Jack Valero: «Ahora el punto más delicado en el debate sobre el Opus Dei es la libertad» - Alfa y Omega

Jack Valero: «Ahora el punto más delicado en el debate sobre el Opus Dei es la libertad»

Cristina Sánchez Aguilar
Jack Valero

El responsable de comunicación del Opus Dei durante 25 años en Londres publica Opus Dei sin filtros, un libro que reúne testimonios de personas muy distintas para explicar desde sus vidas qué significa pertenecer a la institución. Hablamos con él de libertad, de polarización y del escrutinio al que está sometida la Obra.

—Publica Opus Dei sin filtros después de toda una vida dedicada a la comunicación de la institución y de años de responder a preguntas, algunas especialmente difíciles, de la opinión pública. El libro llega, además, en un momento en el que el Opus Dei vuelve a estar bajo un intenso escrutinio, con un nuevo documental en HBO Max y otras entrevistas y videopódcast que ofrecen una determinada imagen de la institución. ¿Ha sido providencial esta coincidencia? ¿Es también una respuesta comunicativa?
—En cierto modo, sí ha sido providencial. En el proyecto Catholic Voices, que pusimos en marcha con motivo de la visita de Benedicto XVI a Inglaterra en 2010, aprendimos que, normalmente, la gente no se interesa demasiado por la Iglesia o la religión, pero cuando surge una polémica sí presta atención. Entonces formamos un grupo para explicar la postura de la Iglesia y participamos en un centenar de programas informativos. Ahora que existe una polémica en torno al Opus Dei, vuelve a haber interés. Creo que es un buen momento para publicar este libro.

La coincidencia, en realidad, ha sido casual. Desde la editorial Almuzara me propusieron escribir un libro sobre el Opus Dei para una colección de temática religiosa. Me hicieron el encargo y lo escribí entre enero y junio de este año, con la idea de publicarlo en otoño. Después nos dimos cuenta de que su aparición coincidía con un momento de gran controversia. Eso hará que se venda más y que se hable más del tema, lo cual me parece estupendo.

Llevo 25 años trabajando en la oficina de información del Opus Dei en Londres y he respondido a preguntas sobre muchas cuestiones: desde las polémicas relacionadas con El código Da Vinci hasta el dinero, el poder, la influencia, el papel de las mujeres o la mortificación. Son preguntas legítimas, pero con el tiempo me he dado cuenta de que responder desde arriba, explicando la estructura y tratando de aclarar cada cuestión, tiene sus límites. A veces uno acaba atrapado en el marco que otros han establecido.

Con este libro he tenido la oportunidad de explicar las cosas desde abajo, a través de las vidas concretas de las personas, tal como ellas mismas me las han contado. Al terminarlo, descubrí que muchas de las preguntas que la gente se hace encontraban respuesta en esos testimonios. Me pareció una manera más completa, accesible y real de acercarse a la institución. Creo que ese es el camino para el futuro.

—Los testimonios que ha reunido muestran una gran diversidad de personas y circunstancias. Frente a la idea de que quienes pertenecen al Opus Dei responden a un único perfil, aparecen un musulmán, un sacerdote aficionado al heavy metal, una madre de familia o un taxista. ¿Cómo seleccionó las historias? ¿Qué tienen en común las personas que explican por qué pertenecen al Opus Dei y por qué permanecen en él?
—La selección fue, en cierto modo, aleatoria. Pedí ayuda a amigos y colegas de distintos países. Empecé por España, porque el libro nace aquí y hay un número importante de miembros de la Obra. A partir de esa primera lista fui incorporando personas de otros lugares.

Buscaba perfiles que me permitieran abordar realidades diferentes: numerarias auxiliares, numerarias, sacerdotes, supernumerarios, personas pobres y personas ricas. Quería que estuvieran representadas distintas situaciones y vocaciones. Cuando encontraba a alguien que respondía a lo que buscaba, hacía la entrevista, la escribía y contrastaba la información.

Ha sido una experiencia muy emocionante y un privilegio entrar en las vidas de tantas personas y comprobar cómo se abren cuando les preguntas por su historia. Al final, hay algo de misterio en todo esto. ¿Quién elige el Opus Dei? Yo creo que, en realidad, nadie elige la Obra: es Dios quien elige a las personas. Ha elegido a estas y a muchas otras, pero estas son las que aparecen en el libro. Ellas han respondido a esa llamada, y eso no se puede predecir.

Escuchar sus testimonios me ha removido profundamente. Llevo mucho tiempo en el Opus Dei y pensaba que conocía bien su realidad porque la vivo desde dentro. Sin embargo, oír a una numeraria auxiliar o a un sacerdote en Perú ha sido como escuchar al Opus Dei encarnado, en lugar de leer sobre él en documentos. No solo me ha ayudado a responder a las preguntas que se hace la gente, sino que me ha conmovido personalmente. También he podido ver cómo actúa Dios: a veces su gracia transforma una vida de una manera que uno no habría imaginado.

