Carta de León XIV a CONVIVIUM: una invitación a «una reflexión serena y honesta»
«Desde un sincero deseo de fraternidad y unidad», el Santo Padre ha agradecido la disponibilidad para reunirse como presbiterios «para sosteneros mutuamente en la misión que compartís»
CONVIVIUM, la asamblea sacerdotal de la archidiócesis de Madrid, reúne los días 9 y 10 de febrero de 2025 a 1.200 participantes. A ella se ha unido a través de una carta el papa León XIV. «Desde un sincero deseo de fraternidad y unidad», el Santo Padre ha agradecido la disponibilidad para reunirse como presbiterio «para sosteneros mutuamente en la misión que compartís».
Entrega silenciosa
La carta valora los diversos compromisos asumidos por los sacerdotes y reflexiona sobre situaciones propias de este ministerio como el cansancio o las situaciones complejas, destacando «una entrega silenciosa de la que sólo Dios es testigo». Con sus palabras, el Pontífice quiere mostrar «un gesto de cercanía y de aliento», viendo este encuentro como oportunidad de «escucha sincera, de comunión verdadera y de apertura confiada a la acción del Espíritu Santo».
La asamblea es una invitación a «una reflexión serena y honesta» en el tiempo que vive la Iglesia hoy. León XIV llama a no quedarse «en diagnósticos inmediatos o en la gestión de urgencias». Frente a ello, ve este momento como oportunidad para «aprender a leer con hondura el momento que nos toca vivir, reconociendo, a la luz de la fe, los desafíos y también las posibilidades que el Señor abre ante nosotros». Por eso, el papa pide «educar la mirada y ejercitarnos en el discernimiento», en vista de «percibir con mayor claridad lo que Dios ya está obrando».

El texto pontificio hace ver la necesidad de tener en cuenta el actual marco cultural y social, marcado por la secularización, la polarización y la ideologización. Por ello advierte sobre el riesgo de instrumentalizar, banalizar o relegar la fe al ámbito de lo irrelevante, prescindiendo de referencias trascendentes. Igualmente advierte sobre «la progresiva desaparición de referencias comunes, que dificulta la transmisión del mensaje cristiano».
Creciente inquietud
El Papa León resalta la inquietud nueva que se está dando en el corazón de las personas, especialmente de los jóvenes, que no encuentran sentido a sus vidas en la absolutización del bienestar, una libertad desvinculada de la verdad o el progreso material. Situaciones que «han dejado con frecuencia una mayor sensación de hartazgo y vacío». Desde ahí, «constatamos que muchas personas comienzan a abrirse a una búsqueda más honesta y auténtica», que «las está conduciendo de nuevo al encuentro con Cristo», subraya la carta. Una realidad que demanda presencia fiel y disponibilidad generosa por parte de los sacerdotes.
En palabras del pontífice «se va perfilando así qué tipo de sacerdotes necesita Madrid —y la Iglesia entera— en este tiempo». Para ello ve necesario «no hombres definidos por la multiplicación de tareas o por la presión de los resultados, sino varones configurados con Cristo, capaces de sostener su ministerio desde una relación viva con él, nutrida por la Eucaristía y expresada en una caridad pastoral marcada por el don sincero de sí».

León XIV llama a los sacerdotes a ser alter Christus, «que sea Él quien configure nuestra vida, unifique nuestro corazón y dé forma a un ministerio vivido desde la intimidad con Dios, la entrega fiel a la Iglesia y el servicio concreto a las personas que nos han sido confiadas». Para explicar el sacerdocio se ha servido de la imagen de una catedral, llamando al sacerdote a ni exhibirse, ni esconderse, a conducir al interior, como hace la fachada, «a remitir a Dios y acompañar el paso hacia el Misterio, sin usurpar su lugar».
No romper la armonía
El Santo Padre, que insiste en la confesión, adoración y oración en los sacerdotes, ve el umbral como espacio para dejar fuera algunas cosas, llamando a los sacerdotes a celebrar los sacramentos, «fin último al que se ordena nuestro ministerio», con dignidad y fe, asumiendo ser cauce. A partir de las diversas capillas que componen el espacio central, el pontífice resalta la necesidad de no romper la armonía, de ver cada carisma y espiritualidad como riquezas orientadas al mismo centro.
Un camino que resume con las palabras de san Juan de Ávila, que llama a los sacerdotes a ser santos. Para ello encomienda al clero madrileño, a quien imparte su bendición, que extiende a quienes están a su cuidado pastoral, a Santa María de la Almudena.