Chipre, Grecia y la fraternidad según Francisco - Alfa y Omega

Francisco visita Chipre y Grecia estos días, del 2 al 6 de diciembre, «con alegría». Como él mismo explica en un videomensaje mandado a los fieles de ambos lugares, sigue «las huellas de los primeros grandes misioneros» como Pablo y Bernabé, y esta «peregrinación a las fuentes» constituye una ocasión para «redescubrir la alegría del Evangelio».

Aparte de encontrarse con autoridades civiles, en la isla –«la avanzadilla de Tierra Santa en el continente»– y en el país heleno –«la cuna de la cultura clásica»–, el Papa va a reunirse con los líderes ortodoxos y con las pequeñas comunidades católicas. Así, igual que en tantas otras ocasiones, hace una llamada a la fraternidad y a la aportación clave de las religiones.

Además, dado que ambos países están regados por el Mediterráneo, el «mar que ha sido testigo de la expansión del Evangelio y el desarrollo de grandes civilizaciones» y ahora se ha convertido en «un cementerio», el Pontífice pone de nuevo rostro a la migración. Al ayudar a que 50 refugiados salgan de Chipre a través de corredores humanitarios y al volver a Lesbos, donde hace cinco años tuvo un gesto similar, reitera su apuesta por las vías seguras y por conjugar los verbos acoger, proteger, promover e integrar.

En esta línea, en su mensaje por el 70 aniversario de la Organización Internacional para las Migraciones, recuerda que quienes dejan atrás sus hogares lo hacen por «desesperación» –como se ve en Calais–, que muchas veces son usados por «redes criminales» o «como peones en el tablero de ajedrez» –como se ve en Bielorrusia–, y que enriquecen a las sociedades que los acogen. Según subraya, la comunidad internacional debe trabajar para que la migración sea «una elección bien informada y no una necesidad desesperada», sin olvidar nunca «la dignidad inherente de todos los miembros de la misma familia humana». Es urgente.

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