—En el libro aparecen personas que han permanecido en el Opus Dei y otras que han decidido marcharse. ¿Qué ha aprendido de sus historias? ¿Cómo se mantiene el vínculo con quienes dejan de pertenecer a la institución?
—Conozco a muchas personas que han entrado en el Opus Dei y después se han marchado. Algunas han sufrido, y eso me da mucha pena. Comparto su dolor en la medida en que puedo y me gustaría estar cerca de todas ellas. Pero también hay muchas que han decidido que ese no era su camino y que siguen manteniendo una relación muy buena con la institución. De eso se habla poco, porque no suele ser noticia.

En todos esos casos veo algo en común: quienes han pertenecido o pertenecen al Opus Dei lo han hecho porque han tenido un encuentro con Dios y han respondido afirmativamente a él. Por eso pienso que, si una persona ha dicho que sí a Dios y ha sido generosa, es mi hermana o mi hermano para siempre. Quiero mantener esa relación con las personas.

Escuchar las vidas de gente a la que no conocía ha sido muy enriquecedor. Me ha hecho mucho bien.

—En un contexto social marcado por la polarización, ¿cómo podemos convivir con posturas enfrentadas?
—En Catholic Voices partíamos de una idea que me parece fundamental: cuando dos personas mantienen posiciones enfrentadas, cada una suele estar buscando un bien. Y, en muchos casos, ese bien es compartido. Descubrirlo puede ser una revelación.

La comunicación no consiste en demostrar quién es más inteligente o quién consigue que su mensaje llegue más lejos. Para mí, consiste en escuchar al otro, comprender qué bien está buscando y descubrir que yo también lo deseo. Tenemos que hablar de ese bien compartido, porque es ahí donde podemos encontrarnos y construir algo juntos.

Me gustaría contribuir a un mundo mejor junto a personas con las que discrepo en muchas cuestiones. Al final, es posible que todos estemos buscando ese mismo bien, aunque lo hagamos desde posiciones distintas.

A veces percibimos las posturas como irreconciliables, pero la realidad no siempre es así. Como católico, creo que comunicar desde la fe significa amar a la persona, intentar comprender qué bien busca y dialogar con ella desde ahí. Eso comunica mucho más.

Ha sido una conversión personal. Antes pensaba que, para ser un buen comunicador católico, tenía que ser muy inteligente y ofrecer muchos argumentos en defensa de mis posiciones. Ahora entiendo que, para ser un comunicador católico, tengo que escuchar mucho más.

—La libertad aparece de manera recurrente en los testimonios del libro. En el actual debate público sobre el Opus Dei, parece haberse convertido en una cuestión central. En otros momentos, las controversias se han centrado en el secretismo o en la influencia de la institución. ¿Qué ha aprendido de las historias que ha escuchado? ¿Estamos ante un problema de libertad institucional o de libertad personal?
—No creo que sea simplemente un problema de libertad. La cuestión es cómo hablamos de ella, y eso es complejo.

En este momento, el punto más delicado en el debate sobre el Opus Dei no es tanto el secretismo o el conservadurismo, sino la libertad de las personas. Es algo que he comprendido cada vez mejor al trabajar en el libro.

Los miembros del Opus Dei perciben esa libertad de manera espontánea, sin necesidad de que nadie se la explique. Entienden que pueden tener el trabajo que quieran, vivir donde quieran, pensar lo que quieran, apoyar la posición política o religiosa que consideren oportuna e incluso aceptar o no los consejos que reciben en la dirección espiritual. Eso es lo que yo experimento en mi propia vida y lo que veo en los miembros, incluso en quienes llevan solo tres semanas en la institución.

Sin embargo, fuera del Opus Dei esta idea se cuestiona mucho. Cuando hablo con personas ajenas a la institución, a veces no se lo creen. Ven una estructura y piensan que debe de haber alguien que les diga lo que tienen que hacer, con un alto grado de obediencia. Pero, en mi caso, nunca he recibido una orden dentro del Opus Dei y, en mis 33 años como director, tampoco he dado una orden a nadie.

Hay una frase que he empezado a repetir y que resume mi manera de entenderlo: el Opus Dei no tiene un programa para mejorar el mundo, sino para mejorar a las personas. Les ofrece formación para que cada una contribuya, por su cuenta, al cambio que el mundo necesita, de la manera que considere oportuna.

Eso significa que una persona puede decidir participar en una manifestación provida o considerar que no es su camino y que prefiere contribuir de otra manera. También puede recibir el consejo de rezar media hora cada mañana a las siete y decidir que necesita hacerlo de otro modo. La libertad forma parte de todas esas decisiones.

Quiero comprender mejor esta realidad para poder explicarla mejor. He dedicado buena parte de mi vida a la comunicación, pero ahora me encuentro ante un problema comunicativo curioso: los miembros entienden esa libertad de manera inmediata, mientras que a las personas de fuera les cuesta comprenderla.

