Cuaresma: tiempo de sembrar
Frente a «la avidez y la soberbia» tan presentes en nuestro mundo, Francisco aboga por «sembrar el bien»
Con la imposición de la ceniza, el pasado miércoles, 2 de marzo, comenzó la Cuaresma, unas semanas clave en la vida de todos los católicos, a quienes se nos anima a parar, a detenernos en las propias obras y en nuestra relación con Dios, y a prepararnos para la Pascua de Jesucristo. Se trata, como recuerda el Papa en su mensaje para este año, de un tiempo siempre «favorable para la renovación personal y comunitaria».
A partir de la invitación de san Pablo a los gálatas de que «no nos cansemos de hacer el bien», el Pontífice alienta a «cambiar de mentalidad», conscientes siempre de que «cosecharemos los frutos a su debido tiempo». Frente a «la avidez y la soberbia» o «el deseo de tener, de acumular y de consumir» tan presentes en nuestro mundo y particularmente en contextos como el español, aboga por «sembrar el bien», entendiendo que esto nos conecta con Dios —«el primer agricultor»— y asumiendo también que no siempre veremos los frutos.
En una sociedad marcada por el individualismo y que busca resultados inmediatos, el Sucesor de Pedro anima, antes de nada, a acudir al Señor para recargar fuerzas y renovar la esperanza. A fin de no caer en el error de «pensar que nos bastamos a nosotros mismos», subraya la la conveniencia de orar y, de esa forma, experimentar «el consuelo de la fe en Dios, sin el cual no podemos tener estabilidad».
En esta línea, con la vista puesta en «el ayuno corporal que la Iglesia nos pide en Cuaresma», Francisco apuesta por no cansarse de «extirpar el mal de nuestra vida» ni de «pedir perdón» en el sacramento de la Reconciliación. Y, recordando la práctica de la limosna a la que también se nos invita, insiste en la necesidad de «la caridad activa hacia al prójimo». «El ayuno prepara el terreno, la oración riega, la caridad fecunda», abunda. Es tiempo de sembrar y así cosechar. Hoy mejor que mañana. ¿Nos ponemos a ello?