Uno de cada cuatro españoles no quiere vivienda pública cerca: «Hay muchas formas de aporofobia»
Se acaba de presentar la primera encuesta nacional sobre aporofobia en España, que revela por ejemplo actitudes mucho más negativas hacia los pobres entre los jóvenes que entre los mayores. Pilar Muro, responsable de la investigación, explica a Alfa y Omega que su objetivo a futuro es sensibilizar
La mitad de la población de España (el 50 %) considera que los pobres son dependientes de las ayudas y una de cada diez personas (10 %) cree que están en esta situación a causa de sus características individuales. Además, casi una de cada cuatro (el 23 %) afirma que le incomodaría tener un bloque de vivienda pública en su vecindario.
Son datos «que nos remueven», asegura a Alfa y Omega Pilar Muro Sans, coordinadora de Investigación de AporoLAB, el Observatorio de la Pobreza, que ha presentado este jueves la primera encuesta nacional sobre aporofobia realizada en España. Ha sido en el marco de la 4ª Conferencia Internacional sobre Aporofobia, organizada por IQS junto a una alianza de instituciones de la Universidad Ramon Llull. Se trata de un estudio pionero que aportará datos empíricos sobre las actitudes y percepciones de rechazo social hacia la pobreza en nuestro país.
Uno de los datos más sorprendentes es que hay 3,5 veces más jóvenes de 18 a 24 años que mayores de 65 que consideran a las personas pobres como inferiores moralmente o vinculadas a adicciones. «La percepción del joven hacia quien está en situación de vulnerabilidad es muy negativa».
Estas creencias y actitudes negativas también se dan con más frecuencia entre personas con estudios primarios en comparación con las que han llegado a niveles superiores, que «entienden que hay muchísimos más factores que pueden influir» más allá de la responsabilidad de cada uno. Y entre personas de derechas que entre las de izquierdas. En cuanto al sexo, «las mujeres expresan en general más empatía o apoyo» que los hombres, que «se muestran un poco más de acuerdo con medidas como impedir a los pobres la entrada en un bar», enumera Muro.
Por otro lado, un 70,9 % de los encuestados atribuye la responsabilidad de que exista pobreza a otros, sin incluirse ellos mismos. Y un 60 % de la población considera que la mejor estrategia para resolverla es crear más empleo. Muro ha explicado a Alfa y Omega por qué esta investigación es relevante y qué esperan conseguir con ella desde el Observatorio de la Aporofobia.

—Sobre la aporofobia en España tenemos datos estadísticos dentro de los delitos de odio, pero ¿había algún informe similar a este, aunque fuera parcialmente?
—Este estudio es novedoso por dos razones. Una es que por primera vez preguntamos en todas las comunidades autónomas de España. La muestra, de 6.000 personas, es representativa de toda la población nacional. En segundo lugar, como bien dice tenemos datos de los que han sido las víctimas de esos hechos aporofóbicos. La innovación sería que estamos preguntando a personas de la calle cuál es la percepción acerca de las personas que ellos identifican como pobres y todas las creencias que puede haber detrás.
Las entrevistas se han hecho online con una empresa que ha controlado la representatividad. Por eso creemos que en este caso la gente se ha atrevido a decir cosas mientras que a lo mejor en el cara a cara falsearía la imagen que da de sí misma.
—¿Qué pretendían desde el Observatorio de la Aporofobia con esta investigación?
—El objetivo era ofrecer datos objetivos de cuál es el malestar que puede haber acerca de esta convivencia con las personas que están en una situación de vulnerabilidad como la pobreza. Hasta ahora se hablaba mucho desde una perspectiva de las personas que viven en la calle. Pero nosotros, basándonos mucho en el concepto tal como lo acuña Adela Cortina, consideramos que es mucho más: el rechazo hacia aquellas personas que percibo que no aportan, que se aprovechan. Es una mirada que se amplía mucho más, por ejemplo a que si veo una persona que no trabaja puedo tener la percepción de que no hace nada o de que se merece estar así.
Institucionalmente existen asimismo conductas aporofóbicas, de forma que incluso cuando solicitan algún tipo de ayuda sufren la sospecha sobre si realmente es para ellos o por qué la necesitan. Eso también es aporofobia. Hay familias monomarentales que no pueden tener acceso a una escuela para sus niños pequeños porque no están reguladas o que no tienen un trabajo fijo porque nadie se hace cargo de la criatura.
Hemos preguntado por cosas como si diría que no se dejara a una persona pobre entrar en un bar o si se piensa que abusan del sistema, que son una carga o que son dependientes.

—¿Puede ser una vía alternativa para diagnosticar este problema compensando el de la infradenuncia de los ataques a personas sin hogar?
—Yo creo que sí que suma. Abrir este estudio a que la aporofobia es mucho más nos hace pensar que hay muchas otras formas de ser aporófobo además de tener una conducta agresiva con una persona de la calle. Consideramos que abrir esta mirada va a permitirnos avanzar en el conocimiento de la aporofobia.
—¿Qué pretenden hacer ahora con estos datos?
—Aún no nos atrevemos a interpretarlos porque puede haber muchas variables. Algo muy interesante que pretendemos es repetir esta misma encuesta cada año, lo que nos va a dejar datos a nivel longitudinal. Tampoco hemos hecho aún propuestas para combatir la aporofobia porque supondría hacer inferencias de los datos. Sí que el objetivo es ir en esa dirección: no pretendemos solo ofrecer datos estadísticos sino que haya cambios en políticas públicas, en sensibilización. Que chavales tan jóvenes tengan esas actitudes nos hace pensar que hay que hacer bastante trabajo en esa línea.
Colaboramos con entidades sociales con las que podríamos trabajar en líneas de sensibilización, en acciones concretas y en políticas públicas. No somos académicos separados de la realidad. De hecho, al congreso ha venido un representante del Ministerio de Interior. Es un congreso que lo que pretende también es una mirada totalmente transversal y horizontal que tenga impacto a todos los niveles.