Chopin, Jovellanos y el cuñado de Goya vivieron en este monasterio  - Alfa y Omega

Chopin, Jovellanos y el cuñado de Goya vivieron en este monasterio 

La Cartuja de Valldemosa, en la diócesis de Mallorca, es una joya escondida en la sierra de Tramontana. Tras sufrir la desamortización de Mendizábal, sus celdas se convirtieron en habitaciones particulares para la élite de la época

Rodrigo Moreno Quicios
La cartuja está enclavada en la sierra de Tramontana y rodeada de casas de pueblo que atraen a excursionistas.
La cartuja está enclavada en la sierra de Tramontana y rodeada de casas de pueblo que atraen a excursionistas. Foto: Wikimedia Commons / María Rosa Ferre.

La Real Cartuja de Jesús de Nazaret, más conocida como Cartuja de Valldemosa, «es la única cartuja que tenemos en toda la diócesis» de Mallorca, nos explica Xisco Vicens, su vicario episcopal de Patrimonio. Se erige sobre los restos de una pequeña iglesia gótica del siglo XV que «era de patrocinio real», pues Martín I de Aragón, el Humano, la promovió. No obstante, como «la gótica se quedó pequeña», a principios del siglo XVIII «se decidió rehacerla en estilo neoclásico» con la mala fortuna de que «nos pilló a media obra la desamortización» de Mendizábal. Esta serie de expropiaciones provocó que «solo se terminara la iglesia, uno de los claustros secundarios y un rango de habitaciones».

«Casi más grande que el pueblo»

Un primer elemento a destacar de este templo es «su enclave», pues «está en medio de la sierra de Tramontana, que es Patrimonio de la Humanidad». Entre estas «montañas fantásticas», la Cartuja de Valldemosa «es casi más grande que el pueblo». No obstante, a pesar de su ubicación recóndita y las trabas que supusieron las expropiaciones, «la decoración de la iglesia tiene dos conjuntos impresionantes» que se han conservado, pues la guerra civil española y las invasiones napoleónicas, «gracias a Dios, no tuvieron grandes repercusiones en el patrimonio de Mallorca».

La celda que Frédéric Chopin y George Sand habitaron en el invierno de 1838 a 1839 y sobre la que ella escribió.
La celda que Frédéric Chopin y George Sand habitaron en el invierno de 1838 a 1839 y sobre la que ella escribió. Foto: Wikimedia Commons / M47mallorca.

La primera gran riqueza del templo son 14 cuadros de Joaquín Juncosa —«un pintor barroco con renombre»— de escenas de la Pasión y que «no son propiamente un vía crucis», pues entre ellas está, por ejemplo, la Última Cena. Y la segunda son «los frescos de la cúpula», pintados por Francisco Bayeu y Subías, «un francés cuñado de Goya». De hecho, «si no hubiera sido por su cuñado, que se llevó toda la fama y los laureles de la época, seguramente Bayeu hubiera sido de los más reconocidos» pero, como bromea Vicens, «contra Goya no hay quien pueda ganar».

Fruto de la desamortización, las celdas de la Cartuja de Valldemosa «se transformaron en habitaciones particulares de distintas familias que las alquilaban, compraban y vendían». A día de hoy, muchas siguen en manos de particulares. «Algunos las tienen abiertas a visitas y para otros son sus casas de verano», matiza Vicens, ya que la estancia de un cartujo «no es solo su habitación sino que tiene una recámara, un jardín y es un pequeño apartamento».

Fachada exterior del monasterio. Está muy ajardinado y cada celda era en realidad «un pequeño apartamento».

Fachada exterior del monasterio. Está muy ajardinado y cada celda era en realidad «un pequeño apartamento». Foto: Wikimedia Commons / LucT.

Chopin vivió aquí

Entre las muchas personas que han pasado por estas llamativas viviendas, «dos de sus inquilinos famosos fueron Frédéric Chopin y su esposa», la escritora francesa George Sand. A raíz de su estancia publicó Un invierno en Mallorca, libro en el que «nos pone de brutos para arriba», cuenta entre risas el vicario de Patrimonio. Para curar su tuberculosis, los médicos del pianista polaco le recomendaron viajar a la isla en busca de mejor aire, pero «la humedad por poco lo mata», recuerda Vicens. Otros habitantes famosos de estas celdas fueron el ya mencionado Bayeu, «que dejó bastante producción por la isla» y Gaspar Melchor de Jovellanos, que en su caso no vivió en la cartuja como inquilino sino recluido arbitrariamente por el ministro Manuel Godoy por cuestiones políticas. Después, cuando se trasladó al ensayista al Castillo de Bellver en la isla para continuar su presidio, Bayeu y Jovellanos «se cartearon» regularmente. 

Xisco Vicens explica que «esta iglesia sirvió de modelo para hacer otras dos que eran la misma en pequeñito». La primera, la ermita de Belén en Artà, inaugurada en 1805 y donde «se repiten los esquemas y el estilo de la cartuja». La segunda se proyectó tras una peste en 1821 en este mismo pueblo. «La mitad de la población murió y se utilizó el santuario local como lazareto». Y «como en aquel momento la única forma de purificar algo era quemándolo, se destruyó por completo aquella ermita y se construyó esta», rememora el vicario.

Algunas habitaciones son ahora visitables para que los turistas descubran cómo era aquí la vida consagrada.
Algunas habitaciones son ahora visitables para que los turistas descubran cómo era aquí la vida consagrada. Foto: Wikimedia Commons / ENRIC.

Maiorica Sacra para descubrir

Actualmente ya no viven cartujos en este monasterio, pero «la iglesia conserva el culto: tiene Misa semanal y en ella se hacen algunas celebraciones», como la del pasado Viernes Santo. El vicario de Patrimonio aclara que «sobre todo la tenemos abierta para que puedan venir los visitantes». Precisamente «este año hemos puesto en marcha en la diócesis Maiorica Sacra. Es una plataforma de difusión y gestión del patrimonio religioso de la Iglesia», entre él este templo, su sala capitular y la sacristía. Buscan «ofrecer un discurso adecuado» y dar a conocer «la historia del edificio» a los turistas que vienen a la isla —los ancianos y los aficionados al ciclismo cada vez son más— y buscan una oferta cultural. «Hace unos diez años se arregló todo el tejado y tuvimos que hacer algunas reparaciones puntuales, pero la inversión más fuerte ha sido adecuar todos los accesos y la cartelería e infraestructura para que el visitante, cuando salga, entienda mejor qué fue esto, el motivo por el que se hizo y pueda descubrir el arte y la espiritualidad de la vida cartuja».