Juan Azcárate: «Es importante que los obispos sean conscientes de cuidar a los curas» - Alfa y Omega

Juan Azcárate: «Es importante que los obispos sean conscientes de cuidar a los curas»

El vicerrector del seminario de Asidonia-Jerez hablará sobre la Ratio Fundamentalis ante el cambio generacional en el encuentro de rectores y formadores de seminarios que arranca el viernes en Madrid

José Calderero de Aldecoa
Juan Azcárate

—¿Qué balance hace de la ratio?, ¿qué impacto ha tenido en los seminarios?
—Es un documento muy interesante que fue publicado en el año 2016. Recoge el magisterio de los últimos Pontífices, porque la ratio anterior data de 1985. Es una puesta a punto de la normativa y el balance es muy positivo. No obstante, pienso que todavía hay que seguir profundizando, porque se están produciendo cambios socioculturales muy importantes, sobre todo a raíz de la inteligencia artificial.

—Su ponencia versará sobre el discernimiento vocacional. ¿Cómo hacerla con garantías ante todos esos cambios socioculturales de los que habla?
—Ese es el arte del discernimiento. Hay que tener en cuenta, por un lado, que lo nuclear en el sacerdote no cambia. Hay una fisionomía inmutable. Pero es verdad que hay que actualizar la formación al momento actual y social. Ahí entra en juego la etapa propedéutica, que es un año de discernimiento previo al ingreso en el seminario que creó precisamente la ratio. Es un momento para adecuar el corazón a la llamada vocacional. Durante ese año propedéutico, es muy importante lo que se llama la vía purificativa. Es decir, ir purificando el corazón. Hay como una desmundanización. Se trata de ir configurando el corazón para ir anclándolo cada vez más en el deseo profundo de seguir a Cristo como sacerdote. Eso implica también ir desintoxicándose de las redes sociales. Toca centrarse en el silencio, la oración, la formación intelectual, la dimensión comunitaria, la formación espiritual, la formación académica. Creo que eso importante. 

Ratio histórica

La Ratio Fundamentalis se promulgó originalmente el 6 de enero de 1970. Posteriormente se publicó una actualización el 19 de marzo de 1985, enriqueciéndola con numerosas notas a la luz del Código de Derecho Canónico, promulgado el 25 de enero de 1983. En 2016 se reactualizó para recoger los cambios culturales y sociales.

—¿La ratio ha endurecido los criterios de admisión al seminario?
—Más que endurecerlos, lo que hace la ratio es actualizarlos al momento presente. En la adaptación española de la ratio se habla, por ejemplo, de tres situaciones que antes no se daban. Las vocaciones de inmigrantes, las vocaciones adultas y las vocaciones de los neoconversos. Ahora el Papa acaba de estar en Francia. Pues allí, el año pasado se bautizaron entre 20.000 y 30.000 personas. ¿Qué pasa cuando una persona ya adulta, un hombre adulto, se bautiza y tiene esa inquietud vocacional de llamada al sacerdocio? 

—Entiendo que cabe el riesgo de que confunda el fulgor del bautismo con la llamada del Señor al orden sacerdotal.
—Efectivamente. Por eso, la ratio dice: «Distíngase muy bien el fervor de la conversión, y de vivir en plenitud la vocación a la gracia del bautismo, de la llamada vocacional a entregar la vida en el sacerdocio». Y añade: «Dispóngase el tiempo prudencial entre que se bautiza y se pide el ingreso al seminario». No es muy lógico que una persona que se bautice a la semana pida el ingreso en el seminario. Tiene que haber un discernimiento profundo y basado en el acompañamiento. 

Programa

Viernes, 16 de octubre

  • 17:00 h. Oración inicial y saludo.
  • 17:30 h. Ponencia. A los diez años de la Ratio Fundamentalis: recepción, retos y perspectivas. Jorge-Carlos Patrón Wong, arzobispo de Xalapa.

Sábado, 17 de octubre

  • 10:00 h. Ponencia. Formar un corazón sacerdotal. Las etapas formativas al servicio de la configuración con Cristo. Jorge-Carlos Patrón Wong.
  • 12:30 h. Mesa de experiencias. De la formación inicial a la permanente: la etapa de síntesis.
  • 16:30 h. Ponencia. El seminario, escuela de los afectos. El papel de las emociones en el proceso formativo del seminario según la ratio.

Domingo, 18 de octubre

  • 10:30 h. Ponencia. La Ratio Fundamentalis ante el cambio generacional de los últimos 10 años: el discernimiento vocacional y los criterios de admisión hoy. Juan Azcárate, vicerrector del Seminario de Asidonia-Jerez.
  • 13:00 h. Informaciones de la Subcomisión.

—¿El retraso de la adultez afecta el orden sacerdotal? ¿Cómo llegan hoy los chicos al seminario?
—Ciertamente, los sacerdotes no son seres de otro planeta. Hay una falta de madurez generalizada de la juventud, que también encontramos en los jóvenes que van pidiendo el ingreso en el seminario. En líneas generales, tienen carencias dentro de su itinerario madurativo. Esto es claro, no podemos ser tan ingenuos de pensar que los jóvenes que vienen a solicitar el ingreso en el seminario son de otra pasta o vienen de Marte. Son jóvenes que tienen a veces dificultades afectivas o un contexto familiar a veces complicado, porque también eso está dando mucho.

Hace 60 o 70 años, una persona con 18 años se consideraba ya vocación adulta, porque no había pasado por el seminario menor. Hoy día una persona con 18 años está empezando a formarse en esta etapa madurativa. También hay que decir que a esa edad los chicos tienen mayor adaptación al cambio que a los 45 años, que uno ya tiene las raíces bien plantadas y es más difícil cambiar las costumbres.  

—Por último, le quiero preguntar si el exceso de trabajo puede acabar sofocando una vocación sacerdotal. También vemos cómo esta semana se ha suicidado un sacerdote en Francia a los 73 años. ¿Cómo se puede llegar a esta situación?
—Los sacerdotes somos humanos y como cualquier otro corremos el riesgo de quemarnos. A veces queremos mantener estructuras del pasado, cuando había un 20 % más de clero. Es importante que los obispos sean conscientes de que hay que cuidar a los sacerdotes, sobre todo los que comienzan su ministerio. La palabra clave es el acompañamiento. Y hay que reflexionar cómo en este mundo globalizado hay tantos sacerdotes que sufren soledad. Se trata de un acompañamiento personal y, por supuesto, también espiritual.