«¿Dónde estás ante tanta desgracia? Señor no te entiendo pero me encomiendo a tus manos» - Alfa y Omega

«¿Dónde estás ante tanta desgracia? Señor no te entiendo pero me encomiendo a tus manos»

Francisco recordó a las cuatro misioneras de la Caridad asesinadas en Yemen o al vagabundo que murió de frío recientemente en Roma y se pregunto «¿dónde estás Señor ante tantas desgracias?» El Santo Padre invitó a los fieles a invitar a Jesús en Getsemaní o en la Cruz, que a pesar del dolor y el sufrimiento se encomendó a las manos de Dios

Redacción
Foto: L’Osservatore Romano

Francisco recordó a las cuatro misioneras de la Caridad asesinadas en Yemen o al vagabundo que murió de frío recientemente en Roma y se pregunto «¿dónde estás Señor ante tantas desgracias?» El Santo Padre invitó a los fieles a invitar a Jesús en Getsemaní o en la Cruz, que a pesar del dolor y el sufrimiento se encomendó a las manos de Dios

El vagabundo muerto de frío recientemente en Roma, las religiosas de la Madre Teresa asesinadas en Yemen, las personas que enferman en la Tierra de fuegos, (una vasta área situada en la zona meridional de Italia muy conocida a causa de la presencia de desechos tóxicos y numerosas hogueras de basura que influyen negativamente sobre la salud de la población local), fueron algunos de los hechos dramáticos de los últimos tiempos que el Papa Francisco recordó en su homilía de la Misa matutina celebrada esta mañana en la capilla de Santa Marta.

Ante estos «valles oscuros» de nuestro tiempo –afirmó el Pontífice– la única respuesta es encomendarse a Dios. Incluso cuando no entendemos, como sucede ante una enfermedad rara de un niño, encomendémonos en las manos del Señor, que jamás deja solo a su pueblo.

Francisco reflexionó sobre la primera lectura, tomada del Libro de Daniel, para subrayar que, incluso cuando recorremos «un valle oscuro», no debemos temer ningún mal. Susana, una mujer justa, es «ensuciada» por el «deseo malo» de dos jueces, pero prefiere encomendarse a Dios y morir como inocente antes que hacer lo que querían esos hombres.

Cuántos valles oscuros. ¿Dónde estás Señor?

«Cuando nosotros hoy vemos tantos valles oscuros, tantas desgracias, tanta gente que se muere de hambre, de guerra, tantos niños minusválidos, tantos… Cuando tú ves todo esto, ¿pero dónde está el Señor? ¿Dónde estás? ¿Tú caminas conmigo? Este era el sentimiento de Susana. También el nuestro. Tú ves a estas cuatro hermanas masacradas [las misioneras de la Caridad de Yemen]: pero, servían por amor, y ¡terminaron masacradas por odio! Cuando tú ves que se cierran las puertas a los prófugos y se los deja afuera, al aire, con el frío… ¿Pero Señor, dónde estás Tú?», se preguntó el Santo Padre.

«¿Cómo puedo encomendarme a Ti –continuó el Papa– si veo todas estas cosas? Y cuando las cosas me suceden a mí, cada uno de nosotros puede decir: ¿pero cómo me encomiendo a Ti?» Para esta pregunta –dijo Francisco– existe una respuesta: «No se puede explicar. ¿Por qué sufre un niño? No lo sé. Es un misterio para mí. Solo me da un poco de luz Jesús en el Getsemaní y la última palabra de la Cruz: ‘¡Padre, en Tus manos me encomiendo!’, y muere así. Encomendarse a Dios, que camina conmigo, que camina con mi pueblo, que camina con la Iglesia: y esto es un acto de fe. Yo me encomiendo. No sé: no sé porqué sucede esto, pero yo me encomiendo. Tú sabrás porqué».

Quien se encomienda al Señor no le falta nada

El Obispo de Roma afirmó que ésta es la enseñanza de Jesús: «a quien se encomienda al Señor, que es Pastor, no le falta nada». Incluso si va por un valle oscuro –añadió– «sabe que el mal es un mal del momento, pero no habrá mal definitivo porque el Señor está, “porque Tú Señor estás conmigo”». Y explicó que esta es «una gracia» que debemos pedir: «Señor, enséñame a encomendarme en tus manos, a encomendarme a tu guía, también en los momentos feos, en los momentos oscuros, en el momento de la muerte».

«Nos hará bien, hoy, pensar en nuestra vida, en los problemas que tenemos y pedir la gracia de encomendarnos en las manos de Dios. Pensar en tanta gente que ni siquiera recibe una última caricia en el momento de morir. Hace tres días falleció uno, aquí, por la calle, un sin techo: murió de frío. En plena Roma, una ciudad con todas las posibilidades para ayudar. ¿Por qué, Señor? Ni siquiera una caricia… Pero yo me encomiendo, porque Tú no decepcionas», concluyó.

Radio Vaticano/Alfa y Omega