Así fue la consagración de la Almudena por Juan Pablo II contada por sus testigos
Hace 32 años, el Papa polaco encargó a los madrileños «sacar la Iglesia a la calle», recordaba a este semanario el responsable de las obras de la catedral
32 años antes del próximo viaje de León XIV a Madrid, la arhiciócesis recibió otra visita de un Pontífice. Era un 15 de junio, el año era 1993 y un Papa polaco entraba en la catedral de la Almudena para dedicar oficialmente el templo. La consagración de la Almudena por Juan Pablo II fue una celebración histórica presidida por el entonces arzobispo de Madrid, el cardenal Ángel Suquía, y que conocemos en profundidad gracias al testimonio de quienes se volcaron para poder finalizar el templo y estuvieron allí.
La consagración de la Almudena por Juan Pablo II
Entre ellos estaba Antonio Astillero,responsable de la terminación de las obras de la Almudena y quien falleció en 2022, no sin antes contar a Alfa y Omega todo sobre aquel viaje. «Recuerdo, y muy emotivamente, cuando el Santo Padre, viniendo del Palacio Real de Madrid, atravesó la plaza de la Almudena, acompañado del cardenal Suquía, y entró en nuestra catedral en ambiente de grandes aplausos y emoción». Así lo contaba a nuestro semanario en 2013, cuando se cumplieron 20 años de aquella visita.

Astillero también narró que aquella celebración presidida por Juan Pablo II contó con una «impresionante homilía en la que, con toda su fuerza, nos pidió a todos que “sacáramos la Iglesia a la calle”». Y, del final de la Misa, el responsable de terminación de obras de la catedral describió: «Qué emoción tan grande cuando el Santo Padre, terminada la Eucaristía, se dirigió hasta el altar de nuestra Patrona y, arrodillado, centró su mirada en Santa María la Real de la Almudena, que, después de tantos años, al fin ya podía ser venerada en su propio templo».
La catedral, terminada con «un gran esfuerzo»
Igualmente, Astillero apuntaba que pudo cumplir con su cometido y culminar la construcción del templo gracias a que «nuestro recordado don Ángel Suquía hizo posible la terminación de las obras y, así, que Madrid tuviera su catedral». La construcción se había retomado en 1986 tras un parón y supuso «una gran dedicación y esfuerzo para todos los que recibimos el encargo de terminarlas».

32 años después, la catedral de la Almudena sigue evolucionando porque, como apuntó Antonio Astillero a Alfa y Omega, «una catedral no se termina nunca». De hecho, su fachada sigue ornamentándose con nuevas esculturas y símbolos, entre ellos los escudos de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, en recuerdo de las visitas de ambos pontífices.
Existe una anécdota previa a la dedicación de la catedral de la Almudena que trasluce hasta qué punto el Papa estaba informado sobre su construcción. En una visita ad limina —es decir, un encuentro con obispos españoles— a finales de 1991, Juan Pablo II comentó al cardenal Suquía: «He oído algo con referencia a la posible terminación de las obras del templo-catedral de Madrid». Cuando Suquía le respondió sorprendido por que el Papa conociera el detalle, éste añadió: «Si el Señor me da vida para entonces, podría comprometerme a dedicar-bendecir el templo».