El castillo. Un castillo interior - Alfa y Omega

El castillo. Un castillo interior

Isidro Catela
Valentina Vida da vida a Claudia, una de las víctimas de trata.
Valentina Vida da vida a Claudia, una de las víctimas de trata. Foto: Movistar Plus+.

Hay series llamadas a permanecer. El castillo es una de ellas. Le van a llover los  premios, pero eso, a estas alturas, es lo de menos. Si aguantan el pulso que les echa desde el minuto uno esta historia agria y desgarradora, les va a costar olvidar lo que han visto.

Y eso que lo que van a ver es una suerte de «elefante en la habitación», que todos sabemos que está ahí, entre nosotros, en las luces cutres de eso que llamamos clubs de carretera.

El castillo entra, a corazón abierto, pero sin morbo alguno, en el mundo de la prostitución y de la trata. El resultado es una narración profundamente humana, construida sobre personajes complejos y memorables, especialmente los dos protagonistas principales. Raúl Arévalo da vida a uno de los personajes más sobriamente asquerosos que uno pueda imaginarse (el Suizo), un proxeneta de manual, para el que tuvo que sufrir una transformación física que casi le hace irreconocible.

Su némesis es la jovencísima Valentina Vidal (Claudia), que atraviesa la historia y se nos queda prendida dentro, con esos ojos en permanente estado de animal huidizo y asustado, y con esa vulnerabilidad que arrastra quien padece un síndrome de indefensión aprendida. 

Escrita por Isabel Peña y Eduardo Villanueva, y dirigida por Elena Martín y Sandra Romero, la serie se desarrolla en seis capítulos de algo menos de una hora de duración cada uno, con el nombre de personajes secundarios, pero a la vez imprescindibles para el negocio: los clientes.

No hay nada explícitamente confesional en la serie, no se pretende. Hay, sin embargo, dos guiños diferentes, sutiles, que, a mi juicio, son muy de agradecer: la cruz que la protagonista lleva al cuello y el título, que a mí me resuena todavía, como un eco teresiano, donde el castillo, más que la imponente fortaleza que despunta en una colina, es un retrato del alma humana, de su interioridad, de su inmensa dignidad, que obliga al espectador de la serie a mirar una realidad incómoda y a  examinar su propia conciencia.