Adrián Jumbo, el soldado de las cosas pequeñas - Alfa y Omega

Adrián Jumbo, el soldado de las cosas pequeñas

Falleció en 2019 después de una vida repleta de pequeños detalles de servicio a los demás. Su hermana Gabriela ha recogido muchos de ellos en un libro

José Calderero de Aldecoa
La familia Jumbo celebrando un éxito deportivo de Adrián. Foto cedida por Gabriela Jumbo Cuenca.

El sueño de Adrián era ingresar en las Fuerzas Armadas, pero no para portar un arma, o por la adrenalina de una vida de aventura, sino «para servir a los demás». Así lo asegura Gabriela Jumbo, su hermana, que ha escrito un libro sobre la vida de su hermano, fallecido en un trágico accidente de coche hace ahora tres años.

El libro, que lleva por título Mi hermano, totalmente Adrián, empezó a concebirse poco después de la muerte del joven, aunque su autora no supo que lo escribiría hasta que no se cumplió el primer aniversario del trágico suceso. «Nos quedamos impactados cuando en el funeral aparecieron dos autobuses llenos de compañeros y amigos suyos. Nos contaron infinidad de testimonios de cómo era en el trabajo, de cómo ayudaba y se preocupaba por los demás. No eran las típicas palabras de consuelo».

Y un año después, «volvió la avalancha de mensajes sobre mi hermano. Nos contaban detalles pequeños pero que hablaban del gran corazón que tenía». Entonces, Jumbo pensó que no se lo podía quedar para ella o su familia. «Tenía que llegar a muchísima gente. Adrián era ejemplo de cómo hacer el bien sin llamar la atención. Hacía pequeños actos que, con el tiempo, han tenido una repercusión gigante en los demás».

Así surgió la obra, donde «hablo del valor de las cosas pequeñas; del bien que podemos hacer todos, aunque seas una persona normal y corriente como él; del valor de la familia; y de la plenitud de una vida pegada a Dios».

Gabriela Jumbo recuerda, por ejemplo, un detalle de servicio pequeño, pero que son los que cree que construyen a esos santos de la puerta de al lado de los que habla el Papa Francisco. «En su funeral, su jefa nos contó una anécdota de cuando estuvieron en una misión en Mali. “Yo siempre pedía un voluntario para ir a preparar el vehículo cuando teníamos que salir fuera de la base y él siempre era el único voluntario”. Adrián dejaba listo el vehículo y así sus compañeros podían prepararse con más calma».

Gabriela Jumbo, autora del libro. Foto cedida por Gabriela Jumbo Cuenca.

Alguno de los compañeros, «también nos dijo cómo acompañaba a los chicos que estaban pasando por un momento de dificultad, cómo acogía a los nuevos y les explicaba las cosas y los ánimos que les daba a los soldados que siempre iban los últimos cuando ponían al pelotón a correr», recuerda Gabriela.

Y es que Adrián Jumbo era muy deportista. «Le encantaba correr y eso le ayudó a superar una etapa más rebelde durante su adolescencia, en la que bebía mucho». El deporte también hablaba del valor que él le daba a la familia. «Siempre compartía sus éxitos con nosotros y procuraba organizar todos sus planes deportivos para que asistieran nuestros padres. Les cuidaba mucho». Quizá era su forma de agradecerle la profunda fe católica que le habían inculcado sus progenitores desde pequeño.

Precisamente, el joven soldado murió a los 28 años un día antes del Día de la Madre de 2019. «Le habían dado un permiso y estaba viajando en coche desde el cuartel, en Zaragoza, hasta Calahorra, donde viven mis padres. Y cuando ya estaba casi llegando se salió de la carretera. La verdad es que era una zona en la que sorprende que tuviera un accidente, lo que nos lleva a pensar que, simplemente, había llegado su hora. Dios le había llamado a su presencia».

Adrián, con su muerte, tuvo un último gesto para con su familia. «Mis padres si unieron mucho más entre ellos y con Dios a través de la oración. Y también yo, que me encomiendo a él a diario», concluye Gabriela Jumbo.