Con esta Biblia san Vicente Ferrer predicó por toda Europa
El Archivo de la Catedral de Valencia custodia este libro del santo dominico, que un investigador piensa que incluso pudo regalarle el Papa Luna
Cuando se instruyó la causa de canonización de san Vicente Ferrer, un testigo subrayó cómo siempre viajaba solo con dos libros: la Biblia y el breviario. Pues bien, la primera todavía se conserva en el Archivo de la Catedral de Valencia. Se trata de un libro copiado sobre vitela, un pergamino de muy buena calidad. En 510 páginas que no llegan a 18 por 24 centímetros, contiene todos los libros de la Vulgata, algunos prólogos de san Jerónimo y dos epístolas suyas, explica Francisco Gimeno Blay, catedrático de Paleografía en la Universidad de Valencia, que lo ha investigado de forma exhaustiva.
Aun así, «no pude averiguar cómo y cuándo llegó a la catedral», reconoce. Sí hay constancia es de que se custodiaba allí ya en el siglo XVI. De ese siglo data una anotación en su primera página que «dice que es la Biblia que llevaba san Vicente Ferrer», por lo que «se ha conservado como una reliquia». Además, «añadieron en un tiempo posterior otra que dice que en la Biblia hay muchas notas y comentarios de su propia mano».

Gimeno Blay explica que es del último cuarto del siglo XIII, casi un siglo antes de llegar a manos del santo dominico valenciano. «Dudo de que la comprara él. Quizá lo hizo su convento o tal vez fuera un regalo». Por otro lado, «hay muchos indicios» de que es francesa; en concreto, parisina. «Es una Biblia portátil, que sabemos que se copiaban en París a la sombra de su universidad» porque allí «acudían muchos teólogos a estudiar» desde lejos. Este formato «está muy relacionado con los dominicos y los franciscanos», órdenes con predicadores itinerantes que necesitaban poder «transportarla y leerla en cualquier lugar».
Además, «los paleógrafos distinguimos entre distintos tipos de escrituras», y esta gótica caligráfica «se utilizaba en París», asegura el experto basándose en «algunas abreviaturas». Otra pista es el índice de palabras hebreas, con adiciones de «un teólogo parisino del siglo XIII». Por último, está escrita a doble columna con en torno a 40 líneas cada una, características que se usaban en París.
Todos estos datos dan a esta Biblia una particular relevancia. Apuntan a que llegó a san Vicente Ferrer durante su época en la corte del antipapa Benedicto XIII, el Papa Luna, en Aviñón, cuando se convirtió en su confesor, al estar sinceramente convencido de que era el Pontífice legítimo. La Biblia pudo ser incluso un obsequio suyo, como otros dos libros que hay en la catedral valenciana.
Por otro lado fue allí, en Aviñón, donde san Vicente Ferrer tuvo su célebre visión. Estando gravemente enfermo se le aparecieron Jesucristo, santo Domingo y san Francisco, a los que imploró su sanación para poder dedicarse a predicar la conversión. «Se curó y decidió abandonar la ciudad» y recorrer Europa predicando durante 20 años, desde 1399 a 1419, relata Gimeno. Así también se alejaba de la corte papal, donde sufría por la división de la Iglesia.
Durante esos años recorriendo el Viejo Continente, «fue cambiando de opinión» sobre el Papa legítimo «al ver que Benedicto XIII se obstinaba en el cargo». Ya convencido de su error, intentó hacerle entrar en razón y, al no lograrlo, «empezó a predicar la desobediencia» al Papa Luna, narra Gimeno Blay. En 1416, por petición de Fernando I, publicó el texto por el cual Aragón, Navarra y Castilla, hasta entonces leales a él, se sustraían a su obediencia. Al año siguiente Martín V fue elegido como único Papa. Esto implica que la Biblia que aún hoy se conserva en Valencia no solo fue la que llevó encima y «usó todos los días» para la Misa y para preparar las predicaciones que le hicieron famoso por diversos países, sino también la que le ayudó a orar y discernir este cambio de opinión clave para el desarrollo posterior de los acontecimientos.
Gimeno Blay también ha investigado la afirmación de que las notas a mano, presentes sobre todo en los Evangelios y las cartas de san Pablo y que son en su mayoría referencias a otros pasajes, son autógrafas de san Vicente Ferrer. Ha concluido que, efectivamente, «mayoritariamente lo son. Algunas solo pudo escribirlas él o un predicador de su misma altura» y fama. Por ejemplo, hay una en el Evangelio de san Mateo en la que «equipara la llegada del Reino con su predicación». Esta afirmación no asombra al experto, pues san Vicente Ferrer «se presenta en varias ocasiones como discípulo del Espíritu Santo o de Cristo».