Cardenal Carlos Osoro: «Me vacunaré cuando me llegue el turno» - Alfa y Omega

Cardenal Carlos Osoro: «Me vacunaré cuando me llegue el turno»

El arzobispo de Madrid cree que en este tiempo de pandemia «se ha rezado mucho más» y pide que en 2021 la Iglesia «siga llevando el Evangelio hasta el último rincón»

Rodrigo Pinedo
El cardenal Osoro recibió a ‘Alfa y Omega’ en su casa el pasado lunes, justo después de visitar el centro penitenciario de Soto del Real. Foto: Rodrigo Pinedo / Archimadrid

El lunes estuvo en el centro penitenciario de Soto del Real, ¿qué significan estas visitas para usted?
Como puse en mi cuenta de Twitter al salir, el mandato del Señor en Mateo 25 es claro: «Estuve en la cárcel y vinisteis a verme». Siempre me ha preocupado. Con mis padres iba a menudo a ver a la Virgen de la Bien Aparecida y recuerdo que en uno de los viajes –yo debía de tener 7 u 8 años– entramos a tomar un café en Santoña. Desde ahí se ve la cárcel de El Dueso y, como niño, pregunté qué era aquello. Según contaba mi madre, al llegar al santuario quise rezar por los presos y luego me tiré días preguntando por ellos… Tengo claro que ahí está Jesús.

Por el coronavirus llevaba tiempo sin ir. Los internos lo han pasado mal durante estos meses, en los que no siempre tenían buenas noticias de fuera. Me han recibido muy bien. He tenido Misa con ellos y he pasado por varios módulos. Y tengo que decir que poca gente sigue con tanto interés las homilías. Les he citado al cardenal Van Thuan, con el que coincidí en Roma hace años. Él vio que la cárcel en la que estaba, que era un lugar de odio y violencia, con el Señor se podía convertir en un lugar de paz, de fraternidad… Y eso se lo digo siempre: «Vosotros, que participáis en la Eucaristía y recibís al Señor, tenéis que ayudar, dar la mano, apoyar a los demás». Están necesitados del amor de Dios y, como sacerdote, hablarles de ello es una de las experiencias más bellas. Muy pronto saldrá un libro que hemos preparado con cartas que nos intercambiamos.

En Mateo 25 también aparece el «tuve hambre y me disteis de comer». ¿Cómo vivió el reparto de cenas de Nochebuena organizado por Mensajero de la Paz en el Congreso?
Como subraya el Papa Francisco en Fratelli tutti, somos hijos de Dios y no podemos desentendernos de nuestros hermanos. En Madrid hay mucha gente con hambre, que lo está pasando muy mal, y la Iglesia sale y saldrá a su encuentro. Hablo de la cena de Mensajeros en el Congreso –en la que hubo gente de todo tipo–, pero también de los jóvenes de Cáritas Universitaria que salen a dar bocadillos, de las parroquias que dan comida a cientos de familias cada día, de la Comunidad de Sant’Egidio atendiendo a los amigos de la calle… Si hay necesidades, hay que salir.

La presidente del Congreso, Meritxell Batet, reparte una cena de Nochebuena con el padre Ángel y el cardenal Osoro en segundo plano. Foto: Europa Press / Ricardo Rubio

Habla de necesidades. La semana pasada Cáritas Diocesana de Madrid y la parroquia de Santo Domingo de la Calzada pidieron a la Comunidad de Madrid, al Ayuntamiento y a la Delegación del Gobierno que afronten «la grave situación generada por los cortes de luz en la Cañada Real Galiana».
Estoy en contacto con el párroco, el padre Agustín, y con Cáritas; la situación es complicada. Hay afectadas 1.200 familias. Entre ellas hay unos 1.800 menores, que, al verse sin luz, tienen limitaciones de higiene, de alimentación, de acceso a la educación… Esta situación nos tiene que interpelar como creyentes y, por ello, hemos pedido a la Administración que busque una solución.

Volviendo a su agenda de Navidad, el domingo celebró la Sagrada Familia en la catedral. ¿Echó de menos bendecir a las familias una a una?
Sí, lo eché en falta. Para mí, en mi condición de pastor, es fundamental el contacto con la gente. Era bonito saludar a matrimonios con sus hijos, oír de primera mano cómo estaban, con sus alegrías y sus dificultades. En este tiempo de pandemia sé que algunas familias se han fortalecido, pero muchas otras ha sufrido desencuentros, rupturas… Como señala el Papa Francisco en Amoris laetitia, la Iglesia tiene que buscar a cada una de ellas en la situación en la que se encuentra. Hay que ver cómo ayudarla a colocar a Dios en el centro para que así se fortalezcan la entrega, la necesidad de preocuparnos los unos por los otros o el perdón.

