¿Quién es el Cristo de Urda, la imagen que presidirá el funeral por las víctimas del accidente ferroviario? - Alfa y Omega

¿Quién es el Cristo de Urda, la imagen que presidirá el funeral por las víctimas del accidente ferroviario?

El Santísimo Cristo de la Vera Cruz, conocido como el Cristo de La Mancha o el Cristo de la Barca, es una de las imágenes de mayor devoción popular de Castilla-La Mancha. Tallado en 1596, sobrevivió a la guerra de la Independencia y a la Guerra Civil

Redacción
El Cristo de Urda durante su procesión
Foto: Inma Brigidano.

En plena Mancha, lejos del mar, hay una barca que lleva más de dos siglos navegando entre multitudes. No surca el Atlántico ni el Mediterráneo, sino las calles de Urda, en Toledo. A bordo viaja el Santísimo Cristo de la Vera Cruz, una imagen de Jesús con la cruz a cuestas que presidirá el funeral por las víctimas del accidente ferroviario el próximo sábado, 31 de octubre, a las 12:00 horas en la iglesia parroquial de Urda.

La imagen será trasladada en procesión a las 22:00 horas de este viernes, 30 de octubre, desde su basílica hasta el templo parroquial; permaneciendo en la iglesia parroquial de san Juan Bautista hasta la noche de este sábado, 31 de octubre, momento en que volverá a la basílica menor urdetana.

Conocido popularmente como el Cristo de La Mancha o el Cristo de la Barca, es una de las imágenes que despiertan mayor devoción en Castilla-La Mancha. Su historia comienza en 1596, cuando el imaginero Luis de Villoldo entregó la talla a la Real Archicofradía el 30 de junio de aquel año. Recibió por su trabajo 400 reales de plata. Desde entonces, este Cristo, de tamaño natural y con un rostro de gran realismo, acompaña la fe de generaciones de urdeños y peregrinos llegados de toda España.

Pero hay algo que llama especialmente la atención: ¿por qué una imagen venerada en un pueblo del interior procesiona sobre una barca?

La promesa de un náufrago que llevó el mar hasta La Mancha

La explicación más conocida se encuentra en una leyenda transmitida de generación en generación. Cuenta que un vecino de la comarca marchó a América, entonces llamada las Indias, para hacer fortuna. Cuando regresaba a España, ya rico, una terrible tormenta destrozó su embarcación en mitad del Atlántico. Viéndose perdido, se encomendó al Cristo de Urda y le prometió que, si conseguía salvarse, le regalaría una barca de oro para que pudiera navegar en tierra firme.

El hombre sobrevivió y cumplió su promesa. Así habría nacido la peculiar carroza con forma de nave que hoy acompaña a la imagen en sus procesiones y que se estrenó a comienzos del siglo XIX.

Existe otra leyenda, también vinculada al mar, que habla de un joven soldado de Urda destinado a Filipinas. Durante la travesía, el barco en el que viajaba quedó atrapado en un temporal. Cuando el capitán y la tripulación temían lo peor, el muchacho sacó una estampa del Cristo y se puso a rezar. Según la tradición, las aguas se calmaron y todos pudieron salvarse.

Cientos de exvotos y favores atribuidos al Cristo

La devoción al Cristo de Urda no se explica solo por sus leyendas. Basta entrar en la basílica del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, también conocida como santuario del Cristo de Urda, para encontrar otra forma de contarla: los exvotos. Cientos de ofrendas depositadas por personas que quieren agradecer una curación, la protección en un accidente o la recuperación de una enfermedad.

A lo largo de los siglos, los fieles han acudido al santuario para encomendarse al Nazareno en momentos de especial dificultad. Entre los favores que se le atribuyen figuran recuperaciones de enfermedades graves, intervenciones quirúrgicas y accidentes. 

Cada 29 de septiembre, coincidiendo con la festividad del Cristo, Urda recibe a miles de peregrinos. Muchos llegan caminando desde sus localidades de origen, en ocasiones después de recorrer decenas de kilómetros, para cumplir una promesa, pedir ayuda o dar gracias.

Una imagen que sobrevivió a dos guerras

La historia del Cristo de Urda también está marcada por la destrucción y la supervivencia. Durante la guerra de la Independencia, las tropas francesas saquearon el santuario. La imagen pudo salvarse porque permaneció escondida bajo el suelo del templo.

Más de un siglo después, en 1936, volvió a estar a punto de desaparecer. Durante la Guerra Civil, la talla original fue derribada y arrojada a unas canteras cercanas. Pero un vecino marmolista recogió sus fragmentos y los escondió en el falso techo de su taller. Acabada la contienda, las piezas fueron recuperadas y la imagen se restauró en Valencia.

El santuario que la acoge fue elevado a la categoría de basílica menor por el Papa Francisco el 21 de febrero de 2021. Además, cuenta desde 2005 con el privilegio de Año Jubilar perpetuo cuando el 29 de septiembre, festividad del Cristo, coincide en domingo.