Artistas más allá del surrealismo oficial y parisino - Alfa y Omega

Artistas más allá del surrealismo oficial y parisino

La Fundación Mapfre resalta el protagonismo de Argentina, Brasil, Bélgica, México y España en esta vanguardia

Javier García-Luengo Manchado
'Teléfono afrodisiaco'. S. Dalí. Minneapolis Institute of Art (EE. UU.)
Teléfono afrodisiaco. S. Dalí. Minneapolis Institute of Art (EE. UU.). Foto: Fundació Gala-Salvador Dalí; VEGAP Madrid 2025.

La exposición 1924. Otros surrealismos, de la que podemos disfrutar hasta el próximo 11 de mayo en la Fundación Mapfre de Madrid, nos invita a descubrir, como sugiere su propio título, un relato diferente de esta vanguardia artística nacida en 1924 a partir de la publicación del Manifiesto surrealista firmado por su principal ideólogo, André Breton.

En efecto, aquel poeta, aguerrido e inconformista, generó en torno a sí un grupo de creadores de diversa índole que acabarían por acuñar un surrealismo digamos oficial u oficialista que se vería desbordado, según evidencia la presente exposición, por tantos autores que desde diferentes latitudes y poéticas trabajarían el automatismo y el mundo de los sueños desde su otredad, desde la sublimación de una imaginación y un inconsciente rebelde, incluso frente a quienes proponían la rebeldía —valga la redundancia— contra una sociedad bien pensante o ante los ilógicos paradigmas de una lógica heredada —valga, de nuevo, el juego de palabras—.

De este modo, la comisaria de la muestra, Estrella de Diego, nos orilla hasta aquellos surrealismos que descollaron más allá del núcleo parisino comandado por Breton. Constata la importancia que tal poética tuvo en Argentina, Brasil, Bélgica, México y, por supuesto, en España, país que acunó a algunos de los genios más representativos de este movimiento: Dalí, Miró, Buñuel…

Sin lugar a dudas, una de las grandes aportaciones de la exposición se desvela a través del notable papel que tantas pintoras y fotógrafas tuvieron en aquella estética. No en vano, cada una de las secciones de la muestra se vertebra en torno a alguna de estas creadoras, donde brillan con luz propia los nombres de Maruja Mallo, Remedios Varo, Leonora Carrington, Dora Maar, Ángeles Santos, Maria Martins, Dorothea Tanning, Toyen o Raquel Forner; y un largo etcétera que convive asimismo con el redescubrimiento y puesta en valor de otras grandes figuras vinculadas directa o indirectamente a esta vanguardia, como Gregorio Prieto, Ángel Planells o José Alemany,

Junto a las pinturas, fotografías, películas y objets trouvés aquí reunidos, podemos disfrutar de una abundante documentación —catálogos, reseñas, testimonios— que no hace sino imbricarnos aún más en el relato histórico, geográfico y cartográfico que sustenta el discurso expositivo. En él destaca ante todo la sugerencia de lo poético y la certeza del desconcierto.

La muestra se divide en diferentes bloques que reflejan las principales inquietudes e intereses del surrealismo, teniendo siempre en cuenta la apuesta que dicha vanguardia hizo en pro de lo diferente, de la libertad creativa. En definitiva, de su dispar mirada hacia la lógica, hacia el orden establecido, hacia los paradigmas que secularmente venían configurando el supuesto progreso y el desarrollo de la sociedad y la civilización occidental.

Para todo lo dicho fue básica, según podemos comprobar en nuestro recorrido, la actividad internacional que el grupo surrealista —oficial— efectuó durante los años 30 del siglo pasado, sobresaliendo las publicaciones, conferencias y exposiciones impulsadas en México o Canarias.

La presente muestra, producida en colaboración con el Centre Pompidou de París, y que también se verá en la Hamburger Kunsthalle y en el Philadelphia Museum of Art, se enmarca dentro de las múltiples propuestas que a nivel internacional se están llevando a cabo para celebrar el centenario de la publicación del aludido Primer manifiesto surrealista (hubo un segundo en 1930). Con él se iniciaría este movimiento, cuya proyección e influencia sobreviviría incluso a la tragedia de la Segunda Guerra Mundial. No es por ello baladí que el capítulo final de la exposición nos invite de la mano de Miró a contemplar el cielo, a mirar esas estrellas que, aun en tiempos beligerantes, dejan volar nuestra imaginación sin trabas ni convencionalismos, como lo hicieron esos otros surrealistas.

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