Diálogo de arte sacro y contemporáneo - Alfa y Omega

Diálogo de arte sacro y contemporáneo

El proyecto La Iberoamericana de Toro tiende puentes entre el arte moderno, con obras de 30 mujeres artistas internacionales, y el arte antiguo de las iglesias zamoranas

Ana Robledano
‘Santa Catalina de Alejandría y su fe’, de Susana Guerrero. Iglesia de San Sebastián. Fotos: José Luis de la Parra

La ciudad de Toro, en Zamora, acoge este verano una serie de obras de mujeres artistas contemporáneas en un recorrido por las principales iglesias y lugares históricos de la localidad. Destacan las exposiciones de las iglesias de San Sebastián, Santo Sepulcro, San Agustín y San Lorenzo. Este proyecto, titulado La Iberoamericana de Toro, es una iniciativa cultural del Ayuntamiento de dicha ciudad y del Gabinete de la Sociedad de Amigos de las Artes, comisariada por Manuel Víctor del Campo Yllera.

Son más de 150 obras de 30 creadoras iberoamericanas, como Marina Núñez, Susana Guerrero, Mar Solís o Marina Vargas, entre otras, y se trata de la primera edición de un concepto expositivo que tiene como pilares los lazos de esta ciudad con América y la proyección de mujeres artistas del siglo XXI para favorecer la igualdad en el mundo del arte. La obra contemporánea entra en diálogo con el arte sacro y antiguo de cada iglesia y su arquitectura, que datan en su mayoría de los siglos XII y XV. Esta combinación tiende puentes entre lo tradicional y lo moderno con un lenguaje único que busca puntos de unión.

‘Cielo errante’ (detalle), de Marina Nuñez, expuesto en la iglesia del Santo Sepucro.

El país invitado en este estreno del proyecto es México, en colaboración con su embajada y el Instituto Cultural de México en España. Doce artistas mexicanas muestran su trabajo más actual. Entre ellas cabe mencionar a Susana Casarín, Ximena Pérez Grobet y Flavia Tótoro Taulis.

La representación española reúne a 16 artistas de reconocido prestigio nacional e internacional. En la iglesia del Santo Sepulcro, sobresale la obra de la madrileña Mar Solís, una de las creadoras más singulares del panorama escultórico nacional. Sus piezas monumentales manifiestan un camino de exploración que convierte el espacio en escenografía al servicio del arte. Su participación en este proyecto lo titula Fúrico, materia antimateria. La artista medita sobre su propia creación al sintonizarla en el ambiente de una iglesia antigua, y ella misma confiesa que «exponer en la iglesia del Santo Sepulcro ha supuesto una revisión espacial y argumental de mi trabajo; interactuar con los ábsides y bóvedas, la luz, el silencio, la imaginería de gran valor artístico y patrimonial… Es un espacio verdaderamente impactante donde ha sido un lujo revisar mi trabajo y reflexionar». Sin embargo, sus creaciones parten ya de una sensibilidad que va muy unida a lo trascendental y sobrenatural. Asegura que su obra «tiene un poderoso contenido espiritual que se hace notorio en lugares erigidos para el culto. Son manifestaciones abstractas, entre la fragilidad y el equilibrio, que imitan el ritmo orgánico de la naturaleza. Desean elevarse hacia lo transcendente».

‘Fúrico, materia antimateria’. Obra de Mar Solís. Iglesia del Santo Sepulcro.

En el mismo espacio, Marina Vargas expone una de las piezas de mayor impacto estético del proyecto. Su escultura Piedad invertida es, como claramente describe el título, una imagen transformada de la tradicional Piedad. En este caso, Cristo sostiene a su madre con su corazón en la mano. Transmite un enfoque empático al sufrimiento de la Virgen. La artista de Palencia Marina Núñez dialoga con estas piezas a través de su obra Cielo errante. Sobre la plataforma del vídeo, la artista expone que «se suceden dos modelos cosmológicos: uno religioso, otro científico. Los ángeles y las galaxias de nubes apresadas en esferas nos ofrecen, desde perspectivas radicalmente diferentes, el sueño ansiado y compartido de un cosmos comprensible, armonioso y bajo control».

‘Piedad invertida’, de Marina Vargas. Iglesia del Santo Sepulcro.

En la iglesia de San Sebastián destaca Santa Catalina de Alejandría y su fe, de Susana Guerrero. «Víctor del Campo me mostró los maravillosos frescos de santa Catalina de Alejandría firmados por Teresa Díez y empecé a buscar información sobre ella. Tengo varias series en la que trabajo con referentes de mujeres decapitadas», explica la artista. La llama dorada en sus obras simboliza el aliento vital de esas mujeres que permanece tras el martirio. «Otra cosa que me interesó mucho de santa Catalina es que fuera una santa auxiliadora, invocada para no perder la fe», añade.

La ciudad zamorana nos ofrece este interesante intercambio de estéticas donde el arte sacro y el femenino contemporáneo entran en comunicación y sintonía. Una experiencia cultural interesante y completa.