Así ha sido la visita de la Iglesia universal a Tierra Santa para sembrar «la esperanza cristiana»
Joan Enric Vives, arzobispo emérito de Urgel, está visitando Tierra Santa con obispos de todo el mundo. Pide «retomar las peregrinaciones y la ayuda internacional»
Un grupo de obispos de distintos países ha visitado del 17 al 22 de enero Israel y Palestina en el marco de la Holy Land Co-ordination 2026. Se trata de un encuentro para tomarle el pulso a Tierra Santa en el que ha participado Joan Enric Vives Sicilia, arzobispo emérito de Urgel y, por tanto, excopríncipe de Andorra. En entrevista con Alfa y Omega resume el viaje como «unos días muy aprovechados para poder conocer, dejarse penetrar por la santidad de los lugares que el Señor santificó con su presencia, rezar por la paz en esta tierra y en todo el mundo».
El eje del viaje ha sido acompañar a las comunidades cristianas, «una minoría muy especial, muy apreciada, porque son puente, son diálogo y son reconciliación». Vives describe su contexto como uno de «shock, de parálisis, de represión, de sufrimiento muy grande». Y que afecta «tanto a Israel como a Palestina, tanto a los musulmanes como a los judíos, y en medio los cristianos».

El arzobispo emérito subraya el impacto social y económico de la guerra, pues «270.000 personas han perdido el empleo y no tienen licencia para trabajar». Una crisis que se ve agravada por «la falta de peregrinaciones». En definitiva, según Vives, «la guerra ha parado, es cierto, pero el conflicto continúa».
«Semillas de esperanza»
Durante la visita, los obispos han conocido «muchas semillas de esperanza». Entre ellas, el trabajo de las religiosas combonianas con la comunidad beduina, «muy pobres entre los pobres» y con mujeres migrantes en una situación «muy dura». Las monjas dedican su tiempo a «escuchar, llorar con ellas y acoger sus lágrimas».
Joan Enric Vives también menciona el encuentro con asociaciones como el Centro Rossing para la Educación y el Diálogo. Pueden parecer «una pequeña semilla» o una mera «gota en el océano», pero son «una gota que da sus frutos». En la misma línea sitúa al Vicariato de Lengua Hebrea, que apoya a niños y familias migrantes, y al Instituto Effetá de Belén, dedicado a niños sordos.
Las muertes en Gaza son «horripilantes»
Uno de los momentos más significativos fue el contacto con Gaza y con el padre Gabriel Romanelli, el párroco de su única iglesia católica. Allí, afirma Vives, «ha estado una verdadera catástrofe de destrucción». «Si antes había un millón y medio de habitantes, ahora se ha quedado con un millón», relata, recordando que las cifras son «muy graves, horripilantes». En ese contexto, destaca que la comunidad cristiana permanece «como un fermento, como una luz en la oscuridad».

La visita incluyó también el seminario de Beit Jala, que Vives define como «una semilla de esperanza», aunque marcada por restricciones de visados y movimientos. Finalmente, llama a «retomar las peregrinaciones y la ayuda internacional». A su juicio, «eso es la esperanza cristiana, no una teoría, no un optimismo vacío, sino la acción de Dios en nuestros corazones».