Celebramos «el nacimiento del único Hijo de Dios, Jesucristo… Como un país cristiano, hay que recordar lo que representa su nacimiento: la paz, la misericordia, la buena voluntad y, sobre todo, esperanza» La noticia no es tanto lo que se dice, sino quién: el primer ministro inglés, David Cameron, que ha hecho en su discurso de Navidad una cerrada defensa de las raíces cristianas del Reino Unido y ha lanzado una petición de solidaridad con los cristianos perseguidos. Sin tanto ardor, pero con no menos rotundidad, el presidente norteamericano, Barack Obama, ha pedido en estos días en que «celebramos el nacimiento de Jesucristo» oraciones por los cristianos víctimas de «una violencia y una persecución atroces». Ni Cameron ni Obama pretenden pasar por prototipos de gobernantes cristianos, pero hablan de cuestiones de fe sin complejos. Como la alemana Angela Merkel, que dijo hace unas semanas que Europa necesita «más personas que tengan el valor de decir: “Soy cristiano”». Una Europa fiel a sus raíces no será menos solidaria con los demás, sino al contrario. «Los valores cristianos –decía Cameron– son el motivo por el que Gran Bretaña ha sido un hogar tan exitoso para las personas de todos los credos y para quienes no tienen ninguno».