El presbiterio de Madrid está avanzando en el proceso de CONVIVIUM. Los 1.585 sacerdotes convocados han ido dando los pasos marcados en los últimos meses. Todos ellos, así como los consejos pastorales, las vicarías, la vida consagrada y otras realidades eclesiales, han tenido la posibilidad de ofrecer sus aportaciones.
Desde el sentir de la diócesis
Las respuestas han sido sintetizadas por el equipo responsable y recogidas en el Cuaderno Preasamblea. Allí aparecen los datos del clero de Madrid y, a partir de las respuestas más destacadas, se formulan las preguntas que acompañan la conversación en el Espíritu. Este es uno de los momentos más importantes de las preasambleas, que se están realizando en el Seminario Conciliar de Madrid a lo largo de seis días diferentes.
Los presbíteros, divididos por décadas según el tiempo que ha pasado desde su ordenación, se encuentran, rezan juntos, meditan la Palabra, responden a las preguntas formuladas, presentan los temas que quieren abordar en CONVIVIUM, los focus groups (grupos focales) de los que quieren participar y comparten la mesa. Lo hacen en un ambiente de fraternidad y alegría que hace posible que los presbíteros puedan dar pasos que los ayuden a crecer en su identidad como presbiterio.
Centralidad de Jesucristo
Para ello es necesario escuchar y dialogar, descubrir lo que la Iglesia de Madrid le da a cada presbítero y lo que cada sacerdote le da a su archidiócesis. Una dinámica que ayuda a recuperar la centralidad de Jesucristo en la vida presbiteral, siendo conscientes de que ese mirar no es algo exclusivo de cada uno, sino que es una actitud presente en la vida de muchos compañeros de camino. Juntos participan de una gran misión y van en una barca mucho mayor que la que cada uno puede pensar que tiene.
Ser apóstoles de la fraternidad es una de las llamadas que la Iglesia de Madrid, a través de su cardenal arzobispo, hace al presbiterio madrileño en este momento. CONVIVIUM quiere insuflar ánimo en todos los sacerdotes de la archidiócesis para así asumir una forma renovada de estar en la Iglesia. Una oportunidad para entender que la misión común de la Iglesia es superior a las ocupaciones personales.
Se trata de cuidar unos de otros como presbíteros, de tener la humildad de preguntar, unos a otros, pero también al pueblo de Dios que la Iglesia confía a cada sacerdote. Solo juntos se descubre lo que Dios quiere, lo que Dios pide a los curas de Madrid en este momento. Siempre escuchando lo que la Iglesia dice, lo que dicen los presbíteros con quienes se comparte misión, lo que dice el pueblo de Dios al que cada uno acompaña.
Sentirse parte de la comunidad
Así se conseguirá «que en todos los lugares suene la misma música, con notas distintas, pero que suene la misma música», en palabras del cardenal José Cobo a los presbíteros de Madrid. Un sentir con la Iglesia que va siendo asumido por el clero. Sentirse parte de la comunidad diocesana, ser conscientes de la necesidad de organizarse armónicamente, con los recursos y posibilidades existentes.
Un tema fundamental en la vida presbiteral es aprender a trabajar en equipo. CONVIVIUM, y las reflexiones que se están llevando a cabo en torno a él, es una oportunidad impar para avanzar en los procesos evangelizadores. Para ello es necesario delegar, formar agentes de pastoral que asuman la misión común de la Iglesia.
Encontrar la ruta con otros
Un camino que ayudará a los sacerdotes de Madrid a estar juntos, a decirse las cosas unos a otros. Así, cuando alguien no sepa en qué dirección avanzar, podrá encontrar en los otros, en los hermanos presbíteros, una luz para encontrar la ruta a seguir. La ayuda mutua, la palabra oportuna y sincera, hará que la dirección sea buena. Y, lo más importante, posibilitará entender que la vida del presbítero cobra sentido cuando descubre que no se trata de hacer lo que uno quiere, sino la voluntad de Dios.
Para ello CONVIVIUM, un espacio eminentemente eclesial, algo muy de la vida de la Iglesia, es una gran oportunidad. A través de él, los presbíteros de la archidiócesis de Madrid son provocados a entender que la Iglesia no es espacio de mayorías, un espacio para hacer lo que más luzca, sino lugar para hacer lo que Dios está pidiendo.