Aparte del año dedicado a san José, que es un maestro, es un regalo que vayamos a tener un año dedicado a esta exhortación apostólica fruto de los sínodos de la familia, para que la apliquemos con todas las consecuencias. En el texto, por ejemplo, es precioso el comentario que el Sucesor de Pedro hace del himno de la caridad de san Pablo. La palabra amor está devaluada, ¿qué contenido le damos?

Bueno, en este tiempo de pandemia sí ha visto ejemplos de amor radical…
Claro. Sé de jóvenes que han dado parte de su dinero a quienes los estaban pasando mal; de familias que se han volcado con vecinos en situaciones delicadas; de profesionales que no han parado de trabajar por los demás; de capellanes que han arriesgado su vida en los hospitales; de laicos que han acompañado duelos muy difíciles; de sacerdotes y consagrados que han estado al servicio ininterrumpido de la gente… ¿Probados? Pues es verdad, pero han confiado en el Señor. Creo que en este tiempo se ha rezado mucho más.

En este sentido, una imagen muy bonita e impactante de la pandemia es la del Papa Francisco rezando solo en la plaza de San Pedro. En el Evangelio, en medio de la tempestad, los apóstoles gritaron al Señor. En esta pandemia nosotros también nos hemos agarrado a lo fundamental.

Antes citaba Fratelli tutti. Con el apoyo de la Academia Latinoamericana de Líderes Católicos, estos meses ha reunido a políticos católicos de distinto signo para reflexionar sobre el texto. ¿Cómo ha sido la experiencia?
En la primera reunión los invitamos a vivir el sustantivo, el de hermanos, por encima de etiquetas. Y ha sido precioso el trabajo que se ha hecho. En un pequeño manifiesto se ha reivindicado el diálogo frente a la «gran polarización que vivimos» a fin de buscar el bien común, con una llamada a colocar en el centro a las personas, especialmente a las más vulnerables.

No parece que el Gobierno haya optado por el diálogo para sacar adelante las leyes de educación y eutanasia…
No, desde luego. Y la Iglesia ha alzado la voz. Sorprenden las prisas con la que se han tramitado ambas leyes, en plena pandemia. En materia educativa creo que hay que contar con todos los actores, empezando por los padres, y que no se pueden coartar dimensiones del ser humano como la trascendente. En esta reforma, ¿está en el centro la persona?

En relación con la eutanasia, como aseguraba hace unas semanas en una carta, creo que la misión del hombre es cuidar la vida, con todos los medios a su alcance. La muerte provocada no es más que el atajo fácil ante la debilidad y el dolor. Deberíamos apostar por los cuidados paliativos y el acompañamiento.

Tras un 2020 marcado por el dolor y el sufrimiento, con miles y miles de muertes, todos tenemos muchas esperanzas depositadas en la vacuna. ¿Usted se vacunará?
Por supuesto, me vacunaré cuando me llegue el turno.

Aparte de que mejore la situación sanitaria y pueda reconducirse la situación económica y social, ¿qué más pide para el año 2021?
Que seamos capaces de dar un lugar central al ser humano, en todas sus dimensiones. Y la Iglesia espero que siga llevando el Evangelio hasta el último rincón, sin miedos ni vergüenzas, proponiendo y no imponiendo.

Entiendo que esta es la primera tarea que le pone a la Iglesia española, como vicepresidente de la CEE, y a la diocesana, como arzobispo, ¿no?
Sí, evidentemente. Las distintas comisiones episcopales están trabajando en esta línea, a fin de hacer vivir la dimensión misionera de la Iglesia como pide el Papa. Y en Madrid tenemos el Plan Diocesano Misionero en marcha.

El Papa Francisco recibió al arzobispo de Madrid y a su auxiliar José Cobo el 18 de diciembre. Foto: Vatican Media

Supongo que también querrá que se aclare el lío con las fundaciones vinculadas con la diócesis…
Debo ser prudente porque hay una investigación canónica –cuyas primeras conclusiones presenté al Papa en persona– y distintos procesos judiciales en curso. Ya se ha garantizado la continuidad de la parroquia de San Jorge y de la residencia Santísima Virgen y San Celedonio, al tiempo que avanzan las negociaciones para proteger a los inquilinos, de las que deben informar las propias fundaciones al ser fundaciones civiles. También se ultima un nuevo sistema de trazabilidad y monitorización para todas las fundaciones.

Le aseguro que vamos a llegar al fondo, caiga quien caiga. Mi preocupación es proteger el patrimonio de las fundaciones y que se cumplan sus fines fundacionales. Y vamos a llevar a cabo las acciones necesarias para que así sea.