Cantar, con la vida, para Dios

Con el lema Esperanza en el presente, los días 26, 27 y 28 de junio se celebró el VI Encuentro de Músicos Católicos Contemporáneos. Entonado en fe mayor, sin barreras que distancian y a la luz de la Verdad, el evento on line congregó a 120 músicos que, detrás de sus guitarras, sus pianos y sus voces, aunaron sus corazones para hacerlos –en Dios– canción

Carlos González García
Foto: Carlos González

Con el lema Esperanza en el presente, los días 26, 27 y 28 de junio se celebró el VI Encuentro de Músicos Católicos Contemporáneos. Entonado en fe mayor, sin barreras que distancian y a la luz de la Verdad, el evento on line congregó a 120 músicos que, detrás de sus guitarras, sus pianos y sus voces, aunaron sus corazones para hacerlos –en Dios– canción

Decía Chavela Vargas que «hay que llenar el planeta de violines y guitarras, en lugar de tanta metralla». Ciertamente, no hay lugar equivocado donde compartir el Evangelio. Y tampoco una canción. Por ello, la Subcomisión de Juventud e Infancia de la Conferencia Episcopal Española organizó el pasado fin de semana el VI Encuentro de Músicos Católicos Contemporáneos, unas jornadas en las que un sinfín de melodías –a veces frágiles y rasgadas– se convierten en el rostro delicado de Jesús de Nazaret.

Cuando solo queda silencio, la música es el lenguaje del corazón. Con el alma enclavada en ese misterio, el tema de La Verdad marcó el horizonte del encuentro y forjó la hoja de ruta de todos y cada uno de los acordes que los participantes compartieron.

La música fue el centro. Dios trazó el camino. La Fundación Edelvives cedió su mano. Y así, con el objetivo de potenciar el diálogo con los jóvenes, hicieron de la voz un sendero de caricias compartidas. Y no faltaron el abrazo y la sonrisa, aunque la pandemia originada por el coronavirus obligara, en esta ocasión, a regalarse la vida a través de una pantalla a color.

Raúl Tinajero, director de la Subcomisión de Juventud e Infancia, abrió el camino: «Este encuentro tiene que ser un referente anual para todo el mundo que gira en torno a la música católica contemporánea». Una experiencia esencial de Dios, nos cuenta,  «que debe afianzarse para no dejar de avanzar en la tarea evangelizadora de los músicos: esencial para la Iglesia».

Los músicos Rogelio Cabado y David Santafé entonaron la voz principal. Tras ellos tomaron la palabra José Luis Pérez, Martín Valverde y el obispo de Calahorra y Logroño-La Calzada y presidente de la Comisión de Laicos, Familia y Vida, Carlos Escribano.

Y se hizo la canción, que aún sigue latiendo. La alabanza provoca el milagro. Por eso, Tinajero confía en quienes han adornado sus canciones a la medida del Maestro: «Los músicos católicos son expresión de la belleza, la verdad y la bondad». Como su mirada, que no se deja vencer al sueño sin saber que el corazón del hermano reposa delicadamente en paz.

Hoy, de fondo, llora una guitarra. Y en silencio, mil acordes siguen sonando –a media voz– en el corazón de quien confía en un Dios bueno.


Comunicando la Verdad
José Luis Pérez, periodista

«Es importante que haya medios de comunicación cristianos y cristianos en los medios de comunicación. Comunicamos la gran Verdad, y debemos estar orgullosos de lo que hacemos y en qué creemos para hacerlo con seguridad. No hay que desistir; nos jugamos una sociedad mejor».


Cantando la Verdad
Martín Valverde, cantautor

«Dios te toma cuando le cantas a Él. Hemos de vivir nuestra Verdad (que no es algo, sino Alguien) para poderla cantar. Es la manera de hacer que la Verdad esté en cada nota que cantamos y en cada palabra que escribimos. La Verdad que cantamos se vive, se alegra, te libera, te completa y se hace vida y canción».


Corresponsables de la Verdad
Carlos Escribano, presidente de la Comisión de Laicos, Familia y Vida

«En mi vida tengo una banda sonora en la que muchos de vosotros habéis intervenido. Lo que expresáis surge a través del hondón del corazón. La belleza de vuestras composiciones lleva a la gente a la Verdad. La Iglesia tiene necesidad del arte, y hay que cuidar a los músicos. Sois pueblo de Dios en salida y correponsables de la Verdad».


Hablan los músicos participantes

Juan Susarte: «No sabía que podía cantar ni componer, y a Dios le dio por pensarme así. ¡Y me dio hermanos! Y prepara esta gran mesa bendecida donde reunirnos, abrazarnos, llorarnos… ¿Cómo no voy a disfrutar de lo que mi Padre ha preparado para mí?».

Maite López: «Este encuentro se nos ha vuelto imprescindible. No queremos ser estrellas que brillan por libre. Cantar a Dios supone poder expresar el fin para el que hemos sido creados: alabar a Dios y servirlo en los demás. Todo es don, y nada es mérito mío».

Nico Montero: «Poner mi voz al servicio del Evangelio es el mayor honor que he tenido en mi vida y no lo cambiaría por ninguna distinción. Gracias al encuentro camino con hermanos de vocación compartida y me reconozco a mí mismo y a ellos siendo uno en Él».

Olga Martínez: «Es el espacio donde el reencuentro, el abrazo y el sentirnos del mismo equipo se hacen presentes en medio de un montón de regalos que recibimos al asistir. Ponemos el don de la música como ofrenda al Niño Dios; y, aun desafinados, a Él le hace sonreír…».

Chito Morales: «Tiene que existir para que no haya guetos y mostrar la belleza de Dios. La música es el lenguaje que todo el mundo entiende. Dios transforma mi corazón y mi mente cuando le canto y le cuento dónde su espíritu se hace fuerte. Cuando canto a Dios, soy feliz».

Carlos González García