Por eso, mi próximo proyecto, después de Opus Dei sin filtros, será estudiar esta cuestión de cara a 2027. Quiero hablar con muchas personas, tanto a favor como en contra, comprender cómo se concibe y se vive la libertad y encontrar la mejor manera de explicarla. Quizá escriba un libro sobre ello y lo comparta con alguien que mantenga una postura diferente, para que podamos conversar y hacer público ese diálogo.

Creo que este es, hoy, el punto central de la comunicación sobre el Opus Dei.

—El libro permite acercarse a la institución a través de testimonios de personas concretas, algo que no siempre resulta habitual. Muchas veces hablamos de las instituciones desde fuera y nos cuesta escuchar las experiencias de quienes las integran. Si tuviera que elegir tres historias que le hayan llegado especialmente al corazón, ¿cuáles destacaría?
—Una de las que más me ha conmovido es la del sacerdote Edwin, de Perú. Le robaron la moto, le dispararon y quedó paralítico, en una silla de ruedas. Lleva seis meses en esa situación.

Me impresiona que haya perdonado a quien le atacó y que viva su situación desde una profunda dimensión sobrenatural. Pero también me conmueve la manera en que percibe el Opus Dei: para él, la Obra es la persona que va al hospital a cuidarlo, quienes se acercan a escucharlo y quienes lo acompañan. Es una familia que ha estado a su lado durante todo este tiempo de dolor, y él se siente profundamente unido a ella porque ha experimentado su apoyo.

Al conocer su historia pensé que no había nada complicado que explicar: el Opus Dei es, para él, la persona que lo ha acompañado en el hospital. Es una manera muy concreta de entenderlo.

Otra historia que me impresionó es la de un empresario estadounidense de gran éxito cuyo hijo tiene una enfermedad que requiere cuidados permanentes, las 24 horas del día. Él deja su trabajo y busca una ocupación que pueda desempeñar desde casa para cuidar de su hijo.

Más adelante conoce el Opus Dei de una manera completamente casual: un día no hay misa en su parroquia, tiene que desplazarse a otra y allí entra en contacto con alguien de la Obra. Con el tiempo, llega a dirigir un proyecto del Opus Dei para chicos desfavorecidos en Chicago.

Al cabo de un año, sin embargo, siente que aquello, aunque es bueno, no basta. Quiere hacer algo más. Se lo plantea a las personas con las que colabora: quiere crear un colegio privado y gratuito que permita a los jóvenes de familias con pocos recursos acceder a una educación secundaria de calidad y llegar a la universidad, en lugar de acabar atrapados en las drogas o morir siendo todavía adolescentes. Quiere ofrecerles una oportunidad real.

Se lo propone y lo lleva adelante. Me conmovió que su relación con el Opus Dei despertara en él la inquietud de poner en marcha un proyecto tan original: un colegio privado y gratuito para ayudar a chicos desfavorecidos de Chicago. Para él, la Obra fue esa inspiración.

Al escuchar estas historias comprendí que, para una persona, el Opus Dei puede ser una familia; para otra, una inspiración para ayudar a los pobres; para otra, una manera de hablar constantemente de cómo Dios ha entrado en su vida.

Todos viven una misma vocación, pero cada uno la encarna a su manera. El fundador insistió en que hombres y mujeres, célibes y casados, sacerdotes y laicos compartían la misma vocación. Quería una estructura en la que todos fueran iguales. En aquella época, esa idea resultaba novedosa en la Iglesia y costó que fuera aceptada, porque existía la concepción de que los sacerdotes debían estar por encima de los laicos y los célibes por encima de los casados.

Él no quería eso: quería que todos fueran iguales. Y, sin embargo, cuando uno escucha estas historias, descubre que cada persona vive esa vocación de una forma distinta. Para unos, se trata de reconocer que Dios ha entrado en su vida; para otros, de vivir desde el amor e invitar a Cristo a través del amor a los demás. Cada cual lo hace en su propio mundo y de la manera que considera adecuada.

Es un gran privilegio escuchar y comprender las múltiples formas en que se vive una misma vocación.

—¿Qué le gustaría que descubriera alguien que se acerque al libro con curiosidad, que quiera conocer las distintas perspectivas sobre el Opus Dei y comprender mejor a quienes forman parte de él?
—Me gustaría que descubriera que el Opus Dei es para cualquiera. Sus miembros son personas imperfectas que intentan responder al amor inmenso de Dios, que los quiere profundamente. Lo hacen de manera imperfecta, con sus altibajos, como cualquier otra persona. Pero el amor de Dios es tan poderoso que en sus vidas suceden milagros.

Eso es lo que quiero contar. El Opus Dei puede ser para cualquiera que no tenga ya otro compromiso con una institución de la Iglesia y que sienta que Dios lo llama a este camino. Cuando eso sucede, creemos que Dios lo hace todo.

La filiación divina es fundamental en el Opus Dei: Dios es mi Padre, me ama con locura y lo hace todo. Como dice el profeta Jeremías, «Dios me sedujo y yo me dejé seducir». Ahí es donde sucede todo.