«Celebra la diversidad y respeta el hiyab» - Alfa y Omega

La belleza está en la diversidad como la libertad en el hiyab. Con este eslogan, el Consejo de Europa, con dinero de la UE, lanzó a comienzos de noviembre una campaña en la que, como si de un reclamo publicitario se tratara, llamaba la atención sobre lo aburrido que sería el mundo si todos vistiésemos con las mismas ropas. Inmediatamente, el Gobierno francés protestó y el Consejo de Europa retiró la campaña. El hiyab no es una moda, ni una prenda más en el vestuario de las mujeres. De hecho, el hiyab no tiene que ver con la variedad en el gusto, sino con los derechos humanos y la noción de ciudadanía. 

Llama la atención que solo el Gobierno francés se apresurara a denunciar esta campaña y ningún otro ejecutivo dijese nada. En España, el Gobierno no solo guardó silencio, sino que la vicepresidenta Yolanda Díaz y otras cuatro políticas, una de ellas velada, se subieron a un escenario pocos días después de la retirada de la campaña, consagrando las mismas tesis que el Consejo de Europa. La diversidad es el cajón de sastre en el que cabe todo. También el hiyab, que, a base de banalizarlo, como ha hecho la vicepresidenta de la Generalitat Valenciana, Mónica Oltra, al compararlo con unos zapatos de tacón, se normaliza hasta el punto de ser considerado un símbolo de libertad. 

Es difícil de entender que instituciones europeas promuevan lo contrario de lo que Europa debería defender. Tan difícil de entender como que mujeres occidentales con responsabilidades políticas se sumen a la performance del World Hiyab Day, mientras las mujeres de los países musulmanes pelean por no tener que cubrirse. Por supuesto que las mujeres pueden elegir ir veladas, pero lo que no pueden hacer quienes lo defienden es engañarnos. El hiyab no es una prenda de vestir. Si lo fuera, se la quitarían. Y no lo hacen. Es un símbolo identitario que el islamismo político, que no el islam, arroja a la cara de las mujeres europeas al mismo tiempo que nos hacen creer, ¡y parece que nos lo creemos!, que no tenemos derecho a oponernos a su legalización.