Así ven los futuros curas su ministerio - Alfa y Omega

Así ven los futuros curas su ministerio

La Iglesia celebra este jueves a san José y, el domingo, el Día del Seminario. Recorremos con dos seminaristas de Madrid la catedral de la Almudena siguiendo las palabras del Papa León XIV

Begoña Aragoneses
Jaime Fernández de Mesa y Guillermo Navarro ante la pila bautismal.
Jaime Fernández de Mesa y Guillermo Navarro ante la pila bautismal.Foto: Archimadrid / Javier Ramírez.

El eco de CONVIVIUM, la asamblea presbiteral que se celebró el pasado mes de febrero en Madrid, aún resuena en la archidiócesis. Y también las palabras que el Papa León XIV dirigió a los presbíteros participantes en una carta en la que, entre otras cosas, les habló del sacerdocio sirviéndose «de una imagen que conocéis bien: vuestra catedral». Igual que el sacerdocio, les decía, las catedrales sirven para el encuentro con Dios y la reconciliación con los hermanos, «y sus elementos encierran una lección para nuestra vida y ministerio». Y puesto que en el seminario los jóvenes no están para ser seminaristas, sino para ser sacerdotes —«porque la llamada es al sacerdocio, no al seminario» como afirma el rector del Seminario Conciliar de Madrid, Antonio Secilla—, hemos recorrido con dos de ellos la catedral para ver qué lección sacan para su vida sacerdotal de estos elementos. 

1.066 seminaristas hay en España, 30 más que el curso pasado. De ellos, 98 se forman en el Seminario Conciliar de Madrid.

Guillermo Navarro (25 años) siempre tuvo vida de fe, aunque más intensamente a partir de los 15 años, cuando empezó a vivir la comunidad en una parroquia. Ahí se abrió a la Iglesia universal y se le despertó un vivo «deseo de entregarme a los demás». Quizá «el Señor me estaba pidiendo entrar en el seminario». Por su parte, Jaime Fernández de Mesa (28 años) también comenzó a tener una «relación más viva con el Señor» en 3º de la ESO. Terminó el colegio, terminó Ingeniería Eléctrica, terminó un máster, empezó a trabajar y salía con una chica. Pero su corazón, como el de san Agustín,  estaba inquieto. «Tenía en el fondo un anhelo profundo de entregarme a los demás». Y respondió con generosidad. Ninguno de los dos se arrepiente de la decisión tomada y, por eso, animan a los dudosos. «Que no tengan miedo porque el Señor cumple sus promesas», insta Guillermo, e invita a confiar. «No se trata de tenerlo todo claro, sino de ir buscando la voluntad del Señor y dando pequeños síes. ¡Ánimo y adelante!». Jaime les propone «ser muy sinceros consigo mismos y que no tengan miedo a la verdad. Dios está».

1
Fachada

El Papa León XIV decía en su carta que la fachada de la catedral «no existe para sí misma: conduce al interior». Para Jaime, «la fachada es importante, pero para remitir a lo que hay dentro, lo más sagrado, que es Dios». Así, «me gustaría que mi fachada no impidiera» ver a Dios y que «no fuera una distracción para acercarse a Dios».

2
Umbral

El sacerdocio, decía el Papa, se vive estando en el mundo pero sin ser del mundo. El umbral marca esta separación; y aquí se sitúan, añadía  León XIV, el celibato, la pobreza y la obediencia. «Entrar por la puerta —señala Guillermo— es esa disposición para obedecer al obispo y servir al pueblo». Una obediencia que es «máxima expresión de libertad», una pobreza «apostólica» y una castidad para «tener el corazón indiviso para el Señor». Para Jaime, ese umbral en el que hay carteles de silencio, de no comer, de ir bien vestido, le remite al «sentido de lo sagrado». Como futuro cura, le plantea esa «sensibilidad hacia las cosas de Dios; y que sea contagiosa para darle importancia a lo realmente importante».

Foto: Archimadrid / Javier Ramírez.
3
Columnas

Hablaba el Papa en su carta a los sacerdotes de CONVIVIUM de las columnas de la catedral, en las que la Iglesia ha visto la imagen de los apóstoles. También de cómo la vida sacerdotal se sostiene en el testimonio apostólico, transmitido por la tradición y sostenido por el magisterio. Para Guillermo, las columnas le sugieren «fidelidad; la cantidad de ordenaciones, eventos, que han vivido estas columnas». «Gracias a muchos, estamos hoy aquí». Por su parte, Jaime querría apoyar su futuro sacerdocio en las columnas de la Eucaristía y la Virgen.

