Confinados en un centro de menores

Lucía García hace turnos de una semana con sus compañeros del Centro Don Bosco de Villamuriel de Cerrato (Palencia) para atender a los 13 menores tutelados que viven en él. Están respondiendo al confinamiento «mucho mejor» de lo esperado. «A algunos chicos incluso les ha venido bien. Al estar las 24 horas con nosotros la intervención ha sido mucho más directa»

José Calderero de Aldecoa
Menores del Centro Don Bosco de Villamuriel de Cerrato haciendo una actividad durante el confinamiento. Foto: Centro Don Bosco de Villamuriel de Cerrato

Lucía García hace turnos de una semana con sus compañeros del Centro Don Bosco de Villamuriel de Cerrato (Palencia) para atender a los 13 menores tutelados que viven en él. Están respondiendo al confinamiento «mucho mejor» de lo esperado. «A algunos chicos incluso les ha venido bien. Al estar las 24 horas con nosotros la intervención ha sido mucho más directa»

La hija de Lucía García acaba de cumplir 1 año. Sus padres, sin embargo, ya tienen 86 y «una fuerte dependencia. Mi padre tiene una discapacidad del 68 %». Entre medias está ella, que, a pesar de la situación en casa, lleva desde el lunes durmiendo en el Centro Don Bosco de Villamuriel, en el que ejerce de educadora. «Habitualmente hacemos turnos de mañana, tarde y noche, y de fines de semana, pero con el confinamiento hemos decidido hacer turnos para venirnos a vivir una semana cada uno con los chicos».

Ante el Estado de alarma y el confinamiento, los menores «nos necesitaban más que nunca. Además, así minimizamos el riesgo de contagio. Son niños con una historia muy difícil detrás y esta situación no ha hecho más que agravar su día a día». Por ejemplo, «los chicos tienen un régimen de visitas y la primera semana tuvimos que suspenderlo por completo».

Sin poder ver a sus familias, ni salir a la calle, los educadores del centro se convirtieron en un apoyo fundamental. «Han sufrido mucho y están muy estigmatizados, pero son niños que no han hecho nada malo. Lo único que hacemos nosotros es tratar de vivir con ellos los valores salesianos, donde se repiten constantemente palabras como cercanía, hogar, familia…». Y como en cualquier hogar, el encierro ha traído las clases online. En clase y en «hacer las tareas escolares» los chicos se afanan «durante toda la mañana. Ya por la tarde tenemos preparas infinidad de actividades, desde deporte, hasta lógica, pasando por todo tipo de juegos», explica García.

Vino a España a jugar al fútbol

El resultado es «mucho mejor del que nos esperábamos. Teníamos miedo de que les pudiera costar sobre todo el tema de no poder salir a la calle, pero están respondiendo fenomenal. A algunos chicos incluso les ha venido bien el confinamiento. Al estar las 24 horas con nosotros, la intervención ha sido mucho más directa».

En este sentido, la desescalada se abre para ellos con forma de futuro incierto. «Muchos de los chicos tienen 17 años y les queda demasiado poco para tener que buscarse la vida por sí solos», concluye la educadora. Es el caso de Luis Alberto (nombre ficticio), que el próximo mes de septiembre cumplirá 18 años y que entonces deberá abandonar el centro sin una familia en España que le apoye. Él es colombiano y desde muy pequeño tenía el sueño de ser futbolista. Por eso, cuando lo ofrecieron venir a jugar a España no se lo pensó dos veces. «Me dijeron que iba a venir a estudiar y a jugar al fútbol a la vez, pero fue todo mentira». En realidad, lo que hicieron «fue pedirle una cantidad de dinero a mi mamá que no tenía». Luis Alberto acabó en el Centro Don Bosco de Villamuriel, donde los salesianos «me han tratado muy bien desde el primer día que llegué y estoy feliz aquí», asegura en conversación con Alfa y Omega.

Pero además de la acogida, desde el hogar salesiano le dieron también al joven la oportunidad de labrarse un futuro. «Actualmente, estoy preparando una FP de mecánica y mi idea es ponerme a trabajar en cuanto termine los estudios», asegura.

José Calderero de Aldecoa @jcalderero