Antonio Secilla: «El sacerdocio es una respuesta al Señor que te invita a ir con Él»
El rector del Seminario Conciliar subraya el formarse en comunidad y la experiencia directa de evangelización como dos claves en la preparación de los futuros presbíteros que la archidiócesis trata de implantar
Formar a quien quiere ser cura en Madrid es fundamental para la diócesis. Al frente del equipo de formadores del Seminario Conciliar está su rector, Antonio Secilla. Entiende el sacerdocio como «una respuesta al Señor que nos llama, que en un momento te invita a ir con Él».
Ser familia
Nacido en Córdoba, sintió la llamada en la universidad. Habló con un laico, un profesor universitario, que le ayudó a descubrir el rostro de los presbíteros de Madrid: «Siendo diferentes participaban de una alegría, de un gozo, de un encuentro, de una vida, que me reconocí diciendo “eso también lo quiero yo”».
Pone el acento en «ser familia». Del mismo modo que le pasa con sus parientes de sangre, ve a sus compañeros «como una familia, como unos hermanos, que me llevan a poder vivir en el hoy esa plenitud a la que todos nos sentimos llamados».
Para formar a los seminaristas hay que hacerlo «en la realidad concreta». Recuerda la carta del Papa León XIV a CONVIVIUM, que habla de escucha, comunión y apertura al Espíritu, aspectos centrales en la formación. Se trata de «escuchar los signos de los tiempos, vivir esa comunión y esa apertura al Espíritu».
Escucha a la Iglesia
Las aportaciones del grupo de estudio del Sínodo sobre la formación en los seminarios las «acogemos con agradecimiento, porque esa es la palabra de la Madre Iglesia que viene a iluminar qué es lo que espera en estos momentos de los futuros sacerdotes». Propone una formación que integre todos los aspectos, comunitaria y misionera.
En el documento ve elementos presentes en el Seminario Conciliar de Madrid, como ser comunidad de comunidades. «El joven necesita una comunidad donde formarse, donde crecer», afirma. Este círculo de referencia en el que vivir la fe es elemento necesario en el proceso de discernimiento previo. Pero también en la etapa pastoral final, vista como relación, como comunión con otros, especialmente con jóvenes de su edad.
Se concreta de muchos modos: ir a la cárcel con los presos, estar con los jóvenes, con un grupo de matrimonios o ir a comer con unos ancianos. Siendo seminarista descubrió «cómo cuidar en concreto a quien el Señor te pone delante». A ello añade «el tema de la misión, la evangelización, el anuncio de Jesucristo, el anuncio de la Buena Noticia; pero todo eso tiene que ser en una comunión a la que estamos llamados». Es fundamental «acoger la realidad a la que el Señor nos llama», que haga «ver cómo podemos llegar a esas personas, a esos jóvenes, a esos niños que hoy día no conocen, no han oído hablar de Jesucristo».
Este ser familia se concreta en el ambiente del seminario. Por ejemplo, la acogida a dos candidatos de Burkina Faso, llegados recientemente. Para Secilla, «es precioso ver cómo sus compañeros los están cuidando». Se aprende de manera natural cómo vivir en comunidad. Algo que también descubren en la pastoral: «Formamos parte de ese pueblo de Dios en el que nos encontramos y vamos caminando todos juntos y respondemos a lo que el Señor nos ha mostrado».
Vocación de sacerdote
«Uno no tiene vocación de seminarista sino de sacerdote», recalca. Ve que la campaña del Día del Seminario debería ser no sobre la vida del seminarista, sino del presbítero, que «puede llevar a otros jóvenes a decir: “yo quiero eso”». Un seminarista en la etapa pastoral le decía: «estoy feliz porque ya no tengo que volver al seminario». El rector respondía: «Me alegro que digas eso, porque lo propio tuyo es estar en la parroquia antes que aquí». De ahí la insistencia en que los candidatos descubran que lo propio del presbítero es «vivir en medio de una comunidad».
Para Secilla es importante la referencia de los curas de la diócesis para que quienes lo serán en el futuro vean en qué consiste. «Cada uno tiene un matiz, los dones que el Señor les ha dado, que al otro le ayuda también a reconocerse. En ese sacerdote yo puedo descubrirme y puedo descubrir que a eso es a lo que el Señor me llama». Desde el Seminario se profundiza en ese contacto, «en esa experiencia vital, ese ministerio entregado, esa vida entregada; porque ciertamente es una riqueza que a los seminaristas y a todos nos hace mucho bien. A mí me ha ayudado estar con sacerdotes de distintas edades y distintos matices y he descubierto en todos ellos un don. Eso lo tenemos que descubrir todos».