La expedición española para la JMJ de Seúl regresa con «ganas de evangelizar todo el país»
Aparte de dar testimonio a los coreanos, María Aguilar llama a «aprender y rescatar» de ellos «el testimonio de los mártires porque es la base y el fermento de la fe»
«El viaje a Seúl ha sido impresionante», nos cuenta por teléfono María Aguilar, de 35 años y secretaria de la Subcomisión Episcopal para la Juventud e Infancia de la Conferencia Episcopal Española. Volvió a nuestro país el pasado 18 de septiembre junto a más miembros de su equipo y delegados de Pastoral Juvenil de toda España, quienes viajaron allí el día 8 para poner los cimientos de cara a la JMJ que se celebrará en Corea del Sur el año que viene, y aún sigue impactada. Aparte de la capital, visitaron también las diócesis de Uijeonjbu, Daejeon y Jeonju y participaron en un encuentro internacional organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida para organizar el evento.
Francisco José Ramirez, director de la Subcomisión Episcopal para la Juventud e Infancia, es quien ha «capitaneado esta expedición» de nueve personas a Corea del Sur. Allí pudieron hablar con el Comité de Organización Local de la JMJ de «las inquietudes de los peregrinos españoles, al alojamiento, la manutención y el contenido», pues recalca que estas reuniones no abordan solo la logística sino también la espiritualidad del encuentro».
Sobre el viaje a Uijeonjbu, Daejeon y Jeonju, Ramírez nos confía que desde su equipo «vamos a proponer vivir esa experiencia» que acaba de descubrir «a todas las diócesis de España». «En esos días encontramos fraternidad y una experiencia eclesial impresionante, pequeña pero muy unida y manteniendo presentes a mártires como Andrés Kim y sus compañeros». Y vaticina un mínimo de unos 500 peregrinos españoles a la JMJ de Seúl porque, aunque Corea del Sur está lejos y el billete es muy caro, «hay mucho deseo» entre los jóvenes.
«Tenemos que aprender y rescatar» las historias de mártires
Lo que más ha llamado la atención de Corea a Aguilar, al margen «del mundo del k-pop y la cosmética», es «su Iglesia y el testimonio de los mártires». «Es un país en el que los propios jóvenes salieron a buscar la fe y su Iglesia tiene menos de 300 años porque este era un país totalmente aislado que conoció ciertas influencias del cristianismo a través de China».
A juicio de la secretaria, «podemos decir que este es el único lugar del mundo donde la fe no fue llevada por los misioneros sino por sus propios jóvenes, que les trajeron escritos de los jesuitas y empezaron a convertirse leyendo esos libros». Después volvieron a China para bautizarse, «empezaron a bautizar a sus compañeros y cambiaron su forma de vida poniendo todo en común en un sistema dividido por clases y en el que el gobierno les veía como una amenaza».

Es en ese contexto en el que se martirizó a la familia de Andrés Kim y, diez años después, a él mismo. «Ellos viven el testimonio de los mártires como una gran riqueza porque es la base y el fermento de la fe y ese cariño me ha llamado mucho la atención», revela María Aguilar. En su opinión «es algo que tenemos que aprender y rescatar para nuestra Iglesia y jóvenes».
Solo la fe podrá paliar su epidemia de suicidios
La secretaria recuerda que «los católicos en Corea del Sur son en torno al 10 % de la población y más del 50 % del país no profesan ninguna fe». Es una carencia que, a su juicio, explica que «está en la posición número uno junto a Japón en suicidios» —el 90% de muertes entre menores de 30 años se debe a esta causa y es también frecuente entre ancianos— y «demuestra esa necesidad que tiene la sociedad de encontrar a Dios». Es por ese motivo que los fieles locales «nos pedían que fuésemos a la JMJ no con la visión de pasárnoslo bien y ver al Papa sino para ayudar a la Iglesia coreana a evangelizar a sus propios vecinos».
«Corea necesita de Dios y necesita esta propuesta porque es la única que puede darles sentido y cambiar su percepción de la vida», considera María Aguilar, quien define la sociedad que acaba de visitar como una «muy productiva y organizada» pero constreñida por una excesiva «búsqueda de la excelencia».

Por último, llama a participar en esta peregrinación «no por acumular experiencias» sino para «compartir y darnos cuenta de que nuestros actos pueden repercutir en la evangelización de todo un país», pues «vamos a tener la suerte de estar alojados en familias, viviendo, comiendo y durmiendo con ellos y rezando como ellos».