Como esa viuda - Alfa y Omega

Como esa viuda

Lunes de la 34ª semana del tiempo ordinario / Lucas 21, 1-4

Carlos Pérez Laporta
‘Óbolo de la viuda’. Mosaico del siglo VI en la iglesia de Santa Apolonia en Ravena, Italia. Foto: Lawrence OP.

Evangelio: Lucas 21, 1-4

En aquel tiempo, alzando Jesús los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el tesoro del templo; vio también una viuda pobre que echaba dos monedillas, y dijo:

«En verdad os digo que esa viuda pobre ha echado más que todos, porque todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Comentario

«En verdad os digo que esa pobre viuda ha echado más que todos, porque todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir». A veces solo damos las sobras, no solo de nuestro dinero, sino también de nuestro tiempo, de nuestra vida, y de nuestro afecto, y esa es la primera corrección que nos hace Jesús. Pero aun cuando no queremos dar solo las sobras, como esos ricos del Evangelio, ¿quién lo puede dar todo?

Decía Kierkegaard que los hombres viven el drama de no poder ser ni totalmente generosos ni totalmente egoístas. Y decía una gran verdad cotidiana. Aunque solo sea por sus efectos negativos, es muy probable que nunca consiguiéramos perdernos viviendo solo para nosotros mismos. Pero todos podemos vivir en gran medida esa sensación de no poder nunca tampoco darnos por entero a la propia vocación, por mucho que lo pretendamos. Es posible que demos grandes cantidades de tiempo, afecto y esfuerzos. Pero, ¿quién da realmente todo lo que tiene y todo lo que es?

Jesús dice esto ya en Jerusalén, cuando le queda poco tiempo. Está dando los últimos instantes de su vida, apurándola hasta el final, por nuestra conversión. Cristo es el que lo da todo. Él siempre se da por completo, sin miedo, porque sabe que darse por el Padre no es perderse. Nosotros podemos darnos por completo si instante tras instante nos ofrecemos al plan de Dios, poco a poco, como esa viuda. Si vamos dando las pocas monedas de nuestra vida a la construcción del templo, allí donde se nos ha solicitado, quizá no nos demos en un solo acto, pero toda nuestra vida será una ofrenda a Dios.