«Las necesidades se han multiplicado»

OMP propone nuevas formas de colaborar ante una campaña marcada por la pandemia

Redacción

«Las huchas del Domund no podrán salir a la calle este año», ha informado José María Calderón, director nacional de Obras Misionales Pontificias (OMP), institución organizadora de la campaña. Según ha explicado, las limitaciones de aforos en las Misas, la importancia de no salir de casa en estas circunstancias, la dificultad de que los misioneros visiten los colegios, las precauciones con el dinero en efectivo… son grandes retos para el Domund de este año. Un contexto en el que, además, «las necesidades de la Iglesia en misiones se han multiplicado».

El año pasado, gracias al Domund se pudieron enviar más de 10,5 millones a las misiones desde España, que junto con Estados Unidos, aportan más de la mitad del fondo universal de esta campaña. Para poder seguir enviando ayudas a las misiones en este tiempo de pandemia, OMP ha propuesto nuevas formas de colaborar con las misiones, que van más allá de las colectas: Bizum (00500), tarjeta de crédito… Y hasta una carrera virtual solidaria.

Además, Calderón ha insistido en que colaborar con el Domund no es un simple acto de caridad, sino que se trata de participar en la misión de la Iglesia, con el dinero, el tiempo y la oración. Y ha hecho hincapié en que la fórmula oficial que tiene la Iglesia para sostener su presencia y actividad en las misiones es precisamente esta colecta. Y por ello, ha animado a no dejar de colaborar este año tan difícil, cuando las necesidades también han aumentado.

Las nunciaturas, garantía de que el dinero llega

Por su parte, el Nuncio del Papa en España, Bernardito Auza, ha explicado cómo en su amplia trayectoria diplomática ha conocido de cerca el servicio que Obras Misionales Pontificias presta a la Iglesia universal, en especial con esta jornada. «El dinero ayuda a construir escuelas, parroquias, centros de salud allá donde los gobiernos no llegan», ha explicado. De hecho, según ha recordado, en su tiempo de trabajo en Madagascar, «raro era el día en el que no invitaban al nuncio a inaugurar una escuela, o una parroquia».

¿Y cómo llega el dinero desde el bolsillo de los españoles a los misioneros? «Los misioneros presentan peticiones de ayudas, que desde la nunciatura se estudian. No podemos financiar todos los proyectos, por ello establecemos una lista de proyectos prioritarios», ha explicado. «Posteriormente, el nuncio envía los proyectos a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos». Tras ser examinados y aprobados por Obras Misionales Pontificias se indica a cada país qué misiones tienen que ser ayudadas, siempre a través de las nunciaturas.

Monseñor Auza ha subrayado la importancia de una Iglesia en salida, misionera, que se plasma, entre otras cosas, con el anuncio que hizo el Santo Padre el pasado febrero de ampliar la formación de los futuros diplomáticos del Vaticano con un año en las misiones. «Esperamos que el Domund sea para cada uno de los católicos un día para pensar en los otros».

Confinados por las armas

En su intervención, el misionero comboniano Enrique Rosich ha reconocido que tiene mucha suerte por vivir «en la Iglesia más joven de África». Aunque todavía no hace 100 años de la llegada del primer misionero, hoy es una iglesia en crecimiento. En la diócesis de Doba, él es hoy el único blanco; en esta iglesia local trabajan 27 curas de 14 nacionalidades, dando forma concreta a la catolicidad de la Iglesia.

Rosich, que ha afirmado que «cuando Dios quiere entrar en la vida de alguien lo hace de muchas maneras», llegó a Chad cuando el país sufría una guerra civil y pocos misioneros se atrevían a ir allí. Durante la guerra, el misionero tuvo que vivir confinado por un virus distinto al del COVID: las armas. En ese momento, cuando no podía salir a evangelizar y se preguntaba qué sentido tenía estar allí encerrado, los cristianos chadianos le dieron la respuesta: «Antes éramos hermanos en Cristo, ahora somos hermanos en el sufrimiento».