El Papa pide a los obispos en Uruguay jornadas de oración y ayuno por las vocaciones
Propone extender a toda la Iglesia la experiencia del país, donde la oración y el ayuno de los fieles comenzaron después de que el seminario se quedara sin candidatos en 2024 y hoy varios jóvenes han iniciado el camino al sacerdocio
«Quisiera que esta experiencia de Uruguay encontrara eco en toda la Iglesia». León XIV lanzó este viernes desde la catedral metropolitana de Montevideo una invitación a los obispos de todo el mundo: promover en sus diócesis jornadas de oración y ayuno por el aumento de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.
El Papa hizo esta propuesta durante la celebración de las vísperas con obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y seminaristas, al concluir su primera jornada en Montevideo. La iniciativa nace de una experiencia muy concreta que ha vivido la Iglesia local en los últimos dos años.
En 2024, el seminario interdiocesano uruguayo no recibió ningún nuevo candidato. Ante esta situación, numerosos fieles comenzaron a organizar jornadas de oración y ayuno para pedir al Señor que enviara «trabajadores a su mies».
Desde entonces, aquella súplica se ha mantenido y hoy varios jóvenes han comenzado su camino en el seminario y en la vida consagrada. «¡Qué alegría saber que siguen naciendo respuestas generosas al amor de Cristo!», exclamó el Pontífice ante los jóvenes que participaban en la celebración.
León XIV quiso agradecer expresamente a quienes han sostenido esta oración perseverante. «Vean en estos frutos la prueba de que nuestro Dios escucha la oración de su pueblo», les dijo.
Una experiencia para toda la Iglesia
A partir de este pequeño fruto nacido en Uruguay, el Papa dio un paso más y pidió que la iniciativa se extienda al resto del mundo. «Invito a mis hermanos obispos de todo el mundo a promover en sus diócesis jornadas de oración y ayuno por el aumento de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada».
No se trata, según sus palabras, de una tarea reservada a quienes sienten una especial preocupación por la falta de vocaciones. León XIV pidió que «las parroquias, las familias y las comunidades religiosas» se unan también en esta súplica.
El ejemplo de Uruguay puede así convertirse, en palabras del Pontífice, en un estímulo para otros pueblos. «Que el ejemplo de esta tierra anime a muchos otros a pedir con la misma confianza», deseó.
Parecerse a Aquel a quien anunciamos
La petición por las vocaciones estuvo enmarcada en una reflexión más amplia sobre el testimonio de quienes han entregado su vida a Cristo. El Papa recordó que el corazón humano acaba tomando la forma de aquello que ama y en lo que deposita su confianza.
Por eso invitó a sacerdotes y religiosos a preguntarse dónde está realmente su corazón. También quienes han entregado su vida al Señor, advirtió, pueden terminar apegados a «una obra que consideramos nuestra, al reconocimiento que recibimos o a la tranquilidad de tenerlo todo bajo control».
La respuesta es volver una y otra vez a Jesucristo y dejar que sea Él «nuestro tesoro, aquel a quien queremos parecernos». Esa cercanía con Cristo, explicó, termina transformando la mirada, las manos y las palabras de quienes permanecen junto a él.
León XIV puso como ejemplo las vidas de tantos sacerdotes y religiosos que han envejecido sirviendo a los demás. Sus ojos han descubierto lágrimas que pasaban inadvertidas, sus oídos han acogido confidencias difíciles y sus manos han elevado el Cuerpo de Cristo, cuidado a los enfermos o sostenido a quien ya no podía caminar. «¡Qué hermosas son las manos que han envejecido haciendo el bien!», afirmó.
El Pontífice recordó también la figura del beato Jacinto Vera, primer obispo de Uruguay, cuyo sepulcro se encuentra en la catedral. Una religiosa que lo trató durante años decía de él que, solo con verlo, parecía que «estaba siempre en oración». «He aquí uno de los secretos de la evangelización: parecernos a Aquel a quien anunciamos», subrayó el Papa. El trato con Dios, explicó, había terminado por modelar el rostro, los gestos y la manera de estar entre los demás del beato uruguayo.

«Veo que Uruguay es un país de jóvenes con fe»
Al terminar la jornada, el Papa regresó a la Nunciatura Apostólica, donde un grupo de jóvenes lo esperaba en la calle. León XIV salió al balcón para saludarles y se encontró con un ambiente muy distinto al de la solemnidad de la catedral: aplausos, gritos y jóvenes que querían ver de cerca al Pontífice. «Veo que Uruguay es un país de jóvenes con fe», les dijo.
El comentario espontáneo adquiría especial significado después de una homilía en la que el Papa había hablado precisamente de tantos jóvenes que han crecido lejos de la Iglesia. «Gracias por su alegría, por su fe y por su testimonio», les manifestó desde el balcón.