4
Confesionario

«El Papa nos decía que no dejáramos de confesarnos», afirma Guillermo. «El sacerdote no es un superhéroe», añade, y reconoce que para vivir la misericordia con los demás «hay que vivirla en primera persona». A la vez, observa que el «milagro más cotidiano lo hace el Señor con la Eucaristía y la confesión»; y pide: «¡Ojalá estar mucho tiempo confesando!». A Jaime le «conmueve el hecho de pensar que el día de mañana podré ser cauce de la misericordia de Dios».

Foto: Archimadrid / Javier Ramírez.
5
Pila bautismal

«¡Por eso estamos aquí!», exclama Guillermo ante la pila bautismal. «Hace tiempo que no valoraba tanto el Bautismo», pero el seminario le ha ayudado a «reconocer que gracias a él soy hijo de Dios». Y aunque su seguimiento de Cristo se ha concretado en una llamada al sacerdocio, «todos somos hijos en el Hijo». Jaime ve en la pila «algo demasiado grande, que en apariencia no es tanto». Aquí, dice, uno se hace «hijo para la vida eterna; me parece poco lo de fuera para lo que realmente se produce dentro». El Papa León XIV habla en su carta del confesionario y la pila de cristianar como «lugares discretos pero fundamentales», idea que traslada a los sacramentos, subrayando que «lo que en ellos se produce es la verdadera fuerza que edifica la Iglesia y son el fin último al que se ordena todo nuestro ministerio».

Foto: Archimadrid / Javier Ramírez.
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Capillas

Son, afirma el Papa, «los diversos carismas y espiritualidades mediante los cuales el Señor enriquece y sostiene vuestra vocación». Pero, aclara, «todos permanecen orientados hacia el mismo centro». En la catedral de la Almudena, las capillas son un ramillete de realidades presentes en la diócesis de Madrid. Tanto Jaime como Guillermo crecieron en la espiritualidad del Opus Dei y se desarrollaron en vida de parroquia y, en el caso de Jaime, también en Effetá. Ahora, como futuros presbíteros diocesanos, ven en la diversidad de las capillas un mismo foco: el centro, Jesucristo, como expresa Guillermo. Para Jaime, estas capillas son los santos que «nos acompañan» con un único objetivo: «Que miremos a Cristo». Surgen en este punto los próximos beatos seminaristas mártires. «Me recuerdan que mi vocación no es a ser seminarista —sostiene Jaime—, sino santo». Y Guillermo apunta: «Hay alguien a quien me puedo acoger, que me ha precedido y ha sido fiel hasta el final».  

Foto: Archimadrid / Javier Ramírez.
6
Altar

«Es el sitio top», remarca Guillermo; «es el Señor, que está en el centro». «Es Dios que se hace hombre; para el cura, es actuar en la persona de Cristo por la Iglesia para que se haga patente Su amor». Mira el altar: «Sobrepasa, impresiona: el Señor se servirá de nuestras manos y palabras, de los gestos», para hacerse presente. Y el pueblo de Dios, ese al que está llamado a servir, «se fía de ti». Luego, se le va la vista a la sede: «Aquí se sentará nuestro obispo para ordenarnos». El altar, tercia Jaime, representa «lo más significativo del ministerio, donde se celebra la Eucaristía, que es lo propio del sacerdote». También «me sugiere la palabra “entrega”», la de Cristo y la del presbítero. «Todo tiene sentido por lo que se vive aquí», porque «no se puede desligar lo que sucede aquí» de lo de fuera. 

7
Sagrario

En el Seminario Conciliar de Madrid, los seminaristas rezan una hora diaria ante el sagrario, al levantarse. El Papa les recuerda que allí «permanece Aquel que habéis ofrecido» en el altar. Sagrario y altar, «el centro de todo, hijos míos», les dice León XIV. Y ante el Señor, «sed adoradores, hombres de profunda oración, y enseñad a vuestro pueblo a hacer lo mismo». Para Guillermo, el sagrario es el lugar «donde yo puedo rezar por los demás, desahogar el corazón», presentarle las dificultades, abandonarlas en Él, «que es el protagonista». Sin el encuentro con el Señor, «uno se hunde». Jaime concluye que hay más lugares de encuentro con Dios, pero este es «especial». «Sin sacerdotes, no habría contenido en el sagrario». Al ponerse en oración ante él, «es donde nacen nuestras acciones» y donde se ponen «los miedos, los sufrimientos», pero también «las alegrías, la acción de gracias».

Foto: Archimadrid / Javier Ramírez.
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Virgen María

Aunque el Papa no se detiene específicamente ante el camarín de la Almudena, sí encomienda a los presbíteros a su protección al final de la carta. Guillermo y Jaime hacen una parada ante ella y le rezan un avemaría porque es su Madre. «Me enseña, como Madre, a relacionarme con su Hijo», sostiene Jaime. Guillermo afirma que es «ejemplo y modelo de discípula», y por ella llegó la salvación al mundo, concluye.

Foto: Archimadrid / Javier Ramírez.