De la cultura a la inteligencia artificial: La mirada antropológica de los Papas en la UNESCO - Alfa y Omega

El reciente viaje del Papa León XIV a la UNESCO en París, del 25 al 28 de septiembre de 2026, representa un hito significativo en la historia de la relación entre la Santa Sede y esta organización internacional. Desde 1952, cuando la Santa Sede estableció una Misión Permanente de Observación, solo dos pontífices han visitado físicamente la UNESCO: Juan Pablo II en 1980 y ahora León XIV en 2026. Esta visita se enmarca en un contexto especial: el próximo año se cumplirán 75 años de esta colaboración, un aniversario que invita a reflexionar sobre la evolución de las ideas papales sobre cultura, educación, ciencia, y ahora, inteligencia artificial.

Aunque Pablo VI no visitó la UNESCO, ya en 1965 dejó una idea clave que marcaría el rumbo: alfabetizar no solo es enseñar técnicas, sino promover el desarrollo integral de la persona, abriendo el camino hacia la ciencia, la cultura, la verdad moral y la dimensión espiritual. Su enfoque en un humanismo pleno, que busca «a todos los hombres y a todo el hombre», fue retomado por León XIV en su encíclica Magnifica humanitas (2026). Juan Pablo II, en su histórica visita a la UNESCO en 1980, subrayó que la cultura existe para que el ser humano pueda «ser más» plenamente hombre, integrando materia y espíritu. Además, reivindicó la educación y la familia como pilares fundamentales, y alertó sobre la necesidad de que ciencia y tecnología siempre estén al servicio de la dignidad humana.

Benedicto XVI, aunque tampoco pisó la UNESCO, insistió en los límites de la ciencia y la razón, recordando que la verdad, aunque nunca completamente alcanzable, nos posee y nos motiva a buscarla responsablemente. La ciencia, en su visión, no puede abordar por sí sola todas las preguntas del ser humano, especialmente las relacionadas con su existencia y finalidad.

El Papa Francisco, por su parte, amplió el horizonte al conectar educación, fraternidad, ecología y diálogo interreligioso. A través del Pacto Educativo Global y su famosa encíclica Laudato si’ (2015), propuso una educación que fomente solidaridad universal, cuidando no solo el conocimiento sino el tejido mismo de las relaciones humanas y la casa común, la Tierra.

Sin romper con esta tradición, León XIV ha dado un paso novedoso al introducir la inteligencia artificial (IA) como una cuestión fundamentalmente antropológica, no solo tecnológica. Plantea preguntas profundas: ¿qué significa ser humano en un mundo donde las máquinas pueden realizar tareas asociadas a la inteligencia humana? Este enfoque va más allá de la tecnología y la geopolítica para interrogar qué tipo de educación, cultura y comunidad internacional deseamos construir.

León XIV advierte sobre la paradoja de llamar «inteligencia» a sistemas computacionales mientras se corre el riesgo de deshumanizar a las personas, juzgándolas solo por su eficiencia y productividad. Utiliza las imágenes bíblicas de la Torre de Babel y Pentecostés para simbolizar el desafío de pasar de una globalización dominada por la imposición y el conflicto a una comunión reconciliada en la diversidad.

Así, reinterpreta las contribuciones de sus predecesores: Pablo VI propuso la educación para la paz; Juan Pablo II, la cultura para la verdad y la dignidad; Benedicto XVI, la ciencia abierta a la verdad; Francisco, la fraternidad y la ecología integral; y León XIV, la tecnología y la IA al servicio de la persona y la humanidad. En su visión, educación, ciencia y cultura deben integrarse para promover la dignidad humana, la libertad responsable y construir una paz duradera.

En su discurso ante la UNESCO, el Papa destacó la necesidad de una educación integral que responda a la pregunta central: ¿qué significa ser humano? Definió al ser humano como hijo, hermano, ser necesitado, libre y responsable. La libertad, sostuvo, está inseparablemente unida a la verdad, la justicia y la responsabilidad, y solo al orientarse hacia el bien y la verdad alcanza su máximo esplendor.

La educación y la tecnología, especialmente la inteligencia artificial, deben estar al servicio de la persona. La IA puede procesar datos, pero no responde al sentido de la vida. Además, León XIV plantea un criterio ético para medir el respeto a la dignidad humana: cómo tratamos a los más vulnerables, desde niños y ancianos hasta migrantes y discapacitados. Subraya que la crisis ecológica actual es también una crisis antropológica inseparable de nuestra relación con la naturaleza y con los demás.

Finalmente, León XIV llama a reconstruir la confianza en las instituciones internacionales, fomentar el diálogo intercultural y la esperanza como caminos esenciales para que la paz florezca. Reivindica la pobreza como parte constitutiva de la condición humana y propone una antropología de la dependencia, el cuidado y la fraternidad, donde necesitar al otro es un rasgo fundamental de nuestra humanidad.

Su mensaje también destaca que la búsqueda de la verdad es una cuestión de justicia social en un mundo saturado de información. La educación mediática y la responsabilidad digital son fundamentales para esta búsqueda, y la religión sigue aportando una búsqueda de sentido indispensable para afrontar las grandes preguntas de la existencia.

León XIV concluye que solo una educación, ciencia y cultura integradas, respetuosas de la dignidad, la verdad, la libertad, la diversidad, la tecnología y la ecología, pueden construir una paz duradera y una fraternidad universal en este siglo XXI.

P. Isaac González Marcos, OSA