Argüello anuncia la «nueva hora de la evangelización» de España
En su discurso de apertura de la Asamblea Plenaria, el presidente de la CEE ha llamado a la «comunión» ante «los desafíos comunes» y ha confiado en que la visita del Papa abra «un nuevo diálogo entre Iglesia y sociedad que ensanche la mirada respecto a nuestros problemas locales y los abra a la universalidad»
El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, ha abierto este lunes 20 de abril una nueva Asamblea Plenaria de la CEE con la mirada puesta en la visita del Papa a España, que tendrá lugar entre el 6 y el 12 de junio, y a la que ha definido como «un regalo» que está «lleno de ricas oportunidades».
En primer lugar, se ha centrado en la figura del Pontífice, por ser «una personalidad para el encuentro y la reconciliación entre tantas realidades sometidas hoy a dialécticas de contrarios». Al final, Prevost no deja de ser «un americano del norte y del sur; un matemático enriquecido por la Filosofía, la Teología y el Derecho Canónico; religioso y obispos, misionero y administrador de la comunión…»
Con todo este bagaje, «vendrá a visitarnos para ayudarnos a comprender y vivir la experiencia de la íntima relación entre las Iglesias particulares y la Iglesia toda»; para «hacernos caer en la cuenta de que, en cada una de las Iglesias particulares, acontece la Iglesia una, santa católica y apostólica». Por todo ello, «es una gran alegría poder vivir este coloquio que ayuda al Obispo de Roma a conocer la realidad de la Iglesia universal» y también «una oportunidad para que las Iglesias particulares puedan experimentar que la razón de ser de su propia existencia es la comunión visible y real con Pedro».

Comunión y envío misionero
De esta forma, la visita de León XIV es «una especial llamada a la comunión» ante «los desafíos comunes en la evangelización de una sociedad que tiene circunstancias culturales, económicas y políticas similares y que se dota, además, de una organización». Es decir, de la comunión a la evangelización. De hecho, el viaje del Santo Padre, según Argüello, constituye «un recordatorio del envío misionero» primigenio, aquel «¡Id y haced discípulos! ¡Ponemos en camino!»
Para su implementación en España -hoy tierra necesitada de evangelización-, el presidente de la CEE ha anunciado «la nueva hora de la evangelización de nuestro pueblo», que será también, gracias al Pontífice y su encuentro con instituciones diversas de la sociedad española una «oportunidad para un nuevo diálogo entre Iglesia y sociedad que ensanche la mirada respecto a nuestros problemas locales y los abra a la universalidad».
En este sentido, ha denunciado el «individualismo» que ha ido acrecentando «la desconfianza». Como antídoto, la visita del Papa, «puede hacer crecer la confianza para que se traduzca en una llamada a construir un “nosotros”, un pueblo, que es imprescindible para que exista una democracia».
Por último, el también arzobispo de Valladolid ha reconocido que el viaje tiene una dimensión política, pero «entendida en sentido clásico: como la acción de los ciudadanos que se organizan para alcanzar el bien común, defender la dignidad de la vida y promover su desarrollo integral, sin olvidarse de los pobres de nuestro mundo interconectado e interdependiente».
Reduccionismo emotivista
Más allá de la visita del Papa, el presidente de la Conferencia Episcopal Española se ha detenido en «los debates vividos sobre las emociones y sobre las ideologías, y en nuestra presencia en la vida pública».
Sobre la primera, a partir de la nota que la CEE publicó en marzo, Argüello ha calificado de importante el «afecto y los sentimientos en la vida espiritual», pero al mismo tiempo ha advertido del «reduccionismo emotivista», que «es un riesgo cierto que afecta» a las «nuevas experiencias, como también a iniciativas de nuevas formas de vida de especial consagración, demasiado construidas en tornos a liderazgos emotivos y experiencias de impacto afectivo».
Las emociones, sin embargo, «se contagia también a la convivencia social y política en el fenómeno de la polarización», que «transforma las opiniones en identidades» y que ha terminado por justificar «la hostilidad, la deshumanización y el desprecio que rompe el puente del diálogo y hace perder la capacidad de ver al oponente como un ser humano con miedos y deseos similares; así se reduce a la otra persona a un estereotipo o a una caricatura».
Ideología e Iglesia
Respecto de las ideologías, el prelado ha querido volver sobre el encuentro que tuvo la Comisión Ejecutiva de la CEE con el Papa en noviembre, que generó polémica después de que el diario El País asegurara que el Santo Padre confesó en aquella cita que su «mayor preocupación en este momento en España» es «la ideología de ultraderecha».
No obstante, no se ha centrado en la información, sino que el presidente de la CEE ha advertido que las ideologías también pueden afectar a la vida eclesial. Cuando esto sucede, se hiere «el depósito de la fe», causa «división en la Iglesia» y anestesia «la fuerza misionera del Evangelio».
Durante su extenso discurso, el arzobispo de Valladolid ha puesto ha puesto algunos ejemplos en los que la ideología se infiltra en la vida pastoral de la Iglesia, como en la acción social, en la acogida de inmigrantes o en la acogida de la Tradición viva de la Iglesia, una cuestión —esta última— que hay quien pretende «resolver ideológicamente en una polarización excluyente entre tradicionalistas y progresistas».