La parroquia que usa la imaginación para atraer a niños y a matrimonios - Alfa y Omega

La parroquia que usa la imaginación para atraer a niños y a matrimonios

San Andrés es una de las parroquias con más solera de la ciudad, debido a su relación con san Isidro. En un barrio muy envejecido en los últimos años, los grupos de niños y de matrimonios están completos

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
El exterior de San Andrés.
El exterior de San Andrés. Foto: Wikimedia Commons / Mariusz Z.

En los tiempos en los que Madrid era poco más que un pueblo, había en un cerro de lo que hoy es el centro de la capital una pequeña mezquita. Ese primer templo dio lugar después a una primitiva parroquia mozárabe, una de las diez que recogió en su censo el rey Alfonso VI cuando la Reconquista llegó a la villa, allá por el año 1085. Ese lugar es hoy San Andrés, una de las parroquias más emblemáticas de la diócesis. 

La identidad de la parroquia se reforzó durante siglos gracias a san Isidro, que aquí fue bautizado, aquí venía a Misa y aquí recibió cristiana sepultura. Quizá por tan antigua vinculación, muchos años más tarde, durante la Guerra Civil y la persecución religiosa, la iglesia estuvo en el punto de mira de muchos, que lograron incendiarla el 19 de julio de 1936. «Quedó totalmente devastada, pero en los últimos años hemos hecho una obra inmensa de reestructuración integral, de suelo a techo, incluidas las fachadas», dice Juan Francisco Morán, el párroco actual. 

El interior de San Andrés.
El interior de San Andrés. Foto: Wikimedia Commons / Kent Wang.

Hoy San Andrés es una de las parroquias con más solera de la diócesis. Durante la posguerra vino un aluvión de inmigrantes procedentes de las dos Castillas, que «se trajeron en la maleta todo su bagaje religioso. De hecho, la Acción Católica fue muy fuerte aquí en esas décadas», dice Morán.  

En un barrio cada vez más marcado por el envejecimiento, poco a poco han llegado a la zona algunas familias más jóvenes, de un poder adquisitivo más bien elevado, que se disputan las viviendas con los pisos turísticos que abundan en el centro de Madrid y también con los artistas que mantienen en la zona su identidad más bohemia. En este contexto en cambio, «los mayores siguen siendo los más religiosos», explica el párroco, que al mismo tiempo identifica la soledad no deseada como el principal desafío de sus feligreses. 

El grupo de montaña en una de sus salidas.
El grupo de montaña en una de sus salidas. Foto: Parroquia San Andrés.

Ante todo ello, «tratamos de mostrar en San Andrés el rostro de una iglesia abierta, en contraste con la frialdad ambiental del centro de la ciudad», dice el sacerdote. Por este motivo, la parroquia es una presencia imprescindible en el barrio en cuanto a la atención social: «en San Andrés atendemos a más de 50 familias, el 60 % inmigrantes, y también a muchas personas en situación de calle. Hacemos un acompañamiento discreto: les ayudamos a regularizar su situación, ofrecemos empleo en domicilios, o damos apoyo escolar a los hijos, por ejemplo», cuenta. 

Los niños y las familias son, precisamente, los destinatarios de una labor preferente para la que se valen de imaginación. A pesar del descenso de la natalidad, más acusado en el centro de la gran ciudad, los grupos de iniciación cristiana están cubiertos en San Andrés. Uno de los motivos es la Misa de niños, en la que los sacerdotes se valen de imágenes y vídeos que consiguen atraerlos a la iglesia cada domingo. Gracias precisamente a este cuidado con los más pequeños está naciendo en la parroquia un esperanzador grupo de jóvenes. Algunos forman parte de un simpático grupo de montaña que disfruta una vez al mes de la naturaleza. 

Algunos niños reciben en la parroquia clases de apoyo escolar.
Algunos niños reciben en la parroquia clases de apoyo escolar. Foto: Parroquia San Andrés.

En cuanto a los matrimonios, esta pastoral es uno de los puntos fuertes de San Andrés. Hay cuatro grupos de acompañamiento que suman entre todos más de 100 parejas, desde recién casadas a otras con varias décadas ya de vida en común. Muchas de ellas han salido de un cursillo prematrimonial muy particular: «No lo hacemos en grupo, sino que tenemos con los novios un acompañamiento personalizado —explica Juan Francisco Morán—. Estar con ellos de esta manera permite que luego quieran integrarse en la parroquia, donde se sienten a gusto y acompañados».