A San Francisco de Paula van los gitanos evangélicos a celebrar el culto
Esta parroquia tiene un marcado acento social porque, desde que nació, ha estado en primera línea de las necesidades de la población de alrededor
La llamada a Saturnino Pasero, párroco de San Francisco de Paula, transcurre un jueves por la mañana, uno de los momentos fuertes de la semana: «Es día de acogida en Cáritas y ha venido un montón de gente nueva», explica. Esta vocación de apertura la desarrolla la parroquia desde su nacimiento en los años 60, y este ha sido el testigo que recogieron los sacerdotes de la Sociedad de Misiones Africanas cuando se hicieron cargo del templo en el año 2020.
La comunidad eclesial estuvo al pie del cañón acogiendo las necesidades de ese primer éxodo rural que asumió Madrid a mediados del siglo pasado. Lo hizo después, cuando el barrio fue arrasado por la epidemia de la droga, y lo sigue haciendo ahora frente a la explosión del fenómeno migratorio que ha llenado las calles de Entrevías de acentos extranjeros. Todo ello ha ido dando el tono social a un templo que también cuenta en su territorio parroquial con el centro pastoral San Carlos Borromeo.

Otro ejemplo de esta marcada vocación solidaria es la atención que presta la parroquia a la considerable población gitana del barrio. Pasero se pregunta «por qué un gitano que quiere seguir a Jesucristo lo hace a través de la Iglesia evangélica de Filadelfia y no a través de la Iglesia católica». Cuando mostró esa preocupación le nombraron consiliario del Secretariado de Pastoral Gitana de la archidiócesis de Madrid, una labor que trata de desplegar asimismo en San Francisco de Paula.
«Todo comienza por cómo se acoge a la gente», explica el sacerdote, que aboga por entablar «una relación de amistad que no se reduzca solo a los casos extremos que vienen a Cáritas». Gracias a esta apertura ofrece cada semana los salones parroquiales para clases de lengua romaní, e incluso acude a ellos un grupo de la Iglesia de Filadelfia a celebrar periódicamente el culto.
Evangelización y caridad
El origen de esta última iniciativa está en un grupo de madres del barrio. «Me decían que tenían que celebrar el culto en la calle porque no tenían local y estaban preocupadas porque la Policía les había llamado la atención. Ellas necesitaban ofrecer a sus hijos un lugar para que tuvieran los valores de la fe y no perderse, y por eso ofrecí la parroquia», explica Pasero. La comunidad les abrió las puertas y cada semana acuden de 20 a 30 personas a alabar al Señor a su manera y tener sus actividades. Los parroquianos de siempre han recibido «muy bien» a esta particular comunidad gitana, cuenta, porque «nuestra línea es la de mirar bien a los que están fuera, la de ver a los demás no como enemigos, sino como hermanos».
En paralelo a esta labor está la pastoral con la comunidad gitana católica. El párroco cuenta con orgullo que uno de sus miembros se ha confirmado recientemente. «De vez en cuando hacemos un asado, estamos juntos y compartimos. Eso es estupendo y buenísimo», celebra.
La acogida de Cáritas se realiza los jueves «por ser el día eucarístico por excelencia» entre semana, ya que «no hay evangelización sin caridad». Acuden más de 100 personas al mes, la mayoría con una familia detrás. Muchas de ellas tienen como principal problema la escasez de viviendas asequibles. «Hay una auténtica mafia alrededor de este tema», dice Pasero, que denuncia que en el barrio se alquilan las terrazas y hasta los sofás, «un abuso muy grande que no se puede permitir».