

Alfa y Omega
Foto: Valerio Merino

Sostenía san Juan Pablo II que la parroquia es «la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas». Hoy igual que entonces –subraya la Congregación para el Clero en una instrucción hecha pública el lunes–, los templos se erigen como «signo de la presencia permanente del Señor Resucitado en medio de su Pueblo» y su tarea es «acercar el Evangelio al pueblo a través del anuncio de la fe y de la celebración de los sacramentos». Pero en estas tres décadas los cambios sociales se han acelerado, «la creciente movilidad y la cultura digital han dilatado los confines de la existencia» y la parroquia ha de resituarse.

En el texto, titulado La conversión pastoral de la comunidad parroquial al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia, el Vaticano alerta de que, si pierde el «dinamismo espiritual propio de la evangelización» y se queda anclada en sus límites, la parroquia «corre el riesgo de hacerse autorreferencial y de esclerotizarse». Y apela a la «creatividad» y a la «audacia» para responder a las «expectativas» de los fieles y proponer actividades que tengan «incidencia en la vida de las personas concretas».

En este proceso hay que contar con todos los miembros de la comunidad –no solo el párroco– y no es descartable acordar la creación de realidades intermedias como la unidad o la zona pastoral, pero para hacerlo hay que ser conscientes de la historia que arrastra cada templo y trabajar con «flexibilidad y gradualidad». No se trata de cambiar por cambiar ni de tapar otros problemas, como la falta de sacerdotes, con cambios de estructura, sino de plantearse permanentemente cómo llevar a cabo mejor la misión evangelizadora.

En España, según recoge esta semana Alfa y Omega, hay comunidades de fieles que han entendido bien que no pueden abordar las necesidades actuales, tan marcadas por la pandemia, con fórmulas de ayer. Cuando una parroquia atiende a quien tiene hambre o a quien no tiene techo, cuando tiene una palabra de aliento para el que se ha quedado sin trabajo, cuando acompaña tantos dramas a su alrededor, está mostrando el verdadero rostro del Señor. Y, ¿acaso no es esa su razón de ser?