En los 50 años de episcopado del cardenal Rouco, León XIV recuerda «su solicitud y fidelidad en la comunión de la Santa Iglesia»
La Catedral de la Almudena acoge la misa de acción de gracias por los 50 años de episcopado del cardenal Rouco, que fue arzobispo de Madrid entre 1994 y 2014
50 años de episcopado. Un gran motivo para agradecer a Dios por el ministerio de uno de los obispos más relevantes en la historia de la Iglesia española en el postconcilio. La catedral de Santa María la Real de la Almudena, el templo en el que ha presidido tantas celebraciones el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid, se ha llenado este 31 de octubre de 2026 para acompañar en este momento de alegría a quien guio a la Iglesia de Madrid durante 20 años.
Unidos en acción de gracias
Más de una veintena de cardenales y obispos, entre ellos el nuncio apostólico, el presidente de la Conferencia Episcopal Española, y todos los obispos de la archidiócesis de Madrid, titulares, eméritos y electos, más de 150 sacerdotes, vida religiosa, seminaristas, laicos, el conjunto del pueblo de Dios, han llenado un templo ciertamente familiar para el cardenal Rouco.
Juntos, con un corazón lleno de júbilo y gratitud han reconocido la trayectoria personal de «quien guio los pasos de nuestra archidiócesis como pastor fiel durante dos décadas», como decía la monición de entrada. El cardenal Rouco ha marcado la vida de muchos de los presentes, que han vivido la celebración como oportunidad para dar gracias a Dios por su ministerio episcopal y su entrega a la Iglesia a lo largo de cinco décadas.

Una ocasión para volver la vista atrás y recordar el momento de su ordenación episcopal en la catedral de Santiago de Compostela el 31 de octubre de 1976, iniciando su tarea como obispo auxiliar de aquella archidiócesis, donde en 1984 pasó a ser arzobispo, hasta su traslado a Madrid en 1994, siendo creado cardenal en febrero de 1998. Una celebración para en la que «depositamos en las manos del Señor toda una vida entregada al ministerio: sus desvelos, sus trabajos y las profundas alegrías compartidas en nuestra Iglesia».
En su homilía, el cardenal Antonio María Rouco Varela ha saludado al cardenal Cobo, ha recordado a las víctimas del accidente ferroviario en Urda y a sus familiares, y ha mostrado su gratitud a los cardenal y obispos presentes, de modo especial a monseñor Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal, y al Nuncio Apostólico en España, monseñor Piero Pioppo, a los sacerdotes concelebrantes y a todos los participantes, a quienes quiso «testimoniarles en este saludo cordialísimo mi gratitud por su cercanía espiritual, su constante apoyo y su amistad».
Recuerdo a los Papas de los últimos 50 años
Un recuerdo especial ha tenido para los papas que han formado parte de estos 50 años de episcopado: «San Pablo VI, que me nombro obispo auxiliar de Santiago de Compostela; san Juan Pablo II, al que debo una confianza personal y pastoral conmovedora e inmerecida en los años de arzobispo de la archidiócesis de Santiago de Compostela y de arzobispo de Madrid; Benedicto XVI que me regaló una delicadísima amistad que me fue tan valiosa en situaciones eclesiales muy difíciles; el papa Francisco en el tiempo de arzobispo emérito de Madrid y el actual Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia Universal, extraordinariamente bondadoso y amable con mi humilde persona».
El cardenal Rouco destacó que «de lo que se trata en la vida es de querer ser santos o no quererlo, de intentarlo o de dejarlo». Y hacerlo en todos los ámbitos de la vida y desde el ministerio que a cada uno le confía la Iglesia. Un ministerio que debe ser visto a partir de tres preguntas y las respuestas que hemos dado, si han sido desde la entrega y el deseo de desgastarse: si fui sin miedo a dónde Él me envió, si prediqué a Jesucristo y no a mí mismo, si nos hemos dejado lavar los pies, hemos subido a la Cruz y hemos lavados los pies a los otros.

Al hablar sobre la Eucaristía, recordó con Benedicto XVI, que es ágape, es el sacramento de la caridad, del Amor que es Dios. Desde ahí hizo un repaso de su vida y misión, desde su familia y el Seminario de Mondoñedo, agradeciendo los momentos vividos y las personas que han formado parte de su ministerio de diversos modos, a quienes ha dicho: ¡Gracias a todos desde lo más hondo del alma!
El homenajeado subrayó la centralidad de Cristo, recordando las palabras de León XIV al presbiterio de la archidiócesis de Madrid con motivo de la asamblea presbiteral Convivium en la que llamaba a seguir el consejo de San Juan de Ávila a los sacerdotes para que sean santos. Finalmente, encomendó a todos a Santa María de la Almudena y al patrocinio del Señor Santiago, Patrón de España.
Agradecimiento de León XIV
Una efeméride de la que se ha hecho partícipe el papa León XIV, que envió un mensaje al cardenal Rouco Varela con motivo del jubileo de oro de su consagración episcopal. En las palabras del Santo Padre, leídas por el nuncio apostólico, Piero Pioppo, se congratula «por el feliz acontecimiento, teniendo presente su larga misión pastoral en las comunidades eclesiales que le fueron confiadas, y su diligente labor ejercida con esmero en la Conferencia Episcopal Española y en los diversos dicasterios de la Sede Apostólica».
El texto recuerda «su solicitud y fidelidad en la comunión de la Santa Iglesia», y que «ha cumplido dignamente sus deberes en la caridad y en la obediencia». Por ello, el pontífice le desea «todo lo mejor, intercediendo a la Bienaventurada Virgen María, e implorando los dones celestiales por medio de Nuestra Bendición Apostólica».

Con motivo de esta efeméride, el arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo Cano, en nombre de toda la Archidiócesis de Madrid y en el suyo propio, le ha felicitado por sus 50 años de ministerio episcopal, sembrando en Madrid, durante 20 años «de una forma singular». A continuación, le ha hecho entrega al cardenal Rouco Varela de la Medalla Honorífica de la archidiócesis de Madrid, cuya primera edición se ha concedido al purpurado con un compromiso de cercanía y de oración.
Lo ha hecho bajo el manto de la Almudena, a quien el cardenal Rouco profesa gran devoción, con «nuestro compromiso de seguir rezando y trabajando por el Reino de Dios». Una medalla que en el futuro será entregada a aquellos que, de alguna u otra manera, guardan un vínculo intenso con ella. Homenajes a los que los presentes han respondido con una calurosa salva de palmas en reconocimiento al ministerio y compromiso del cardenal Rouco.